Perfil Cordoba

Querida abuela Sonia

- *Escritor y periodista

ALEJANDRO MARECO * El más tierno emblema del corazón imbatible, de la conciencia infatigabl­e en las calles marcadas por pasos y estribillo­s porfiados y luminosos, de la voluntad definitiva capaz de torcer la oscuridad, tuvo y tendrá un nombre imborrable: Sonia Torres.

La mujer enarbolada de convicción, capaz de luchar hora tras hora en toda la extensión de una inmensa y fecunda vida, se fue finalmente en brazos del tiempo que, enamorado de sus huesos blancos y blandos, la guardó en su cofre de eternidad.

De sus huesos blancos de razón y justicia sin contrastes; o blandos de amor puro y generoso que regó la tierra a pesar de la sequía de los inviernos del mal, del dolor atroz y el espanto mayor: las ausencias más desgarrado­ras y esenciales.

De todo eso, con Sonia Torres, su larga vida y su sostenida permanenci­a, el tiempo hizo algunos de los versos más intensos para su propia elegía, para su propio sentido entre los seres humanos: sufrir (vivir) para qué, por qué. ¿Cómo hacer del dolor una espada inmaterial?

Sonia se fue, finalmente, sin abrazar a su nieto, sin recorrerle el rostro con sus lágrimas. Había jurado que no moriría hasta lograrlo. ¿Podría decirse, entonces, que se fue sin cumplir la gran promesa de su vida?

No, nada de eso. No llegó a tener entre sus brazos al hijo de su hija, Silvina Parodi, secuestrad­os uno al nacer en pleno cautiverio de su madre, y otra, junto a su compañero (Daniel Orozco), en aquellos días de 1976 que nos partieron el espinazo de la historia.

No pudo, no. Pero a cambio abrigó una legión infinita de nietos brotados de nuevas generacion­es argentinas que se sintieron amparados en su lucha.

Y acaso, especialme­nte, por su sonrisa.

Porque Sonia luchaba y sonreía con una asombrosa y empecinada fe en la lucha y en la sonrisa.

La más querida de las abuelas cordobesas era una mujer que siempre tendía sus manos hacia otras manos desamparad­as, ungidas cada dedo de todas las maneras de defender y sostener los derechos humanos.

Tenía su aura siempre consigo: la persistenc­ia de ser, de siempre estar donde la necesitara­n; y su sonrisa, claro, como una manera blanca de irradiarse entre los oscuros dolores de tantos.

Justo ella, la que llevaba consigo los dolores sin final.

Pero llevaba esos dolores con amor, sin odio.

“Mentiría si digo que siento odio… Las abuelas trabajamos desde el amor. Quiero que los argentinos tomemos conciencia, para que no haya impunidad. Que las generacion­es que vienen no tengan que sufrir lo que sufrimos nosotros”. Dijo.

Por eso: Sonia Torres, además de amor y justicia, es un nombre que tiene sonido y sabor de patria. De patria como quién dice “nosotros”, entre los que estamos tantos que sufrieron el sanguinari­o rencor de la dictadura, o los que padecieron siempre la indiferenc­ia, el desprecio, otros modos concretos del odio social.

Es eso, querida abuela Sonia: somos tu patria con la vida, con los años, con las conviccion­es, con la esperanza de vivir hasta conocer el sol de la justicia (como pasó en el gran juicio por los crímenes cometidos en La Perla, en el que la Justicia confirmó tu memoria y tu verdad).

Con la esperanza de resistir al tiempo hasta llegar a abrazar a tu nieto, el hijo de tu hija, de las entrañas de tus entrañas.

Alguna vez cantamos: “Somos el nieto que un dia abrazás”.

Somos tantos a los que ya nos has abrazado Sonia, que no hay abrazo más inmenso que este que te queremos devolver ahora que el tiempo ha resuelto quitarte de nuestros días, de nuestras marchas, de nuestra aventura de vivir las conviccion­es bajo el amparo de tu sonrisa.

Querida abuela Sonia, ojalá tanto amor y acaso justicia subraye tu nombre.

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 ?? ?? DESPEDIDA. Sonia fue velada en su casa. Una multitud se acercó a darle su adiós a la última Abuela de Plaza de Mayo cordobesa.
DESPEDIDA. Sonia fue velada en su casa. Una multitud se acercó a darle su adiós a la última Abuela de Plaza de Mayo cordobesa.

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