Ha­ce 13 años fue abu­sa­da por su papá pe­ro el ca­so no lle­ga a jui­cio

La víc­ti­ma te­nía tres años cuan­do fue ata­ca­da de­lan­te de su her­mano. es la úni­ca me­nor del país que tie­ne bo­tón an­ti­pá­ni­co.

Perfil (Domingo) - - POLICIALES - CE­CI­LIA DI LODOVICO

“Yo fui una víc­ti­ma de abu­so, pe­ro la reali­dad es que no me sien­to una víc­ti­ma. Soy una per­so­na que es­tá pi­dien­do que el res­pon­sa­ble pa­gue”. A sus 16 años, Ta­tia­na Wat­son se plan­tó fren­te a su ma­má, Na­ta­lia Scalzo, y le pi­dió te­ner una par­ti­ci­pa­ción más ac­ti­va en la cau­sa con­tra su padre: Ma­tías Mi­lano, el hom­bre que fue cap­tu­ra­do por In­ter­pol en Pun­ta del Es­te, en fe­bre­ro de es­te año y que, pe­se a ha­ber si­do de­nun­cia­do ha­ce 13 años, su ca­so aún no lle­gó a jui­cio. La de­ci­sión de Ta­tia­na – acom­pa­ña­da por su her­mano Fa­bri­cio, tes­ti­go de los ata­ques– fue mo­ti­va­da por el tras­la­do de Mi­lano, des­de el pe­nal de Mel­chor Romero a una clí­ni­ca pa­ra el tra­ta­mien­to de adic­cio­nes en Pilar, pe­se a que el lu­gar no con­ta­ba con re­qui­si­tos de se­gu­ri­dad ni las con­di­cio­nes pa­ra el fun­cio­na­mien­to de la to­bi­lle­ra elec­tró­ni­ca de mo­ni­to­reo.

La Cá­ma­ra de Ape­la­cio­nes de­cla­ró nu­la la me­di­da to­ma­da por el juez de Ga­ran­tías Ale­jan­dro La­go, que se­rá de­nun­cia­do por la abo­ga­da Analía Fan­gano por mal de­sem­pe­ño e in­cum­pli­mien­to de los de­be­res de fun­cio­na­rio público. Mi­lano re­gre­só a pri­sión, pe­ro el jui­cio to­da­vía es una in­cóg­ni­ta. Mien­tras tan­to, Ta­tia­na de­be lle­var con­si­go un bo­tón an­ti­pá­ni­co. Es la úni­ca me­nor en Ar­gen­ti­na que de­be usar­lo.

—¿Có­mo fue­ron es­tos años? TA­TIA­NA:

Ha­ce años que es­ta­mos es­pe­ran­do el jui­cio y nun­ca lle­ga. Por eso va­mos a de­nun­ciar a to­dos los fis­ca­les y jue­ces que in­ter­vi­nie­ron en la cau­sa. Tu­vi­mos que lu­char, pri­me­ro, pa­ra que nos crean. De­cían que no­so­tros men­tía­mos, que mi ma­má era una lo­ca y que nos ha­bía lle­na­do la cabeza. A mí más que na­da, y yo te­nía tres años cuan­do pa­só. Si te lo es­tá con­tan­do una ne­na de tres años, es por­que es así. El de­ta­lle no lo pue­do dar, pe­ro sí te pue­do ha­blar de sen­sa­cio­nes de an­gus­tia que me aga­rran de la na­da por co­sas que me ha­cen acor­dar a él. Hu­bo una épo­ca en la que yo so­ña­ba to­dos los días con él, es­tu­ve muy mal.

La de­fen­sa de Ma­tías nos que­ría ma­rear con

FA­BRI­CIO:

Ma­tías Mi­lano (38) es acu­sa­do por “abu­so se­xual agra­va­do por el víncu­lo” y “co­rrup­ción de me­no­res”.

Los ata­ques ocu­rrie­ron ha­ce 13 años, cuan­do Ta­tia­na te­nía tres años y su her­mano Fa­bri­cio, sie­te.

Mi­lano fue cap­tu­ra­do en fe­bre­ro de es­te año en Pun­ta del Es­te, don­de las fe­chas y usar­lo co­mo ar­gu­men­to, uno cuan­do es tan chi­qui­to no tie­ne re­gis­tro tan exac­to. El mo­men­to de la Cá­ma­ra Ges­sell fue muy di­fí­cil.

—¿Les re­sul­tó una ex­pe­rien­cia trau­má­ti­ca?

T.:

Nos so­bre­pro­te­gie­ron qui­zás. Ha­ce po­co ha­blé con mi ma­má por­que que­ría te­ner una par­te más ac­ti­va en to­do lo que es es­to. Yo en­tien­do que mi ma­má siem­pre es­tu­vo pa­ra no­so­tros, pe­ro ya ten­go 16 años y me sien­to ex­clui­da del te­ma. La reali­dad es que a mí me sa­len he­ma­to­mas en la piel, es un te­ma aními­co. Pe­ro es­ta­mos más gran­des y es al­go que vi­vi­mos no­so­tros, es­tá bien que mi ma­má nos ha­ya ayu­da­do to­do es­te tiem­po pe­ro tam­bién es nues­tra pe­lea, no so­lo de ella.

Es que los 13 años fue­ron así. Era pe­di­do de cap­tu­ra y de re­pen­te, él pró­fu­go, na­die lo en­con­tra­ba. To­do siem­pre era error tras error. Un mon­tón de fis­ca­les apa­ñan­do el te­ma, en­ton­ces, jus­ta­men­te aho­ra es­ta­mos pa­ra de­cir bas­ta.

F.:

—¿Qué sen­ti­mien­tos atra­ve­sa­ron du­ran­te es­tos años?

T.:

Mie­do. Ten­go sue­ños de al­go que me ge­ne­ra mu­cho mie­do: ten­go la ima­gen de que me vie­ne a aga­rrar él o que le va a ha­cer al­go a mi familia.

A mí se me acer­ca­ron a tra­vés de re­des men­sa­jes en los que me tra­tan co­mo men­ti­ro­so a mí, pe­ro yo sé lo que vi­ví. No ha­ce fal­ta que na­die nos ven­ga a de­cir na­da. Tam­bién men­sa­jes co­mo “cui­dá a tu her­ma­na”, “te amo, papá”. Es­tos años fue eso: es­tar es­pe­ran­do que se ha­ga el jui­cio. Fue to­da nues­tra in­fan­cia siem­pre con lo mis­mo. Al fi­nal, siem­pre que­da li­bre.

Nos cui­da­ron mu­cho, pe­ro lle­gó un mo­men­to en que es­pe­rar que la Jus­ti­cia ac­túe bien, no sir­ve. Hay que ha­cer qui­lom­bo. Que­re­mos que lle­gue a un fin, no pue­den se­guir pa­san­do los años. No es jus­to, que­re­mos jus­ti­cia.

F.: F.:

el ca­so

con­vi­vía con una mu­jer.

Fue en­ce­rra­do en Mel­chor Romero y lue­go con­si­guió ser tras­la­da­do a una clí­ni­ca de reha­bi­li­ta­ción sin mo­ni­to­reo.

La Jus­ti­cia re­vi­só la me­di­da y re­gre­só a pri­sión. El jui­cio con­ti­núa sin fe­cha.

JUAN OBREGON

HER­MA­NOS. Fa­bri­cio y Ta­tia­na pi­den que su padre sea juz­ga­do.

PRE­SO. Ma­tías Mi­lano es­tá de­te­ni­do en Mel­chor Romero.

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