Perfil (Sabado)

¿Qué pasó el 26 de mayo?

- PACHO O’DONNELL*

La historia ha cristaliza­do la celebració­n del 25 de mayo como la fecha inaugural de lo que sería la Argentina. Pero los acontecimi­entos del día siguiente muestran que la independen­cia no era aún una aspiración de los criollos.

Concluidas las jornadas del 25 con la designació­n de una junta de gobierno que presidía Cornelio Saavedra por ser el jefe militar de mayor poder en Buenos Aires, en clara prevención de que lo que sucedería era la violencia armada en contra de los defensores interiores y exteriores del rey de España, al día siguiente se generó una proclama a cargo de “la Junta Provisiona­l Gubernativ­a de la Capital del Río de la Plata dirigida a los Habitantes de Ella y de las Provincias de su Superior Mando”:

“Tenéis ya establecid­a la Autoridad que remueve la incertidum­bre de las opiniones, y calma todos los recelos. Las aclamacion­es generales manifiesta­n vuestra decidida voluntad; y solo ella ha podido resolver nuestra timidez al encargarno­s del grave empeño a que nos sujeta el honor de la elección. Fijad pues vuestra confianza, y aseguraos de nuestras intencione­s. Un deseo eficaz, un celo activo y una contracció­n viva y asidua a proveer por todos los medios posibles la conservaci­ón de nuestra Religión Santa, la observanci­a de las Leyes que nos rigen, la común prosperida­d, y el sostén de estas Posesiones en la más constante fidelidad y adhesión a nuestro muy amado Rey y Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores en la corona de España: ¿No son estos vuestros sentimient­os? Esos mismos son los grandes objetos de nuestros conatos. Reposad en nuestro desvelo y fatigas; dejad a nuestro cuidado todo lo que en la causa pública dependa de nuestras facultades y arbitrios, y entregaos a la más estrecha unión y conformida­d recíproca en la tierna efusión de estos afectos. Llevad a las Provincias todas de nuestra Dependenci­a, y aun más allá, si puede ser, hasta los últimos términos de la tierra, la persuasión del ejemplo de vuestra cordialida­d, y del verdadero interés con que todos debemos cooperar a la consolidac­ión de esta importante obra. Ella afianzará de un modo estable la tranquilid­ad y bien general a que aspiramos. Real Fortaleza de Buenos-Ayres á 26 de Mayo de 1810”. Firmaban Saavedra, presidente; Castelli, Belgrano, Azcuénaga, Larrea, Paso y Moreno, los dos últimos como secretario­s.

Como puede leerse, nada de independen­cia de España. Por el contrario, se reafirma “la más constante adhesión y fidelidad a nuestro muy amado Rey y Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores en la corona de España”.

Es que Mayo, en un principio, fue la alianza estratégic­a de criollos ambiciosos que no toleraban las limitacion­es que se les imponían a los cargos de poder en la administra­ción y en el ejército por no ser españoles, sumados a comerciant­es españoles que deseaban romper la exclusivid­ad del comercio con España, una potencia en ruinas, y abrirse, con el pretexto de consagrar el libre comercio al que se oponía Cisneros, a hacerlo con Inglaterra. Por algo integraban la Junta representa­ntes del poder comercial en el Río de la Plata, como eran Juan Larrea y Domingo Matheu, que respondían al verdadero líder de dicho sector social y económico, Martín de Alzaga, héroe de las Invasiones Inglesas. Algunos historiado­res afirman que Moreno, pese a ser criollo, en un principio también pertenecía a este grupo como abogado de intereses británicos.

Es también de recalcar en la Proclama la referencia a las provincias, en línea con lo afirmado en el debate del 22 por el fiscal Villota, quien quitó va-

lor a dicha asamblea por no estar representa­das las provincias, a lo que Paso contestó que Buenos Aires asumía el rol de “hermana mayor”. Así quedó en las conclusion­es del 25, en el Apartado X: “Que los referidos SS despachen sin pérdida de tiempo órdenes circulares a los Jefes de lo interior y demás a quienes correspond­e, encargándo­les muy estrechame­nte bajo de responsabi­lidad, hagan que los respectivo­s Cabildos de cada uno convoquen por medio de esquelas a la parte principal y más sana del vecindario, para que formando un congreso de solos los que en aquella forma hubiesen sido llamados elijan sus representa­ntes y estos hayan de reunirse á la mayor brevedad en esta Capital”.

Puede leerse en el texto al referirse a las provincias que se las considera “todas de nuestra dependenci­a”, la primera afirmación de hegemonía porteña sobre aquellas en tiempos autónomos.

El 27 la Junta vuelve sobre el tema: “Asimismo importa que V. quede entendido que los diputados han de irse incorporan­do en esta junta, conforme y por el orden de su llegada á la Capital, para que así se hagan de la parte de confianza pública que conviene al mejor servicio del rey y gobierno de los pueblos, imponiéndo­se con cuanta anticipaci­ón conviene a la formación de la general de los graves

asun- tos que tocan al gobierno. Por lo mismo, se habrá de acelerar el envío de diputados, entendiend­o deber ser uno por cada ciudad ó villa de las provincias, consideran­do que la ambición de los extranjero­s puede excitarse a aprovechar la dilación en la reunión para defraudar á Su Majestad los legítimos derechos que se trata de preservar.

La llegada de los delegados provincial­es significar­ía un cambio radical en la política de la Junta ya que hasta entonces era Mariano Moreno quien dominaba las votaciones y decisiones de la Junta original pero dicho poder fue desvanecié­ndose a medida que se fueron incorporan­do los provin- cianos, constituye­ndo la Junta Grande, que favoreció a Saavedra. Luego vendrían la renuncia y muerte de Moreno, la insurre-cción de Liniers, el envío del ejército al norte para enfrentar al realista que bajaba de Lima, etc. ¿Qué sucedió con la alianza estratégic­a con los comerciant­es españoles liderados por Alzaga, que nada querían saber con el espíritu independen­tista que iba creciendo en los insurrecto­s del Río de la Plata?

Las previsible­s tensiones internas fueron en aumento hasta que el 1º de julio de 1812, el gobierno descubrió –o simuló descubrir– una conspiraci­ón de españoles contra el Primer Triunvirat­o de Pueyrredón, Chiclana y Sarratea. Durante las investigac­iones, el poderoso secretario del Triunvirat­o, Bernardino Rivadavia, basado en pruebas y confesione­s extremadam­ente sospechosa­s, extendió la acusación a Alzaga y a un extenso grupo de partidario­s. Nunca se supo la identidad del único testigo, se dijo que era un esclavo, y los acusados fueron condenados a muerte. En total, fueron ejecutadas más de treinta personas, incluidos jefes militares, frailes y comerciant­es, cuyos bienes fueron expropiado­s. Entre ellos Alzaga, fusilado y colgado el 6 de julio de 1812 en la Plaza de la Victoria, hoy Plaza de Mayo. Los cuerpos de los supuestos conspirado­res fueron exhibidos públicamen­te durante tres días, para ejemplo disuasorio de quienes deseasen levantarse en contra del gobierno revolucion­ario.

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FOTOS: CEDOC PERFIL Su presencia garantizab­a la adhesión del principal poder militar de Buenos Aires. SAAVEDRA.
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SIGNATARIO­S. Tanto Manuel Belgrano como Juan José Castelli firmaron la proclama del 26 de mayo.

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