Perfil (Sabado)

Y TODAVIA FALTA EL NEGRO DEL WHATSAPP

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Sé que es difícil salir de la calentura que significa la derrota contra Croacia. Sé que ahora es vista como el principal motivo de la posible eliminació­n argentina. Sé que nos parece uno de los momentos más humillante­s sufridos por una Selección en la historia de los Mundiales. Pero, ¿realmente es así? ¿Tenemos que sorprender­nos por una derrota contra Croacia? Hay muchos motivos que suman a la desazón. En primer lugar, el error de Wilfredo Caballero. Un arquero que no venía siendo titular en su club, el Chelsea inglés. Que, además, es un arquero que casi no jugó en el país, pues si bien surgió de Boca, siempre fue suplente de Roberto Abbondanzi­eri. Que tampoco jugó mucho en la Selección, a pesar de haber hecho una muy buena carrera en clubes extranjero­s y de haber pasado 14 temporadas en Europa. ¿Por qué jugó Caballero entonces? ¿Por qué no probar con Franco Armani, un arquero al que vemos cada domingo en el fútbol argentino y sabemos de qué es capaz de hacer y de qué no? Tal vez haya sido la fascinació­n por lo que viene de afuera. No digo con esto que haya que adherir a la teoría carusolomb­ardista de convocar solo a jugadores del fútbol local. Pero en este caso parecía algo lógico que juegue Armani. Caballero tiene además un curioso vínculo con la actualidad política y social argentina: hace unos días se declaró contrario a la legalizaci­ón del aborto. “Soy un católico muy creyente y estoy en contra”, declaró desde Rusia. O sea, el tipo declaró ser “defensor de las dos vidas”, pero en Rusia le costó mucho defender los tres palos. Luego del partido contra Croacia, el periodista Gastón Recondo, también un declarado militante antiaborti­sta, criticó duramente la actuación del arquero argentino. Se desconoce si estas críticas forman parte de una pelea interna entre quienes se oponen a la legalizaci­ón del aborto. Una legalizaci­ón del aborto que ahora entra en el Senado. Digo, para recordar cuál es el partido realmente importante que se estaría jugando hoy en la Argentina. Otro motivo para hacer más dura la derrota es la intrascend­ente actuación de Lionel Messi. Nunca, pero nunca, Messi había estado tan ausente en un partido. Ni en la Selección ni en el Barcelona. Argentina necesitaba que Messi se vistiera de héroe. Y Messi decidió vestirse de Biglia. Insólito. Por último, está el resultado. Una goleada contundent­e como para dejar en estado de humillació­n a cualquiera. Y más a un equipo que tiene a Messi con la número 10. Pero atención, porque si se analiza las cosas seriamente, veremos que el empate contra Islandia fue más vergonzoso que la derrota contra Croacia. Empecemos por la 10. Argentina tiene a Messi, un fuera de serie total. Pero Croacia lo tiene a Luka Modric. Que no será Messi, pero es uno de los pilares del Real Madrid tricampeón de Europa. Y contra Argentina jugó un partido monumental. El capitán Croata, junto con Iván Rakitic (compañero de Messi en el Barça) e Iván Perisic (del Inter de Milán) integran un mediocampo fenomenal. Y no digo mucho más poderoso que el argentino porque eso no quiere decir nada. ¿Quiénes eran los mediocampi­stas de Islandia? ¿Björk? ¿Ragnar Lodbrok? Luego del empate con Argentina nos entera mos varias cosas de la Selección de Islandia. Por ejemplo, que el técnico es un dentista. Y que el arquero que le atajó el penal a Messi es cineasta. Si, tal como viene la Selección, hasta Pino Solanas es capaz de atajarle un penal al mejor jugador del Mundo. Perdón, a Messi. Porque es bueno aclarar que el mejor del Mundo, hoy, juega en Portugal. No es lo mismo Modric, Rakitic, Perisic y arriba Mandzukic (el gran delantero de la Juventus) que un mediocampo formado por un verdulero, un remisero y un plomero, con un empleado de la AFIP como único punta. Claro, contra Islandia no fue derrota, entonces no pareció tan grave. Pero deberíamos ser realistas. Las dos primeras fechas mundialist­as nos humillaron a los argentinos. La prueba más elocuente fue que el viernes al mediodía todos seguimos atentament­e un partido espantoso como Nigeria-Islandia como si fuera una final. Y gritamos los goles de Nigeria como si fueran argentinos. Nada más bochornoso que eso. El futuro está complicado. Mientras hacemos cuentas y por las dudas les prendemos velas a nuestros verdugos balcánicos, vemos hacia delante y nada puede ser peor. Imaginemos: si ya nos complicaro­n la vida once vikingos ignotos, no quiero ni pensar qué pueden ser capaces de hacernos once Negros del Whatsapp.

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PABLO MARCHETTI

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