Perfil (Sabado)

“No puede dolarizar un país que no tiene dólares”

El ex viceminist­ro de Economía es uno de los defensores de la estrategia de anclar la política monetaria en la divisa norteameri­cana. Sin embargo, no cree que éste sea el momento para hacerlo.

- PABLO HELMAN

En nuestra región, Panamá, El Salvador y Ecuador son países que se manejan en dólares. El caso de Ecuador tiene resonancia­s particular­es en la Argentina, porque fue el propio Domingo Cavallo quien asesoró en el momento de que asumiera la moneda estadounid­ense como moneda local. ¿Por qué lo hicieron? Son economías pequeñas, muy abiertas al comercio internacio­nal en los que el tipo de cambio no tiene incidencia sobre los precios de la economía y en los que –esto es clave– no se ahorraba en la moneda local.

Aquí nos encontramo­s frente a una nueva clave: gran parte de los ahorros de los argentinos son en dólares. Pese a las distintas gestiones económicas que tuvimos, todos los argentinos que tienen la capacidad de ahorrar, parafrasea­ndo a algún ministro de la historia, apuestan al dólar (y la propia historia parece avalarlos). Además, gran parte de nuestros empresas también necesitan los dólares para remitir a sus casas centrales.

El dólar es una manera de preservar valor, un refugio. Y, también, en distintos momentos de la historia argentina, fue una hipótesis posible. En los últimos años, ante diversas crisis (y luego de algunas gestiones de las autoridade­s del Banco Central), la hipótesis dolarizado­ra reaparece. Y de hecho, como veremos a continuaci­ón, la experienci­a de la convertibi­lidad fue una forma tenue (no a la panameña) de dolarizaci­ón.

PERFIL habló con uno de los académicos más importante­s que defienden esta hipótesis, Carlos Rodríguez. Quien fuera viceminist­ro de Economía y titular de la Ucema cree que “no es momento para dolarizar ahora. Sería desaprovec­har una buena idea. Aquí hay que desarmar el gasto populista. Y ésta es una decisión de políticos. No de economista­s”.

Una escalera al dólar. Rodríguez dice “habitualme­nte, la gente se confunde en este sentido. Por eso es importante dar algunos conceptos sobre política monetaria. Ahí está la clave. Dolarizar no consiste en decir, usamos dólares y ya está. Porque no podemos. Y hay que entender por qué no podemos. Las políticas de dolarizaci­ón son como una escalera. La más suave es el tipo de cambio fijo. Uno emite pesos de acuerdo a las reservas a partir de un cambio fijo. Lo que sería plantarse hoy en $ 30. Dice: “con las reservas que tengo, compraré y venderé dólares a ese precio. Compro y vendo. Lo que ha sucedido a lo largo de la historia es que las reservas son menores que la base monetaria (los pasivos en pesos que tiene el Banco Central). Esos pasivos son los billetes que tiene la gente y los encajes de los bancos. No hay teoría que te diga cuáles son las reservas necesarias para sostener un tipo de cambio”.

Para el economista, “hoy en día, a $ 30, las reservas serían un poco más que la base monetaria. Pero normalment­e son menos. En general, la

base monetaria crece. Y el Gobierno empieza a emitir y emitir y termina siendo superior a la base monetaria. Así, se producen las devaluacio­nes periódicas. Esto fue hasta hoy el precio fijo del dólar”.

¿Argendólar­es? Argentina vivió su propia experienci­a cuasi do la rizadora con la convertibi­lidad. Rodríguez la explica de la siguiente manera: “un tipo de cambio fijo, con restricció­n por ley, figura en la carta orgánica del Banco Central que las reservas tienen que ser iguales a la base monetaria. Así, el Gobierno no puede emitir para aumentar su base y de esta manera no puede haber una corrida que te obligue a devaluar. En ese caso, era uno a uno. Pero puede ser treinta a uno, el concepto no cambia. Y las reservas sostienen la base monetaria”.

Como hoy estamos en un contexto así, quizás pueda pensarse que una convertibi­lidad sería una estrategia posible. Pero la convertibi­lidad fracasó. Más allá de la memoria de cada cual sobre lo que sucedió en el 2001, desde una mirada económica clásica, Rodríguez describe que “fracasó por un tema que tiene ver con la técnica bancaria. ¿Qué pasa? La base monetaria está formada por los circulante­s y los encajes. Cuando alguien deposita $ 100 en un banco y vos le decís que son dólares, argendólar­es. Ese banco, $ 20 los pone en encaje y $ 80 los presta. Como es Argentina, el banco los presta nuevamente y vuelven. Con lo cual, ya no tenés $ 80, sino $ 180 de depósitos. De esos $ 80, nuevamente, sacan el 20% y así. Y en algún momento, para hacerla corta. Los $ 100 de encaje generaron $ 500. Es lo que se llama el dinero bancario. Eso sucede cuando hay encajes fragmentar­ios. Es lo que se llama M2, vendría ser el circulante, más los cheques, más los medios de pago de la sociedad, las cajas de ahorro. Este conjunto es mucho más que la base monetaria. Y fue mucho más durante la era de la convertibi­lidad. Lo que sucedió durante la convertibi­lidad fue que la gente se asustó por el tema del déficit y le pidió sus dólares. La sociedad pidió el M2, no la base moneraria. Y así fue como se llegó al corralito. Es riesgoso hacer una convertibi­lidad si no se tienen reservas como para cubrir el M2”.

Dolarizar fuera de los Esta

dos Unidos. Para un proceso de dolarizaci­ón sin tener la posibilida­d de emitir esa moneda, aparece la dificultad de no contar con el recurso extremo de actuar ante determinad­as situacione­s críticas, como por ejemplo la crisis de las hipotecas de la década anterior. Rodríguez habla de “ser un prestamist­a de última instancia, como en la corrida de 2008. Allí los bancos tienen que salir a liquidar créditos, que tenían carteras hipotecari­as podridas, como se habló en ese entonces la Reserva emitió dólares y los recuperó. Ahora los está recuperand­o. Estados Unidos puede hacer más cosas, porque son los que “fabrican los dólares”.

Una dolarizaci­ón eficiente. Rodríguez explica que “si querés hacerlo de manera eficaz, tenés que tener reservas para cubrir esas corridas, para cubrir el M2. O tener un acuerdo con los Estados Unidos para que sean tus prestamist­as de última instancia. Eso no sucede en ningún lugar en el mundo. Panamá tiene una convertibi­lidad particular porque su Banco Central no emite dinero, sino que administra la actividad bancaria. No emite billetes. Esto comenzó en la época del canal. Los bancos te dan los dólares que consiguen a través del comercio exterior. Es una convertibi­lidad muy perfeccion­ada”.

Nuestro contexto es, o se- ría, muy diferente, porque los billetes de pesos seguirían existiendo. Aquí llegamos al tercer escenario. “Suponete que querés hacer una convertibi­lidad con billetes de dólares. Es complicado. Es cierto que la gente no quiere pesos, que quiere dólares. Pero surgen problemas similares a los que describimo­s. La gente va a creer que tiene US$ 500, pero las reservas serán US$ 100. No funcionarí­a si no tenés el M2 que hablamos. No puede dolarizar el que no tiene dólares. Estados Unidos tiene su propia casa de la moneda. Si queremos tener un sistema monetario basado en dólares, es preciso tenerlos previament­e. El problema es de dónde los sacás”.

Aquí surge un tema de gestión monetaria: “si el Gobierno se chupa esos dólares a través de bonos, no se pueden tener los dólares. Ahí revienta todo de nuevo. Pero para empezar, tenés que tener los dólares necesarios para comprar todo el M2”, explica Rodríguez.

Hoy por hoy existirían esas reservas, pero “están compuestas por cosas raras, como los swaps chinos”, explica Rodríguez. Calcula que “si el tipo de cambio fuera $ 40, podríamos hacer una convertibi­lidad perfecta. Sería un poquito más de licuación. Ya estamos a $ 30. Pero no es gratis”.

¿Qué pasaría entonces? “En el cálculo anterior, no te incluí a los plazos fijos. El plazo fijo debería estar dentro de los bancos de inversión. Porque si la gente cree que solo depende del interés, que si das $ 100 vas a tener $ 145 durante un año, por ejemplo, en dólares fijos, eso es una actividad monetaria”.

En cambio, si vos hacés una inversión, que ganes o no, depende de las acciones que hayas comprado. Y si vos ponés la plata en un fondo de inversión, vos comprás cuotaparte­s. Para la convertibi­lidad vos debés tenerla sobre los medios de pago. Necesitás por ejemplo que haya una ley que los préstamos bancarios seran para inversión”.

"Un primer paso hacia la dolarizaci­ón sería tener un tipo de cambio fijo. Uno más sería la convertibi­lidad como con Cavallo"

"Si el tipo de cambio fuera $ 40 podríamos tener una convertibi­lidad perfecta. No estamos lejos de ese escenario"

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CEDOC PERFIL NA TEMOR. Para Rodríguez la posibilida­d de que sea viable la economía argentina depende de eliminar el "gasto populista".
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ECONOMISTA. Carlos Rodríguez.
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