Perfil (Sabado)

Una decisión clave

- *Presidente del Copenhagen Consensus Center y visiting fellow en Hoover Institutio­n de la Universida­d de Stanford. BJORN LOMBORG*

La vacunación es una de las verdaderas maravillas de la humanidad, ya que ha salvado más vidas que ningún otro invento médico y ha permitido controlar enfermedad­es que antes proliferab­an sin control. Sin embargo, a menudo no apreciamos hasta qué punto han cambiado la vida humana para mejor.

A principios del siglo pasado, las enfermedad­es infecciosa­s causaban más de un tercio de todas las muertes en Estados Unidos, matando a una mayor proporción de personas que el cáncer y las cardiopatí­as en la actualidad. Hoy en día, las vacunas han hecho que enfermedad­es comunes como la difteria, la fiebre tifoidea, el sarampión y la tosferina estén prácticame­nte extinguida­s. Durante el siglo XX, enfermaban a más de un millón de estadounid­enses al año.

Este panorama es aún más dramático si nos fijamos en las zonas más pobres del mundo. La viruela fue una de las enfermedad­es infecciosa­s más graves, que mató indiscrimi­nadamente durante milenios, antes de ser finalmente erradicada, en 1977, gracias a una vacuna. Mató a unos 300 millones de personas a lo largo del siglo XX.

Se calcula que las vacunacion­es mundiales actuales (sin tener en cuenta la de la viruela, ya que la enfermedad se erradicó hace mucho tiempo) salvan 3,8 millones de vidas cada año.

Aun así, cada año, millones de niños de las zonas más pobres del mundo siguen sin vacunarse. Esta situación se vio agravada por la pandemia de covid, que puso a prueba los sistemas de salud y provocó que 25 millones de niños se quedaran sin recibir alguna o todas sus vacunas en 2021. Fueron 5,9 millones más que en 2019 y la cifra más alta desde 2009. Incluso en Argentina, la tasa de vacunación disminuyó del 83% en 2019 al 76% en 2021. Es decir que 150 mil niños argentinos no fueron vacunados.

Lamentable­mente, la recesión, la inflación y muchos otros problemas mundiales nos hicieron perder de vista el enorme potencial que ofrecen las vacunas.

Líderes de todo el mundo prometiero­n en 2015 reducir drásticame­nte la mortalidad infantil para 2030 como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esto solo puede lograrse si conseguimo­s que las enfermedad­es prevenible­s mediante vacunación estén bajo control.

Lamentable­mente, hay demasiadas promesas diferentes en los ODS: 169 metas. Como los ODS prometen demasiado, no estamos logrando cumplir ninguna de las promesas. Este año marca la mitad del período de los ODS. En la trayectori­a actual (y sin incluir el retroceso durante el covid), alcanzarem­os la promesa de los ODS sobre vacunas con más de medio siglo de retraso.

Tenemos que identifica­r y priorizar nuestros objetivos más cruciales. Mi grupo de reflexión, el Consenso de Copenhague, junto con varios premios Nobel y más de cien destacados economista­s, han hecho exactament­e eso: identifica­r dónde puede tener mayor impacto cada peso argentino invertido.

Investigad­ores de la Universida­d Johns Hopkins y del Centro Internacio­nal de Acceso a Vacunas (IVAC) han documentad­o tanto los costos como los beneficios de aumentar la inversión mundial en vacunación. Si continuamo­s con nuestro nivel actual de gasto, seguiremos salvando 3,8 millones de vidas por enfermedad­es evitables de aquí a 2030.

Pero si aumentáram­os ligerament­e esa cobertura, las cosas mejorarían aún más. En los próximos ocho años, de 2023 a 2030, podríamos salvar 4,1 millones de vidas más.

A medida que ampliamos las campañas de vacunación a lugares de más difícil acceso y a familias que hasta ahora no han participad­o, los costos aumentan.

Sin embargo, el costo financiero adicional seguirá siendo relativame­nte modesto: 1.500 millones de dólares extra al año, junto con unos 200 millones de dólares en costos de tiempo adicionale­s. Salvar medio millón de vidas al año es una oportunida­d increíble.

Esto significa que cada dólar invertido generará 101 dólares de beneficios sociales. Conseguir una relación calidad-precio de 100 a 1 es un rendimient­o absolutame­nte fenomenal.

De los cientos de promesas que el mundo ha hecho en los ODS, la mayoría de las cuales nunca se cumplirán, unas pocas se destacan por su increíble eficacia. El aumento de la vacunación es claramente una de estas políticas. Si queremos lograr el máximo bien para el mundo, debemos dar un paso adelante y asegurarno­s de que se asignen recursos para aumentar la vacunación.

Muchos problemas nos hicieron perder de vista el potencial que ofrecen las vacunas

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