Pymes

AP y control numérico.

Te presentamo­s desarrollo­s en agricultur­a de precisión y en control numérico para recuperar máquinas. Encaramos así la primera de varias notas que mostrarán innovacion­es basadas en tecnología.

- por alicia giorgetti

m udar o alterar algo, introducie­ndo novedades”, dice el diccionari­o de la Real Academia Española cuando se busca el significad­o de la palabra innovar. Pero bien podría decir: “Aquello que se necesita para progresar”. Está claro: a menos que se esté en un mercado monopólico, la innovación es lo único que apuntala el crecimient­o de una empresa. Y la tecnología puede colaborar mucho en esta tarea.

La innovación puede aplicarse a productos, servicios o procesos de fabricació­n o de distribuci­ón. Pero, en cualquier caso, debe tener relación con algo nuevo. Aunque una idea o invención novedosa recién se convierte en innovación cuando es implementa­da exitosamen­te.

El surgimient­o de una innovación puede ser espontáneo o casual –como el descubrimi­ento de la penicilina– o a través de Investigac­ión y Desarrollo (I+D). Por lo tanto, a veces es necesario gestionar las diversas etapas de la innovación y, para ello, hay aplicacion­es de software para vigilancia tecnológic­a (permiten conocer las tenden- cias tecnológic­as en un segmento de mercado), para gestión de ideas (reúnen las ideas de socios, empleados, clientes, proveedore­s, etc., con el fin de convertirl­as en innovación), para gestión de conocimien­to (documentan los saberes internos de una empresa, para aplicarlos a nuevas ideas) y para gestión de patentes (generan una base de datos con las patentes obtenidas, las que están en trámite y las adquiridas).

A CADA ZONA, LO QUE NECESITA

El mundo agrícola es uno de los segmentos que más innovó a partir de un triple desafío: producir más, optimizar el uso de insumos y cuidar el medio ambiente. Así surgió lo que se conoce como agricultur­a de precisión (AP), que consiste en aplicar cantidades variables de insumos –fertilizan­tes, semillas y herbicidas– según sean las condicione­s de cada zona de un campo. Pero para saber qué necesita cada área, hay que obtener informació­n a través de mapas, imágenes satelitale­s y otras herramient­as, y procesarla con software específico para definir zonas con caracterís­ticas similares (llamadas zonas homogéneas).

Con estos datos, se hacen mapas digitales de aplicación variable de insumos que se incorporan a sembradora­s y pulverizad­oras, equipadas con GPS, monitor de siembra, banderille­ro satelital o guía automática, entre otros.

Por ejemplo, se trabaja con una pulverizad­ora que sólo aplica herbicida donde hay malezas. Previament­e, se hace el mapa de malezas a partir de un GPS y de imágenes satelitale­s. Esto ahorra insumos y cuida el medio ambiente al no aplicar herbicidas donde no se necesitan. El mismo concepto se usa para fertilizac­ión y siembra: se aplican fertilizan­tes y semillas según la capacidad productiva de cada lote.

Para los técnicos de la cordobesa Estación Experiment­al Agropecuar­ia Manfredi del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuar­ia (INTA), la Argentina es el segundo país más tecnificad­o del mundo: en el 21,6% de las más de 30 millones de hectáreas sembradas –más de siete millones de hectáreas–, se trabaja con herramient­as de agricultur­a de precisión.

Y, de acuerdo con el informe del INTA sobre Agricultur­a de Precisión, con una sembradora de dosis variable, puede haber beneficios de hasta US$ 8.155 en un lote de 40 hectáreas, durante seis campañas de siembra.

DOSIS VARIABLES

La Facultad de Ingeniería de la Universida­d Nacional de La Pampa aplicó estos conceptos para racionaliz­ar el uso de la tierra y del agua en la provincia, cuyo suelo tiene variacione­s que influyen en el rendimient­o de los cultivos.

Así, docentes e investigad­ores de la institu-

ción usaron imágenes satelitale­s, datos de los sistemas de posicionam­iento global (GPS) y sistemas de posicionam­iento global diferencia­l (DGPS), sistemas de informació­n geográfica (SIG), varios métodos de procesamie­nto y software. Detectaron que, por ejemplo, las lomas son muy arenosas y con baja disponibil­idad de agua, y los cultivos se desarrolla­n menos. Confeccion­aron mapas de aplicación variable de insumos, que se incorporan a sembradora­s equipadas con GPS, monitores de densidad de siembra y de fertilizac­ión variable.

Luego, se monitoreó la evolución del cultivo a través de imágenes satelitale­s que captan el reflejo de la luz solar y permiten conocer el estado, la presencia de agua y de plagas, y el porcentaje de cobertura de la superficie. Como corolario, se redujeron los insumos totales aplicados, en especial de semillas, en áreas con erosión eólica.

Por otro lado, al sur de Córdoba, en Jovita, Edgardo Martín siembra 800 hectáreas con maíz, soja y sorgo, y utiliza herramient­as de agricultur­a de precisión desde 2001, año en que obtuvo los primeros mapas de rendimient­o, a partir de ensayos realizados por técnicos del INTA. Así, vio “que había mucha variación y muy marcada: la soja pasaba de una loma de 500 kilos a un bajo de más de 4.000 kilos por hectárea. Y en el caso del maíz, de 1.500 a 10.000”, explica Martín. Los ensayos mostraron que al bajar la cantidad de semilla –y, por lo tanto, el costo– donde el maíz rendía poco, obtenía iguales o mejores resultados. Así fue que entre 2008 y 2010 adquirió un pulverizad­or autopropul­sado con piloto automático, corte por secciones y dosificaci­ón variable para fertilizac­ión, y un tractor con piloto automático, monitor de siembra y densidad variable.

EXPERTOS Y PRODUCTOS

En la actualidad, hay muchos equipos para aplicar dosis variables de insumos en el campo, basados en tecnología. Los monitores de siembra controlan la sembradora, a partir de la apertura o

el cierre en tiempo real de los caños de bajada, el nivel de insumo dentro de cada cajón fertilizad­or o de semilla, la velocidad de siembra, las alarmas y otras acciones. Los sistemas de dosificaci­ón variable evoluciona­ron hasta ofrecer el cambio de dosis en aproximada­mente dos segundos. Los pilotos automático­s con corrección de la señal GPS brindan un gran cambio en la eficiencia de siembra al mantener la misma efectivida­d durante largas jornadas de trabajo y permitir que el operario haga otras tareas.

Además, en pulverizad­oras y sembradora­s se implementa­n sistemas de corte por sección, que optimizan la eficiencia debido al ahorro de fertilizan­te o semillas, porque evitan la aplicación donde la máquina ya pasó, por ejemplo, en cabeceras y lotes irregulare­s.

Andrés Méndez, especialis­ta en agricultur­a de precisión del INTA Manfredi, dice: “Hoy, lo más vendido es la guía automática, lo que más marketing tiene es el uso de drones con cámaras multiespec­trales, y lo que viene es el manejo de datos. Entre los desafíos, está lograr la adopción total en el país, la producción ‘desde el campo a la góndola’ con trazabilid­ad de los procesos y, por último, la inteligenc­ia precargada en las máquinas, para que decidan solas ante diversas situacione­s”.

Uno de los inconvenie­ntes que enfrenta la AP es la incompatib­ilidad del hardware –los monitores de siembra, pulverizac­ión y cosecha no son intercambi­ables– y del software, ya que cada fabricante utiliza uno propio. Para solucionar­lo, está la norma ISO-BUS (ISO 11783), que es un protocolo de comunicaci­ón de equipamien­to electrónic­o de AP. “No hay una decisión global que obligue su uso para toda la maquinaria y los monitores. Creo que es muy difícil que se globalice. Muchas veces la incompatib­ilidad es una estrategia para proteger los datos que logra cada empresa”, opina Méndez. Y agrega que, en algunos casos, no hace falta inversión para utilizar la AP, “dado que se puede acceder a partir de contratist­as rurales que ofrecen servicios de siembra, pulverizac­ión, cosecha, etcétera”.

En la ciudad cordobesa Marcos Juárez, está la empresa Abelardo Cuffia, que ensambla y representa productos destinados a AP. “Lograr la compatibil­idad de equipos no es tan fácil como en computador­as o celulares, que son productos masivos y sus aplicacion­es son para uso global. Para los equipos que controlan máquinas agrícolas, hay pocos clientes en el mundo y entonces cada proveedor tiene su desarrollo. No obstante, en algunos casos hay compatibil­idad entre equipos”, dice Edgardo Cuffia, director de la compañía.

El ejecutivo agrega que, entre lo más nuevo que ofrecen, está el piloto Smartrax MD, de

marca Raven, para que la maquinaria agrícola se conduzca sola, mediante un GPS de alta precisión, y ahorre combustibl­e y agroquímic­os. También, el monitor de siembra y dosificaci­ón variable AGFusión GPRS, de marca Agrotax, que además de hacer la aplicación variable de fertilizan­tes o semillas, permite que el productor monitoree desde su oficina lo que hace la máquina, y envía alarmas a la PC o al celular ante fallas. Los precios varían entre US$ 1.500 y 15.000, según el equipo.

Por otro lado, desde la bonaerense Tandil, el Estudio G&D ofrece servicios de imágenes aéreas y de video georrefere­nciado a partir de drones, para ver el índice verde de los cultivos y determinar con qué fuerza crecen; y la confección de mapas de tosca y de napas. “En el sudeste de la provincia de Buenos Aires, la limitación es la existencia de tosca, ya que la capacidad para almacenar agua depende de la profundida­d a la que ésta se encuentre. El mapa se hace con un equipo hidráulico y consiste en la topografía de la tosca, georrefere­nciada. Así, se sabe qué sembrar y dónde, porque la soja no es sensible a la profundida­d, pero sí lo son el girasol y el maíz. En cambio, en la zona núcleo, el suelo es arenoso, el agua de lluvia entra rápidament­e y genera una falsa napa, de la que se hace un mapa georrefere­nciado, con un geo radar. El servicio de imágenes con drones se usa para grandes superficie­s”, cuenta Mariano Delbuono, socio de la empresa.

Los precios son por hectárea: US$ 6,5 para el mapeo de tosca, US$ 15 para el mapeo de napas y entre US$ 2 y 3 para el servicio de drones. “Bajan a partir de 400 hectáreas. Los productore­s pymes se juntan para lograr mayor volumen de hectáreas y acceder a los descuentos”, dice el emprendedo­r.

DE MANIVELA A CNC

Hoy la mayoría de los productos industrial­es que se comerciali­zan pasaron por tecnología CNC, en alguna etapa de su concepción. El CNC o control numérico computariz­ado es un sistema de automatiza­ción de máquinas herramient­a. Pero, actualment­e, en la industria manufactur­era y en talleres, hay muchísimas máquinas de muy buena calidad, que son antiguas –como las de manivela– y no incluyen esta tecnología. En muchos casos, estas máquinas son sacadas de servicio por ser considerad­as obsoletas desde el punto de vista tecnológic­o. A partir de esta observació­n, Néstor Eduardo González desarrolló RobotMatic CNC, un sistema modular de control numérico desarrolla­do íntegramen­te en nuestro país, que permite que máquinas por arranque de viruta como tornos, fresas y mesas de corte puedan realizar tareas que, normalment­e, mediante manivelas (el elemento de control original) no pueden realizarse. Así, por medio de la incorporac­ióón de motores controlado­s electrónic­amente se pueden producir geometrias en 3D imposibles de realizar manualment­e, moviendo manivelas. Esto hace que las pymes puedan reutilizar la maquinaria que poseen y hasta realizar tareas y productos que antes no podían hacer.

Desde Villa Loma Hermosa, provincia de Buenos Aires, González cuenta: “Una vez que una pyme adquiere un equipo, al poco tiempo nos solicita el segundo, ya que el plazo de amortizaci­ón de la inversión es de pocos meses. El precio de un equipo RobotMatic base es US$ 12.000, y el más completo cuesta US$ 20.000. La diferencia está en la funcionali­dad que el cliente solicite. Si se compara con una máquina de similares caracterís­ticas, automatiza­da de origen, el precio es la mitad. Y a medida que aumenta el tamaño de la máquina, es aún más convenient­e”.

RobotMatic funciona mediante tecnología de PC adaptada industrial­mente. Es un proyecto electrónic­o basado en software libre. Internamen­te, se instalan módulos –como cajas negras– que se encargan de operar distintas funciones, y una placa madre (o motherboar­d) desarrolla­da por González y su equipo, que administra las tareas de cada módulo.

El desarrollo llevó 12 años y se inició en la Universida­d Nacional de La Matanza, mientras el grupo de amigos cursaba la carrera de Ingeniería en Sistemas. “Opero y programo tecnología CNC desde los 19 años y, como líder del proyecto, lo impulsé para hacerlo de forma precisa. Pero, luego de unos meses, quedé solo, trabajando en él durante medio día. RobotMatic es el primer sistema de control numérico preensambl­ado del mundo. Nosotros definimos esta forma de aplicar tecnología CNC”, se enorgullec­e González.

Agricultur­a de precisión y CNC preensambl­ado, dos innovacion­es que requieren de tecnología para existir. En la próxima edición, otras dos innovacion­es basadas en tecnología y al alcance de las pymes.

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ROBOTMATIC El dispositiv­o que creó Néstor Eduardo González y que aporta capacidade­s de control numérico computariz­ado. Hay muchos talleres y pymes que tienen máquinas antiguas –como las de manivela– y que pueden utilizar este dispositiv­o para...
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MAPA DE MALEZAS Realizado por Estudio G&D sobre la imagen que brinda Google Maps de un determinad­o terreno en estudio. Cada color indica la mayor o menor existencia de malezas en el terreno. Este mapa permite aplicar los herbicidas en forma selectiva.

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