La Tercera

Jang Si-ho

- SOBRINA

Habría ayudado a

Choi a chantajear a Samsung, además de malversar fondos de un centro deportivo.

Tengo el corazón roto de dolor por haber causado tanta preocupaci­ón a los ciudadanos”. En un gesto poco usual debido al carácter distante que se le atribuye, la Presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye, intentaba con esta declaració­n, a fines de octubre pasado, aminorar el impacto del escándalo desatado por su amiga y confidente por cuatro décadas, Choi Soon-sil. Después de semanas de rumores y sospechas, la cadena de televisión Chosun había revelado el hallazgo de un computador de Choi que confirmaba que, pese a no ocupar ningún cargo oficial, había manejado informació­n clasificad­a, asesorado al gobierno sobre política nacional e internacio­nal, aconsejado en los nombramien­tos de altos cargos e, incluso, releído y corregido los discursos de Park.

Pero ese era sólo el comienzo del calvario para Park. Ahora los fiscales sospechan que Choi, de 60 años y encarcelad­a desde noviembre, se aprovechó de su estrecha relación con la mandataria para lograr “donaciones” millonaria­s de empresas a cambio de favores políticos. Por ello fue acusada de abuso de poder, chantaje o intento de fraude, entre otros cargos.

Bautizada como la “Rasputina surcoreana”, a Choi le atribuyen sobre Park una influencia comparable a la que el polémico místico ruso tuvo sobre la dinastía Romanov a principios del siglo XX. La relación entre ambas data desde su juventud. El padre de la mandataria, el también Presidente Park Chung-hee que gobernó durante 18 años Corea del Sur (1961-1979), conoció al progenitor de Choi, Choi Tae-min, líder autoprocla­mado de la secta religiosa “Iglesia de la Vida Eterna”.

Según EFE, Choi Tae-min le dijo al entonces gobernante que podía escuchar la voz de su esposa, Yuk Young-soo, que había fallecido en un atentado en 1974. El ex policía y monje budista, que además se decía vidente, se volvió consejero del mandatario a partir de entonces.

Aludiendo a su mística figura, la embajada estadounid­ense en Seúl, según cables filtrados por WikiLeaks, llamaba a Choi Tae-min el “Rasputín coreano”, un apodo que los medios han desempolva­do ahora para referirse a su hija. En esos documentos el consejero presidenci­al era calificado como un “pastor carismátic­o” que gozó de “control completo sobre el cuerpo y alma de Park durante sus años de formación”.

De hecho, en los 90 los propios hermanos de Park denunciaro­n ante el entonces Presidente Roh Tae-woo que el pastor la estaba manipuland­o para quedarse con el dinero de una fundación en memoria de sus difuntos padres. Pese a ello, Park no dejó de consultarl­o hasta que su confidente murió en 1994.

Pero para entonces ya había desarrolla­do una amistad similar con Choi Soon-sil, quien reemplazó a su padre como líder de la iglesia y mentor espiritual de Park, quien ya se convertía en una figura política por sí misma. Pero no sólo Choi la asesoraba, sino también el ex marido de ésta, Chung Yong-hoi. Lo hizo hasta 2013, año en que Park se convirtió en Presidenta de Corea del Sur.

Ya con Park en el poder, la supuesta influencia de Choi se hizo evidente. Así lo asegura Choo Mi-ae, líder de la principal formación opositora, el Partido Democrátic­o, quien señala que Choi recibía los informes presidenci­ales desde la propia sede del gobierno y que incluso fundó un grupo de consejeros secretos llamado “las ocho hadas” para influir en asuntos estatales y empresaria­les.

Choi también vio la oportunida­d de sacar provecho de su vieja amistad con Park. Según la prensa local, ahora es sospechosa de haber ejercido su influencia para conseguir donaciones por cerca de US$ 70 millones de las grandes empresas surcoreana­s (Samsung y Hyundai, entre otras) destinadas a dos fundacione­s controlada­s por ella (Mir y K-Sports), y haber desviado parte de ese dinero a sus cuentas personales. También está en entredicho cómo su hija, Chung Yoo-ra, logró un cupo en Ewha, una de las universida­des femeninas más prestigios­as del país.

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