“Los jó­ve­nes fue­ron los pri­me­ros que com­pren­die­ron a Piaz­zo­lla”

Viu­da del mú­si­co ar­gen­tino:

La Tercera - - Sociedad - Su­sa­na Pa­re­jas Bue­nos Ai­res

La pri­me­ra vez que Laura Escalada vio a Astor Piaz­zo­lla fue de le­jos. El es­ta­ba fu­man­do. “¿Quién es?”, pre­gun­tó, y an­te su des­co­no­ci­mien­to le su­gi­rie­ron que com­pra­ra un dis­co de Piaz­zo­lla. “Pa­ra mí en­con­trar­me con su mú­si­ca fue un ha­llaz­go. Por­que yo era can­tan­te lí­ri­ca, soy egre­sa­da del Tea­tro Co­lón. Es­ta­ba en un mun­do com­ple­ta­men­te di­fe­ren­te. Y lo pri­me­ro que es­cu­ché fue Lo que ven­drá”, re­cuer­da hoy, sen­ta­da en un bar­ci­to en­fren­te del ce­men­te­rio de la Re­co­le­ta, en la ca­pi­tal por­te­ña. Ha­ce frío, pe­ro a ella le gus­ta, “voy de in­vierno a in­vierno”, acla­ra. Su otra re­si­den­cia es en Roma, Ita­lia.

Des­de ese día en que des­cu­brió la mú­si­ca de Piaz­zo­lla, el com­po­si­tor for­ma­do en la tra­di­ción clá­si­ca que re­vo­lu­cio­nó el tan­go, lo co­men­zó a ad­mi­rar ca­da vez más. “Lo te­nía allá, muy arri­ba, co­mo aque­llas per­so­nas que yo amo: Mo­zart, Puc­ci­ni... Es­ta­ba muy le­jos de pen­sar que po­día co­no­cer­lo. Ni si­quie­ra se me cru­zó por la ima­gi­na­ción. Pa­ra mí era un in­to­ca­ble. Ya era un ge­nio”. Pe­ro el des­tino hi­zo que un día del año 76, Piaz­zo­lla fue­ra in­vi­ta­do al pro­gra­ma de te­le­vi­sión Ma­ti­né. Laura tra­ba­ja­ba en él. Y des­de ese día co­men­za­ron a es­cri­bir su his­to­ria de a dos. Pa­ra ese en­ton­ces, el com­po­si­tor de Ba­la­da pa­ra un lo­co y Li­ber­tan­go, que na­ció en Bue­nos Ai­res en 1921 y vi­vió en Nue­va York y París, ya ha­bía su­fri­do un in­far­to. “Ha­bía si­do un gran fu­ma­dor, en­ton­ces a pe­sar de que ha­bía de­ja­do de fu­mar, ya el da­ño es­ta­ba en las ar­te­rias”, se la­men­ta Laura.

En 1988, tu­vie­ron que ha­cer­le cua­tro by­pass y en 1990 su­frió una trom­bo­sis ce­re­bral en París. Dos años más tar­de, el 4 de ju­lio de 1992, y lue­go de un gran pa­de­ci­mien­to, Piaz­zo­lla mu­rió. Te­nía 71 años. “Lo la­men­to, to­dos los días de mi vi­da, por­que se fue de­ma­sia­do jo­ven de es­ta tie­rra, con lo que se vi­ve hoy. El úl­ti­mo tiem­po pasó mo­men­tos muy di­fí­ci­les. Yo tra­té de cui­dar­lo to­do lo que pu­de. Sí, me de­di­qué a él. No hay un día que no lo re­cuer­do... no hay un día que no lo ex­tra­ñe”, di­ce y se emo­cio­na.

Es­te 2017 se cum­plen 25 años de la

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