Fernando Pé­rez Pons: Bus­can­do man­te­ner la amis­tad y tra­di­cio­nes

Es­te re­co­no­ci­do an­ge­lino es­tá de­di­ca­do –de lleno- a ejer­cer su car­go de pre­si­den­te del Cen­tro Es­pa­ñol, don­de só­lo des­ta­ca y re­co­no­ce los avan­ces he­chos jun­to a su di­rec­to­rio.

La Tribuna (Los Angeles, Chile) - - Portada -

Fernando Fran­cis­co Pé­rez Pons, an­ge­lino de to­da la vi­da, aun­que re­co­no­ce que vi­vió en Te­mu­co, por sus es­tu­dios en el Ins­ti­tu­to San Jo­sé, aun­que sus cur­sos pre­vios al tér­mino de su en­se­ñan­za los tu­vo en el Li­ceo Ale­mán y el Li­ceo de Hom­bres de Los Án­ge­les. Sus pa­dres son chi­le­nos, pe­ro sus abue­los son to­dos es­pa­ño­les. Por el la­do ma­terno, su abue­la na­ció en Bar­ce­lo­na, su abue­lo en Ma­llor­ca, y por el pa­terno su abue­lo era an­da­luz y su abue­la de Cas­ti­lla.

Es­tos son los an­te­pa­sa­dos que in­yec­tan en él la in­ten­ción de po­der vin­cu­lar­se al Cen­tro Es­pa­ñol de la ca­pi­tal pro­vin­cial de Bío Bío, des­de don­de ha par­ti­ci­pa­do de muy chi­co, ya que sus pa­dres in­cul­ca­ron es­ta ‘tra­di­ción’ de com­par­tir con fa­mi­lias que pro­ve­nían de la ‘Ma­dre Pa­tria’, y al­gu­nos na­cio­na­les que tam­bién per­te­ne­cían a di­cho cen­tro.

“To­dos los es­pa­ño­les que lle­ga­ron, con mu­chas ga­nas de in­te­grar­se a la comunidad, aquí en Los Án­ge­les fue muy efec­ti­vo, hu­bo mu­cho es­pa­ñol que hi­zo mu­chas co­sas. Si uno ha­bla con gen­te de más edad, don­de se acuer­dan con exac­ti­tud lo que hi­zo ca­da uno, es re­con­tra in­tere­san­te, por­que apor­ta­ron mu­cho a la ciu­dad, en el co­mer­cio, la in­dus­tria, la agri­cul­tu­ra. En to­dos los ám­bi­tos, in­clu­so Bom­be­ros, por eso es­tá la bom­ba Es­pa­ña”, co­men­tó.

Según él, des­de el ini­cio de esos tiem­pos, les que­dó las ga­nas de par­ti­ci­par. De he­cho, fue en el año 1915 se creó el Cen­tro Es­pa­ñol, con el ob­je­ti­vo de fo­men­tar y for­ta­le­cer la amis­tad, y en el mis­mo lu­gar don­de es­tá hoy, aun­que en una in­fra­es­truc­tu­ra dis­tin­ta.

“Yo me in­te­gré muy chi­co, mi pa­dre me em­pe­zó a lle­var, yo es­ta­ba en el co­le­gio aún. En esos años los so­cios eran mu­chos más, y lo otro bueno que ha­bía era que aco­gían a to­dos, sin ne­ce­si­dad que fue­sen es­pa­ño­les, aun­que evidentemente a los es­pa­ño­les que lle­ga­ban por ne­ce­si­da­des eco­nó­mi­cas”, sos­tu­vo.

El Cen­tro Es­pa­ñol -a su jui­cio- ha he­cho una gran la­bor, que con los años ‘se ha per­di­do un po­co’, pe­ro la in­ten­ción es re­cu­pe­rar­la, al­go que quie­re ha­cer en su ges­tión con su di­rec­to­rio, te­ner una en­ti­dad a fin con los des­cen­dien­tes de es­pa­ño­les y la comunidad.

Quie­ren trans­mi­tir las costumbres, la par­te ar­tís­ti­ca con los bai­les, don­de el más co­no­ci­do es el fla­men­co, que son al­gu­na de las ac­ti­vi­da­des que pre­ten­den en­tre­gar a la comunidad an­ge­li­na.

desafíos de su pre­si­den­cia

En­tre­gar va­lor en las per­so­nas ayu­da a no caer en la dro­ga o al­coho­lis­mo, según la vi­sión de Fernando Pons, y es uno de los de­seos del Cen­tro Es­pa­ñol, en for­ta­le­cer esos prin­ci­pios so­cia­les.

“Los es­ta­tu­tos di­cen que uno no pue­de te­ner más de dos pe­rio­dos de dos años, y es­te es mi ter­cer año. Cues­ta lle­gar a la comunidad, por­que to­dos es­tán in­mis­cui­dos en sus pro­pios pro­ble­mas, en la tec­no­lo­gía es­tán to­dos con el ce­lu­lar tan­to en la ca­sa co­mo un res­tau­ran­te, no en el ob­je­ti­vo mis­mo de jun­tar­se. Eso cues­ta sa­car­lo, no es fá­cil. Eso no quie­re de­cir que uno no ten­ga ese ob­je­ti­vo, y tra­te de ha­cer­lo de la me­jor for­ma, y yo creo que en la par­te cul­tu­ral y ar­tís­ti­ca po­de­mos dar a co­no­cer un po­co más el Cen­tro Es­pa­ñol”, ma­ni­fes­tó.

La idea que tie­nen co­mo ins­ti­tu­ción, es po­der jun­tar a la gen­te, unir, vol­ver a re­unir amis­ta­des que an­ti­gua­men­te se veían a dia­rio y hoy úni­ca­men­te se co­no­cen.

“En los tiem­pos que co­rren, te­ner un lu­gar don­de tú pue­das ir y te­ner la se­gu­ri­dad que la gen­te que va es bue­na, va­ya que es im­por­tan­te. No vas a ir a un res­tau­rant don­de te pue­den ro­bar, asal­tar, o sea, en cual­quier par­te pue­de pa­sar, pe­ro se dis­mi­nu­yen los ries­gos. Eso es lo que tra­ta­mos. Lo otro que nos ayu­da­rá mu­cho se­rá el te­rreno don­de cons­trui­re­mos el Es­ta­dio Es­pa­ñol”, des­ta­có.

es­ta­dio es­pa­ñol, lo QUE Fal­ta­ba

Con la ex­pec­ta­ti­va de po­der acer­car­se de lleno a la comunidad de Los Án­ge­les y, por qué no, a la pro­vin­cia, los di­ri­gen­tes del Cen­tro Es­pa­ñol de la co­mu­na han ad­qui­ri­do un te­rreno de 4,6 hec­tá­reas, en las que pre­ten­den cons­truir el an­he­la­do Es­ta­dio Es­pa­ñol, una de las deu­das pen­dien­tes de es­ta ins­ti­tu­ción.

“No es fá­cil lo­grar­lo, es len­to de ha­cer­lo. De ma­te­ria­li­zar­lo lo ha­re­mos, por­que te­ne­mos las ga­nas, pe­ro es len­to por el cos­to. Hay que con­se­guir un fi­nan­cia­mien­to que mu­chas ve­ces uno lo lo­gra te­nien­do acer­ca­mien­to con las au­to­ri­da­des es­pa­ño­las, pue­de ser, que exis­ta un apor­te, ya que Es­pa­ña lo ha­cía. Te­ne­mos las con­di­cio­nes para eso. Ten­go en­ten­di­do que, el cu­ri­ta que nos ha­rá la mi­sa es­te do­min­go, es cer­cano al con­su­la­do, en­ton­ces ha­bló con uno de los so­cios de que exis­te la po­si­bi­li­dad de con­se­guir un apor­te”, ase­gu­ró.

Ya se com­pró el te­rreno, se ha es­ta­do cer­can­do, se cons­tru­yó una vi­vien­da para un tra­ba­ja­dor, y des­de ha­ce una se­ma­na que ya es­tá ins­ta­la­do. Cons­trui­rán un quin­cho para que los so­cios pue­dan com­par­tir, ha­rán al­re­de­dor de dos mul­ti­can­chas, quie­ren te­ner can­cha, pis­ci­nas, sa­lón de even­tos, en­tre otros re­qui­si­tos que reúnen los di­ver­sos Cen­tros Es­pa­ño­les a lo lar­go de Chi­le.

in­vi­ta­ción a su­mar­se

En re­la­ción a la con­tri­bu­ción a la so­cie­dad, des­de los ini­cios siem­pre el Cen­tro Es­pa­ñol pre­ten­dió ayu­dar y com­par­tir con la so­cie­dad. En esos años, se for­mó una be­ne­fi­cen­cia, que se lla­mó el Ro­pe­ri­to Es­pa­ñol, con­for­ma­do por las damas.

“Ellas ha­cían ajua­res, ro­pa, y ese Ro­pe­ri­to ayu­da­ba al­gu­nas ins­ti­tu­cio­nes, y eso lo que­re­mos vol­ver a ha­cer. Ha­ce 2 años que es­ta­mos ha­cien­do una on­ce a los abue­li­tos del Don Orio­ne, para ame­ni­zar­les el día. Va­mos a fi­nes de oc­tu­bre o prin­ci­pio de no­viem­bre, don­de se lle­va una on­ce dis­tin­ta y a las bai­la­ri­nas, para que pa­sen un día agra­da­ble, y eso lo ha­cen las damas. Las más cer­ca­nas o en­tu­sias­tas que les gus­ta eso. Se­ría muy bo­ni­to que se acer­ca­ran los de­más. Yo in­vi­to a to­dos, a la ju­ven­tud y no tan­to, a los de mí edad, de mí ge­ne­ra­ción, ha­cer­les sa­ber a sus hi­jos y nie­tos lo que yo he di­cho, para que se­pan lo im­por­tan­te que es acer­car­se, y que ellos pue­dan lle­var a más per­so­nas, a los nie­tos”, ce­rró Fernando Pé­rez Pons, pre­si­den­te del Cen­tro Es­pa­ñol de Los Án­ge­les.

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