Prio­ri­zar,

Pulso - - Portada - por Gon­za­lo Blu­mel

TRES SON los te­mas que han do­mi­na­do la agen­da las úl­ti­mas se­ma­nas: la si­tua­ción de los ni­ños del Se­na­me, la pro­pues­ta de gra­tui­dad pa­ra los jó­ve­nes uni­ver­si­ta­rios y los mon­tos de las pen­sio­nes de los que se ju­bi­lan en las AFP. Es­tos te­mas, de na­tu­ra­le­za muy di­ver­sa, nos plantean una pre­gun­ta ex­tre­ma­da­men­te re­le­van­te: ¿qué prio­ri­zar? Es cier­to que al­gu­nos que­rrían asu­mir to­do en for­ma si­mul­tá­nea. Pe­ro la verdad es que las ar­cas fis­ca­les no es­tán pa­ra cuen­tos. Ya van tres años de ba­jo cre­ci­mien­to y al­to dé­fi­cit, y el pa­no­ra­ma a me­diano pla­zo no pa­re­ce re­pun­tar. Se­gún di­ver­sas es­ti­ma­cio­nes, la gra­tui­dad uni­ver­sal cos­ta­ría del or­den de los US$4 mil millones. Du­pli­car el apor­te so­li­da­rio que rea­li­za el Es­ta­do a las pen­sio­nes otros US$1.500 millones. Cual­quier agen­da con­tun­den­te en in­fan­cia al­re­de­dor de US$1.000 millones. En su­ma, una in­gen­te can­ti­dad de re­cur­sos de los que hoy no dis­po­ne­mos. Lo que co­rres­pon­de es prio­ri­zar. Es­co­ger. Que es de lo que tra­ta en esen­cia la de­mo­cra­cia. Re­sol­ver qué es lo más jus­to a par­tir de múl­ti­ples vi­sio­nes, sin aga­rrar­nos a pe­ñas­ca­zos. Y pa­ra ello, un buen ca­mino es di­lu­ci­dar so­bre quie­nes más nos ne­ce­si­tan, sin aten­der en de­ma­sía a los gru­pos de pre­sión. Se­gún la úl­ti­ma en­cues­ta Ca­sen, ca­si uno de ca­da cua­tro ni­ños vi­ve en la po­bre­za (22,5%), si­tua­ción que afec­ta a uno de ca­da tre­ce en el ca­so de los adul­tos ma­yo­res (7,7%) y a uno de ca­da 25 en el ca­so de los pro­fe­sio­na­les con es­tu­dios su­pe­rio­res (3,9%). Más sim­ple: hay un mi­llón de ni­ños po­bres, 146 mil adul­tos ma­yo­res po­bres y so­lo 62 mil pro­fe­sio­na­les po­bres. Otra for­ma de mi­rar­lo es re­vi­san­do cuán­to les des­ti­na­mos. En el ca­so de los adul­tos ma­yo­res, el apor­te es­ta­tal pa­ra los pen­sio­na­dos más vul­ne­ra­bles bor­dea los $93 mil men­sua­les. Pa­ra los me­no­res del Se­na­me, en torno a los $200 mil. Y pa­ra los uni­ver­si­ta­rios que es­te año ac­ce­die­ron a la gra­tui­dad, cerca de $400 mil. A la luz de es­tos da­tos, la res­pues­ta pa­re­ce ob­via. La ur­gen­cia es­tá en los ni­ños. Son ellos quie­nes más nos ne­ce­si­tan. Pe­ro una y otra vez los po­ne­mos al fi­nal de la fi­la, ya que no gri­tan ni mar­chan. Por­que co­mo nos lo re­cuer­da Is­mael Serrano, son los in­vi­si­bles de nues­tros fra­ca­sos.

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