EN­TRE­VIS­TA Agus­tín Sque­lla: “La DC po­dría re­pun­tar si se acuer­da que na­ció con­tra la de­re­cha y a fa­vor de una doc­tri­na que ha ido aban­do­nan­do”

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¿có­mo eva­lúa su ju­ga­da?

—Tie­ne razón: creí­mos que ella se iba pa­ra la ca­sa, y con to­da razón. Pe­ro vol­vió, al pa­re­cer, por­que mu­chos de sus ca­ma­ra­das reac­cio­na­ron lue­go de la Jun­ta Na­cio­nal, de ma­ne­ra que no creo que ha­ya si­do una ju­ga­da de ella. Se­gún mi pa­re­cer, y al mar­gen de lo que dic­ten las sa­cro­san­tas en­cues­tas, que por lo co­mún son sim­ples re­gis­tros del es­ta­do de áni­mo de quien res­pon­de, Goic es de lo me­jor que la DC pue­de ofre­cer co­mo can­di­da­ta pre­si­den­cial. Me pa­re­ce se­ria, ín­te­gra, sin­ce­ra, y tam­po­co veo en ella el “sín­dro­me de Ca­saPie­dra”.

¿Y cree que se man­ten­drán los con­flic­tos in­ter­nos en la DC?

—Seguirán, so­bre to­do des­pués de las elec­cio­nes. No le va a ir bien, no en la pre­si­den­cial al me­nos, y los po­lí­ti­cos sue­len mos­trar una gran in­to­le­ran­cia al fra­ca­so. Son peor que los hin­chas del fút­bol, que pi­den la ca­be­za del en­tre­na­dor si el equi­po pier­de dos par­ti­dos se­gui­dos. Voy a ha­cer una com­pa­ra­ción al­go fuer­te: la Igle­sia Ca­tó­li­ca va tam­bién a la ba­ja y su re­pun­te de­pen­de­rá de cuán pron­to y a fon­do vuel­va a su raíz cris­tia­na. En el ca­so de la DC, tam­bién a la ba­ja, po­dría re­pun­tar si se acuer­da que na­ció con­tra la de­re­cha y a fa­vor de una doc­tri­na so­cial que ha ido aban­do­nan­do a lo lar­go de los años, pa­ra ocu­par­se an­te to­do de ase­gu­rar car­gos en el Par­la­men­to y en el Es­ta­do. Na­da muy dis­tin­to a lo que ha­cen otros par­ti­dos, pe­ro el pro­ble­ma es que aquel del que es­ta­mos ha­blan­do se di­ce “cris­tiano”.

¿Cree que el re­torno de Goic es un triunfo de los sec­to­res más con­ser­va­do­res de la DC?

—Es un triunfo de ella mis­ma y una lec­ción pa­ra aque­llos ca­ma­ra­das que, al igual co­mo pa­sa en to­dos los par­ti­dos, es­tán más preo­cu­pa­dos de sus ca­rre­ras po­lí­ti­cas, in­clui­das múl­ti­ples re­elec­cio­nes, que lo que es­tán del par­ti­do, de la coa­li­ción ma­yor que el par­ti­do pac­tó con otros so­cios, del go­bierno del que for­man par­te, o del país.

Si Goic no pa­sa a la se­gun­da vuel­ta, ¿cree que la DC apo­ye a Gui­llier?

—Soy muy ma­lo ha­cien­do con­je­tu­ras. No ten­go la me­nor idea de lo que pa­sa­rá en­ton­ces. Va a de­pen­der de lo que ocu­rra de aho­ra ade­lan­te en la cam­pa­ña, de có­mo se tra­ten am­bas can­di­da­tu­ras. Has­ta es po­si­ble que en una se­gun­da vuel­ta Pi­ñe­ra-Gui­llier la DC acuer­de li­ber­tad de ac­ción, que no se­ría sino una ma­ne­ra de apo­yar a Pi­ñe­ra. Hay no po­cos DC in­tere­sa­dos en re­cor­dar que al­gu­na vez Pi­ñe­ra pen­só ha­cer su ca­rre­ra en la DC.

¿Cree que la DC si­ga en su alian­za con la cen­troiz­quier­da? ¿O es­tá más có­mo­da con par­ti­dos co­mo Ciu­da­da­nos?

—Otra vez el fu­tu­ro y mi in­ca­pa­ci­dad pa­ra vi­sua­li­zar­lo. Des­de su fun­da­ción,

CRI­SIS DE LOS PAR­TI­DOS “Su des­pres­ti­gio con­ta­gia a la po­lí­ti­ca y el des­pres­ti­gio de es­ta po­dría con­ta­giar a su vez a la de­mo­cra­cia”.

CON­TI­NUI­DAD DE GOIC “Es de lo me­jor que la DC pue­de ofre­cer co­mo can­di­da­ta pre­si­den­cial, me pa­re­ce se­ria, ín­te­gra, sin­ce­ra”.

LA DC Y EL CEN­TRO “El cen­tro en po­lí­ti­ca es un in­ven­to de los que se con­si­de­ran mo­de­ra­dos, co­mo si la iz­quier­da y la de­re­cha fue­ran ex­tre­mos de los que hay que ale­jar­se”.

la DC, sal­vo los dos úl­ti­mos años de Allen­de, ha es­ta­do más cer­ca de la iz­quier­da que de la de­re­cha. Alia­da in­clu­so con la iz­quier­da. Y es ra­zo­na­ble, pues­to que na­ció por opo­si­ción a la de­re­cha y por­que el cen­tro pu­ro en po­lí­ti­ca no exis­te, sal­vo pa­ra Ciu­da­da­nos y Fran­cis­co Javier Errá­zu­riz, quien en los 90 creó el Par­ti­do de Cen­troCen­tro. El cen­tro en po­lí­ti­ca es un in­ven­to de los que se con­si­de­ran mo­de­ra­dos, co­mo si la iz­quier­da o la de­re­cha fue­ron ex­tre­mos de los que hay que ale­jar­se, cuan­do en ver­dad no se tra­ta de ex­tre­mos. Los ex­tre­mos en po­lí­ti­ca son la ex­tre­ma de­re­cha y la ex­tre­ma iz­quier­da. Pe­ro los par­ti­dos no desapa­ra­cen fá­cil­men­te y las coa­li­cio­nes caen y vuel­ven a le­van­tar­se.

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