Ja­mes E. Katz y las redes sociales: “Las tec­no­lo­gías nos van a ha­cer me­nos de­pen­dien­tes de otros y es­ta­re­mos más so­los”

Pulso - - ECONOMIA&DINERO -

có­mo es tu ca­ra. Eso pue­de caer en ma­nos de ven­de­do­res o tien­das pa­ra sa­ber que eres tú, o por po­lí­ti­cos pa­ra sa­ber si fuis­te a un en­cuen­tro de cier­to par­ti­do po­lí­ti­co. Son ejem­plos ex­tre­mos, pe­ro per­ti­nen­tes.

¿Exis­ten lí­mi­tes de uso?

— En el pa­sa­do ha­bía lí­mi­tes pa­ra leer un li­bro o ver te­le­vi­sión, pe­ro ya no hay un lí­mi­te pa­ra uti­li­zar el ce­lu­lar en una sa­la de cla­ses o en el ci­ne. Los da­tos de en­cues­tas su­gie­ren que pa­sa­mos más tiem­po con redes sociales y el año pa­sa­do un son­deo pre­gun­tó si se pa­sa­ba más tiem­po en apa­ra­tos mó­vi­les que con otras per­so­nas y la res­pues­ta fue que sí.

Tam­bién re­vi­sa­mos Twit­ter o What­sApp en la mi­tad de la no­che y ape­nas nos des­per­ta­mos... ¿Có­mo lo ve?

— Mu­chos lo ha­cen, pe­ro lo que sig­ni­fi­ca o sus im­pli­can­cias no son tran cla­ras. Al­gu­nos es­tu­dios han vin­cu­la­do el tiem­po que se des­ti­na al ce­lu­lar fren­te a la du­ra­ción de las re­la­cio­nes. Se tien­de a dis­mi­nuir la ca­li­dad de vi­da de las per­so­nas y de sus re­la­cio­nes sociales. Es­to es en pro­me­dio, ya que en al­gu­nos ca­sos las me­jo­ra y en otros ca­sos las ha­ce mu­cho peo­res, pe­ro en ge­ne­ral más gen­te tien­de a ver un de­te­rio­ro.

¿Qué otras consecuencias se pue­den con­si­de­rar, por ejem­plo con la vi­gi­lan­cia uti­li­zan­do tec­no­lo­gías? ¿Qué se pue­de ha­cer al res­pec­to?

— Es cla­ro que el re­co­no­ci­mien­to facial es ca­da vez me­jor. Cuan­do la ca­ra de las per­so­nas se di­gi­ta­li­za con cre­den­cia­les de iden­ti­dad o en Fa­ce­book to­dos se­rán re­co­no­ci­dos en pú­bli­co a me­di­da que pa­san por cier­tas cá­ma­ras. En Chi­na ya pue­den iden­ti­fi­car a las per­so­nas en las ca­lles, por­que tie­nen sis­te­mas so­fis­ti­ca­dos de re­co­no­ci­mien­to facial. Es una di­rec­ción cla­ra a la que nos es­ta­mos di­ri­gien­do, pe­ro qué ha­cer al res­pec­to a una in­te­rro­gan­te de la ley y de se­gu­ri­dad pú­bli­ca. La ley se re­dac­ta en res­pues­ta a las preo­cu­pa­cio­nes pú­bli­cas y la de los le­gis­la­do­res, y es­ta­mos en un pun­to de in­fle­xión si que­re­mos que se to­men me­di­das en re­la­ción a las li­ber­ta­des in­di­vi­dua­les y la pri­va­ci­dad de las per­so­nas y có­mo se re­co­lec­tan da­tos de in­for­ma­ción pri­va­da. Tie­ne que exis­tir un or­ga­nis­mo que vi­gi­le a es­tas agen­cias de ma­ne­ra per­ma­nen­te pa­ra que no ha­gan abu­so de su po­der.

¿Ve es­to co­mo al­go glo­bal o hay di­fe­ren­cias etá­reas? Por ejem­plo, que los ma­yo­res no uti­li­zan tan­to su te­lé­fono ce­lu­lar...

— No creo que sea una sor­pre­sa que exis­ta un gran di­fe­ren­cial de la edad en cuan­to al uso de es­tas tec­no­lo­gías, ya que los jó­ve­nes fue­ron

RE­CO­NO­CI­MIEN­TO FACIAL “Pue­de caer en ma­nos de ven­de­do­res o tien­das pa­ra sa­ber que eres tú, o de par­ti­dos po­lí­ti­cos”.

EFEC­TOS DE REDES SOCIALES “Se tien­de a dis­mi­nuir la ca­li­dad de vi­da de las per­so­nas y de sus re­la­cio­nes sociales”.

USO DE LOS JÓ­VE­NES “En los úl­ti­mos sie­te años hu­bo una caí­da de la preo­cu­pa­ción en­tre los jó­ve­nes so­bre la pri­va­ci­dad”.

los pri­me­ros en adop­tar los compu­tado­res y, por lo tan­to, ha­gan más uso de es­tos. Pe­ro el pun­to más no­to­rio es que los jó­ve­nes pa­re­cen es­tar mu­cho me­nos preo­cu­pa­dos por la pri­va­ci­dad en com­pa­ra­ción con jó­ve­nes de otras ge­ne­ra­cio­nes. No he­mos vis­to mu­chos cam­bios has­ta re­cien­te­men­te, yo di­ría que en los úl­ti­mos sie­te años, que hu­bo una caí­da no­ta­ble de la preo­cu­pa­ción en­tre los jó­ve­nes so­bre la pri­va­ci­dad de In­ter­net y so­bre có­mo se re­gis­tran sus da­tos on­li­ne y la in­for­ma­ción de có­mo na­ve­gan por In­ter­net, por lo me­nos acá en Es­ta­dos Uni­dos. Ade­más, hay cam­bios que se pue­den ver por paí­ses, pe­ro que tie­nen que ver con dis­tin­tas cul­tu­ras en di­fe­ren­tes paí­ses del mun­do y, por lo mis­mo, hay co­sas que pue­den ile­ga­les en Ale­ma­nia, pe­ro no en Chi­na.P

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