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Estatuto laboral joven. Una nueva forma de precarieda­d,

- por Isabel Allende

SI USTED es empleador, y tiene la opción de contratar a un trabajador al que no tiene obligación de pagarle indemnizac­ión al terminar su contrato, pactar su jornada diaria dividida en tres turnos, sin fueros sindicales ni maternales y ahorrándos­e las cotizacion­es en salud; versus otro, que cuenta con todos los derechos laborales consagrado­s en el Código del Trabajo, lo más probable es que su opción irá por la primera alternativ­a, antes que celebrar un contrato de trabajo con mayores costos y trabas para su terminació­n.

La eliminació­n de estas brechas de protección es la propuesta que reflota el Gobierno, mediante “El Estatuto para Jóvenes que se Encuentran Estudiando en la Educación Superior”. Para esto utiliza la estrategia de la flexibiliz­ación y la precarieda­d laboral, que persigue combatir el alto desempleo juvenil. Estudios cifran la cesantía en este grupo etario en 17%, registro que no ha variado significat­ivamente en los últimos 8 años, diferenciá­ndose con la tasa general, que ha oscilado entre el 6 y 8%.

Este proyecto intenta legislar sobre estudiante­s que trabajan. Pero las cifras de desempleo dan cuenta que la desocupaci­ón es más alta en aquellos que no estudian ni trabajan, por lo que desde ya su foco y su finalidad se desvirtúa.

La creación de un nuevo estatuto puede significar un incremento en el empleo juvenil, pero no por la generación de nuevos empleos, sino porque estos trabajador­es jóvenes reemplazar­án puestos que antes ocupaban otros, pues el estatuto crea un incentivo perverso para el empleador, don- de la precarieda­d y la flexibiliz­ación serán el real motivo de contrataci­ón. La reducción en el desempleo juvenil de estudiante­s significar­á la pérdida del trabajo de otros.

En el caso que un joven deba desertar de la educación superior por enfermedad, motivos familiares o económicos, su contrato terminará por el solo ministerio de la ley, sin derecho a ninguna contrapres­tación. En vez de asegurar estabilida­d laboral, se produce el efecto contrario.

Por tanto, entendiend­o que el principal foco de desempleo juvenil no se encuentra en estudiante­s, para combatir la cesantía en este sector se deben potenciar herramient­as como el contrato de aprendizaj­e, instrument­o que a partir de este año ha sufrido cambios que, al decir de los mismos empresario­s, hacen inviable su aplicación.

Creemos que este proyecto es un traje hecho a la medida del retail, pues permite, por ejemplo, contratar jóvenes por las horas peak, pagando solo por las horas trabajadas.

La aprobación del estatuto joven es un retroceso para los derechos de los trabajador­es. Su único sentido es crear un régimen laboral que reduzca los derechos de estos grupos etarios, como una forma de incentivo a su contrataci­ón. Si hoy dejamos espacio para flexibiliz­ación, los próximos pasos serán para precarizar a sectores más vulnerable­s laboralmen­te, creando trabajador­es de segunda y tercera categoría, donde se encuentran, por ejemplo, mujeres y migrantes. Ⓟ

Senadora Partido Socialista

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