HOLLY­WOOD

Ja­mes McA­voy

Alo (Colombia) - - News - Ci­ne Co­lom­bia Dis­tri­bu­ción

Enes­ta pro­duc­ción pró­xi­ma a lle­gar a las car­te­le­ras del país, Ja­mes McA­voy es un es­pía cu­ya iden­ti­dad es la de un in­ge­nie­ro hi­dráu­li­co de ori­gen es­co­cés que vi­ve en Áfri­ca y que ayu­da a las co­mu­ni­da­des que no tie­nen ac­ce­so al agua. En me­dio de su tra­ve­sía co­no­ce a Da­nie­lle (Alicia Vi­kan­der), de quien se enamo­ra en un ho­tel pa­ra­di­sía­co en Fran­cia. Ha­bla­mos con Ja­mes, ga­na­dor del pre­mio Chopard otor­ga­do por el Fes­ti­val de Can­nes co­mo ac­tor re­ve­la­ción y re­cor­da­do por sus pa­pe­les pro­ta­gó­ni­cos en El úl­ti­mo rey de Escocia y Ex­pia­ción: más allá de la pa­sión.

¿Có­mo con­se­guis­te es­te pa­pel?

Pa­sé por el pro­ce­so que tie­ne to­do ac­tor a la ho­ra de es­co­ger sus per­so­na­jes o que­rer au­di­cio­nar pa­ra es­tos. Me lle­gó el guion, lo leí y me en­can­tó. Me pa­re­ció muy her­mo­so y poé­ti­co, un en­fo­que más adul­to y sofisticado, que más que re­tra­tar una his­to­ria de amor ha­bla so­bre la idea de es­te. Y lo que más me gus­tó de la his­to­ria, o en lo que pro­fun­di­za, es que mues­tra có­mo to­dos es­ta­mos co­nec­ta­dos.

¿Có­mo re­cuer­das tu pri­mer en­cuen­tro con Wim Wen­ders, di­rec­tor de la pe­lí­cu­la?

Nos reuni­mos en Lon­dres. La ver­dad, me la pa­sé ha­blan­do to­do el tiem­po (ri­sas). Creo que ha­blé de más. Wen­ders es fa­mo­so por ser un hom­bre de pocas pa­la­bras, pe­ro real­men­te en es­te en­cuen­tro no di­jo na­da y lo úni­co que pen­sé en ese mo­men­to fue: “Es­to va mal, no voy a con­se­guir el pa­pel”, y le di­je des­pués de me­dia ho­ra de reunión que te­nía que ir­me por otro com­pro­mi­so. An­tes de ir­me le di­je: “Si quie­res que ha­ga la pe­lí­cu­la es­ta­ré en­can­ta­do, si no, no hay pro­ble­ma…”, y me fui pen­san­do en que real­men­te no ha­bía con­se­gui­do el tra­ba­jo. Un par de días des­pués me lla­mó y me di­jo: “Cla­ro que quie­ro que ha­gas par­te de es­ta pe­lí­cu­la, el tra­ba­jo es tu­yo”; fue una gran sor­pre­sa pa­ra mí.

¿Qué fue lo que más te gus­tó de tu per­so­na­je?

Ja­mes es un hom­bre que la ma­yor par­te de su vi­da se ca­rac­te­ri­za por ser el ‛Se­ñor men­ti­ro­so’ y vi­ve có­mo­do con la idea de que pue­de mo­rir en cual­quier mo­men­to, así que pue­do de­cir que lo que más me gus­tó o con lo que más me sen­tí có­mo­do a la ho­ra de in­ter­pre­tar a Ja­mes Moo­re, fue el he­cho de que él, co­mo to­dos los per­so­na­jes prin­ci­pa­les de es­ta his­to­ria, tie­ne muy arrai­ga­das sus creen­cias y es­tá dis­pues­to a mo­rir por ellas. Así co­mo creía muy fuer­te­men­te en su mi­sión, en su país y en su pro­pó­si­to de vi­da.

¿Có­mo fue tra­ba­jar con Alicia Vi­kan­der?

Siem­pre he­mos es­ta­do más cer­ca de lo que creía­mos, te­ne­mos el mis­mo má­na­ger, y un par de días des­pués de mi reunión con Wen­ders, mi agente lla­mó y me di­jo que Alicia es­ta­ba muy in­tere­sa­da en es­te pro­yec­to; pen­sé que se­ría fa­bu­lo­so. Ella es ami­ga cer­ca­na de va­rios ami­gos míos y siem­pre hablan muy bien de ella co­mo per­so­na, así que su­pe que nos lle­va­ría­mos muy bien. He vis­to su tra­ba­jo y me parece una ac­triz ma­ra­vi­llo­sa y es­ta­ba muy emo­cio­na­do de tra­ba­jar con ella.

¿Qué tal fue es­tar ba­jo la di­rec­ción de Wim Wen­ders?

¡Guau!, qué te pue­do de­cir... To­dos sa­be­mos quién es Wim y por qué es tan re­co­no­ci­do en es­ta in­dus­tria. Me gus­tó mu­cho que no es de los tí­pi­cos di­rec­to­res que van y te mar­can la es­ce­na y te di­cen de­bes ir acá, ha­cer es­to, mi­rar allá, etc., por el con­tra­rio, de una for­ma na­tu­ral te di­ce có­mo se ima­gi­na la es­ce­na y qué de­be ocu­rrir en ella, así que de­ja que to­do flu­ya de ma­ne­ra na­tu­ral, y co­mo ac­tor, to­do te flu­ye de una ma­ne­ra in­creí­ble. Es muy cu­rio­so por­que lo de­ta­llé mien­tras di­ri­gía a otros ac­to­res cuan­do no me en­con­tra­ba en es­ce­na y con to­dos era igual, no ha­cía mar­ca­cio­nes y ro­ga­ba que to­do sa­lie­ra co­mo se lo ima­gi­na­ba; cuan­do es­to no su­ce­día, no te­nía pro­ble­ma en ro­dar una vez más y con­se­guir lo que desea­ba. A tal pun­to que cuan­do es­to pa­sa­ba pa­re­cía un ni­ño con ju­gue­te nue­vo, no pa­ra­ba de sal­tar y mo­ver la ca­be­za de fe­li­ci­dad.

¿Qué pue­den es­pe­rar los es­pec­ta­do­res?

Creo que se pue­den emo­cio­nar de es­ta her­mo­sa his­to­ria de amor y se sor­pren­de­rán de lo ins­truc­ti­va que es es­ta pe­lí­cu­la, de to­do lo que pa­sa en nues­tro mun­do des­de el pun­to de vis­ta geo­po­lí­ti­co y los pe­li­gros que es­ta­mos afron­tan­do. Aunque sue­ne iló­gi­co, sí es una his­to­ria de amor, pe­ro no so­lo es en­tre Da­nie­lle y Ja­mes, es amor a lo que ha­ces, a tus prin­ci­pios, a tu mi­sión, a tu Dios.

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