Un es­cri­tor im­pre­de­ci­ble

No ha cum­pli­do los 40 años y ya ha si­do ca­ta­lo­ga­do co­mo una de las vo­ces de la li­te­ra­tu­ra bra­si­le­ña que más pro­me­te.

Arcadia - - FIESTA DEL LIBRO - Adria­na Coo­per* Me­de­llín *Pe­rio­dis­ta. Je­fe de pren­sa de la Fies­ta del Li­bro.

¿Có­mo na­cáó la ádea de es­crá­bár El úni­co fi­nal fe­liz pa­ra una his­to­ria de amor es un accidente?

Des­de ni­ño soy muy afi­cio­na­do por la cul­tu­ra ja­po­ne­sa y que­ría es­cri­bir una no­ve­la ja­po­ne­sa con per­so­na­jes ja­po­ne­ses y que ocu­rrie­ra en To­kio. Esa atracción in­fan­til em­pe­zó con pro­gra­mas de te­le­vi­sión co­mo God­zi­lla, Po­wer Ran­gers y se desa­rro­lla pa­ra el ci­ne, la li­te­ra­tu­ra, la poe­sía y es al­go que si­gue. Es una no­ve­la bas­tan­te ra­ra por­que los per­so­na­jes no son bra­si­le­ños, son un jo­ven eje­cu­ti­vo ja­po­nés y una mu­ñe­ca in­fla­ble. No hay na­da de Bra­sil, so­lo el pun­to de vis­ta de un es­cri­tor bra­si­le­ño que es­cri­be una no­ve­la co­mo si fue­ra tra­du­ci­da del ja­po­nés al por­tu­gués o qui­zás an­tes, del in­glés y del in­glés al por­tu­gués.

¿Pre­fie­re es­cri­bir so­bre los sen­ti­mien­tos y las re­la­cáo­nes hu­ma­nas o so­bre los éro­ble­mas so­cáa­les? No creo que se pue­da se­pa­rar la so­cie­dad de las re­la­cio­nes hu­ma­nas. Creo que no es po­si­ble de­jar de dar un sen­ti­do so­cial a cual­quier his­to­ria. Mi forj ma­ción es en Eco­no­mía y soy de las po­cas per­so­nas que le­ye­ron El ca­pi­tal de Marx con to­dos sus to­mos. Cuan­do es­tu­dia­ba en la fa­cul­tad, leí y es­cri­bí so­bre ese te­ma por años. Creo que en mis no­ve­las es­tá esa mi­ra­da, no la del na­rra­dor de Marx, sino una mi­ra­da bas­tan­te so­cio­ló­gi­ca detrás de to­do.

Us­ted ha ha­bla­do del po­der de las tra­duc­cio­nes. ¿Cuándo es­tá bien he­cha una tra­duc­ción? Cuan­do uno qui­zás ol­vi­da que es una tra­duc­ción, cuan­do es­tá tan bien he­cha que el tra­duc­tor aca­ba por trai­cio­nar al au­tor y pro­du­ce un tex­to que sue­na pu­ro; eso no es fá­cil y cuan­do pa­sa es ge­nial. Me en­can­tan las tra­duc­cio­nes de li­bros al es­pa­ñol he­chas por Mar­tín Caa­ma­ño, quien ade­más de ser un gran tra­duc­tor es un gran no­ve­lis­ta. ¿En­tre to­dos sus per­so­na­jes hay uno que pre­fie­ra? En mi se­gun­da no­ve­la, que se lla­ma O dia Mas­troian­ni, hay un per­so­na­je que tal vez pre­fie­ro y se lla­ma Pe­dro Cas­sa­vas. Es una es­pe­cie de au­tor sin obra, ci­neas­ta sin pe­lí­cu­la, un mú­si­co sin dis­co, un va­ga­bun­do pre­ten­cio­so que deam­bu­la por las ca­lles. Lo pre­fie­ro por­que qui­zás es el úni­co que real­men­te me di­vir­tió mien­tras lo es­cri­bía.

¿Tu­vo mie­do de es­cri­bir so­bre su pro­pia muer­te co­mo há­zo en su no­ve­la Des­cu­brí que es­ta­ba muer­to? No tu­ve mie­do y esa no­ve­la fue qui­zás un in­ten­to de no te­ner mie­do so­bre el he­cho. Des­cu­brí que es­ta­ba muer­to se ba­sa en un he­cho real. El 14 de ju­lio de 2008 fui de­cla­ra­do muer­to por la po­li­cía de Río. Mi par­ti­da de na­ci­mien­to fue en­con­tra­da en el bol­si­llo de un ca­dá­ver que ha­lla­ron en un edi­fi­cio ocu­pa­do en el cen­tro de Río de Ja­nei­ro. Es­to lo des­cu­brí cuan­do re­sul­té me­ti­do en un lío con unos ve­ci­nos y el li­bro em­pie­za con la in­ves­ti­ga­ción po­li­cial so­bre el he­cho y des­pués esa in­ves­ti­ga­ción se con­vier­te en un es­tu­dio so­cio­ló­gi­co, exis­ten­cial, li­te­ra­rio y so­bre los con­flic­tos en la ciu­dad don­de el na­rra­dor es un es­cri­tor.

¿Le gus­ta­ría en­con­trar al­go es­pe­cí­fi­co en Me­de­llín y por qué acep­tó ve­nir a la Fies­ta del Li­bro y la Cul­tu­ra?

En Me­de­llín me gus­ta­ría en­con­trar qui­zás un buen te­ma so­bre el cual pue­da es­cri­bir. Acep­té la in­vi­taj ción con mu­cha ale­gría. Me en­can­ta Co­lom­bia y he es­ta­do mu­chas ve­ces. Co­noz­co bien Bo­go­tá y Car­ta­ge­na, pe­ro no Me­de­llín. Di­cen que es im­perj di­ble. Ten­go mu­chas ga­nas de es­tar allí y bas­tan­te in­te­rés en sa­ber có­mo su­peró su pa­sa­do violento. La im­pre­sión que te­ne­mos de es­ta ciu­dad en Bra­sil es de un ejem­plo. Es una ex­pe­rien­cia pa­ra co­piar. Y yo, que soy de una ciu­dad com­ple­ja co­mo Río, ten­go bas­tan­te cu­rio­si­dad pa­ra apren­der un po­co so­bre Me­de­llín. •

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