Se­ño­res Ar­ca­dia:

Arcadia - - OPINIÓN -

COR­DIAL SA­LU­DO,

Me de­ci­dí a en­viar­les es­ta no­ta por­que con­si­de­ro la lec­tu­ra de es­ta re­vis­ta co­mo una de las más agra­da­bles ex­pe­rien­cias de es­ta vi­da. Us­te­des cree­rán que exa­ge­ro. Es ver­dad, pe­ro es por gus­to. Me encanta es­ta re­vis­ta, a pe­sar de que ya no pue­do dis­fru­tar­la co­mo an­tes, cuan­do la leía y la re­leía. Sus te­mas tan va­ria­dos y el len­gua­je uti­li­za­do, la no­ble­za y ama­bi­li­dad de los co­lum­nis­tas ha­cen que uno se enamo­re de es­ta. Se sien­ta uno a leer­la y no la suel­ta. Cam­bian de po­si­ción el cuer­po, la ca­be­za y el cue­llo, se cru­zan los pies, pe­ro no se suel­ta la re­vis­ta. Tre­men­dos ar­tícu­los. Se equi­vo­ca­ron los que afir­ma­ron que la in­ter­net aca­ba­ría con los li­bros. Es­ta­ban, no sé, crean­do una fal­sa alar­ma… Al con­tra­rio, se du­pli­có el amor por leer li­bros y re­vis­tas, pe­rió­di­cos, etc. No se pue­de com­pa­rar la fe­li­ci­dad y lo com­pla­ci­do que uno se sien­te con es­ta be­lla re­vis­ta en las ma­nos, o so­bre una me­sa, o en una ha­ma­ca, o a la ori­lla del mar. Se descansa, se re­to­ma, se duer­me; otra vez se re­ini­cia. Eso es vi­da.

La re­vis­ta se de­be a sus lec­to­res. No hay que te­mer­les, hay que es­cu­char­los. Es la úni­ca for­ma de ha­cer cul­tu­ra, y se em­pie­za con es­te lec­tor que les es­cri­be, ya que es­ta­mos tra­tan­do de im­pul­sar un pa­la­bre­río del río, aquí en Cau­ca­sia, An­tio­quia, en me­dio de una vio­len­cia ge­ne­ra­li­za­da de se­sen­ta años. En es­te Ba­jo Cau­ca el ta­len­to y la ca­pa­ci­dad poé­ti­ca de sus gen­tes cre­cen co­mo ma­le­za. Na­die los cul­ti­va y aun así se dan, con lu­jo de de­ta­lles. En cual­quier mo­men­to les en­vío frac­cio­nes de pro­duc­ción cul­tu­ral con la in­ten­ción de que al­go nos pu­bli­quen. Pe­ro la pre­gun­ta mía era otra, la mis­ma que ha­ce años me ha­go. Vol­vien­do a leer es­ta tre­men­da AR­CA­DIA, me de­ci­dí a re­pe­tir­la. Les pi­do per­dón de an­te­mano por no sa­ber. Mi pre­gun­ta es, con pro­tes­ta y to­do: ¿¡¡¡por qué no ha ve­ni­do la or­ques­ta del me­jor vio­li­nis­ta del mun­do, el ho­lan­dés An­dré Rieu, y su can­tan­te, la más be­lla, Mi­ru­sia Lou­wer­se!!!? No en­tien­do, yo es­toy aho­rran­do ha­ce años pa­ra el via­je y pa­ra com­prar mi bo­le­to. Y no es exa­ge­ra­do, via­jar a Car­ta­ge­na es más costoso que via­jar a Mia­mi o a Puer­to Plata, Pun­ta Ca­na, pe­ro no me im­por­ta... Al­gu­na vez leí que es­tos dis­tin­gui­dos per­so­na­jes siem­pre han que­ri­do vi­si­tar La He­roi­ca, pe­ro que na­die los in­vi­ta. Pen­sa­ba: “Se­rá que co­bran de­ma­sia­do”. Los ho­lan­de­ses tie­nen fa­ma de du­ros, peor que los es­pa­ño­les o fran­ce­ses o germanos. De he­cho, to­dos los eu­ro­peos... Pe­ro yo ha­ría lo que fue­ra por ver es­ta mag­ní­fi­ca or­ques­ta y su be­lla or­quí­dea que nos ha­ce llo­rar con su can­to. En­vié una no­ta a la doc­to­ra Ju­lia Sal­vi pre­gun­tan­do lo mis­mo, pe­ro qui­sie­ra leer tam­bién la res­pues­ta de us­te­des, los más au­to­ri­za­dos, creo, pa­ra ha­cer­lo.

Me encanta AR­CA­DIA, es to­da una rei­na de la cul­tu­ra, de ver­dad, lo me­jor de es­ta su­fri­da pa­tria. Con­gra­tu­la­cio­nes.

JUAN GUI­LLER­MO. CO­MU­NI­CA­DOR SO­CIAL Y PE­RIO­DIS­TA CAU­CA­SIA, AN­TIO­QUIA

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