Mi­nu­tos de ho­rror en El Po­bla­do

En un re­co­rri­do de me­nos de cien me­tros, una vol­que­ta sin fre­nos cau­só tragedia en Los Bal­sos.

El Colombiano - - METRO - Por GUS­TA­VO OS­PI­NA ZA­PA­TA ED­WIN BUS­TA­MAN­TE

Las lomas de El Po­bla­do si­guen de­jan­do víc­ti­mas por ac­ci­den­tes. Ayer, una per­so­na mu­rió y otras cin­co re­sul­ta­ron he­ri­das cuan­do una vol­que­ta se que­dó sin fre­nos en pleno des­cen­so por la lo­ma de Los Bal­sos.

Las es­ce­nas que se veían mi­nu­tos des­pués del per­can­ce su­ge­rían que po­día ha­ber ocu­rri­do una tragedia ma­yor, pues en su des­cen­so, el con­duc­tor de la vol­que­ta cho­có cua­tro ca­rros, cua­tro mo­tos y una re­tro­ex­ca­va­do­ra que se en­con­tró a su pa­so, al­gu­nos de los cua­les es­pe­ra­ban el cam­bio del se­má­fo­ro, en el cru­ce de la trans­ver­sal Su­pe­rior.

El cua­dro dra­má­ti­co: mo­tos en el pi­so, los cas­cos de sus con­duc­to­res dis­gre­ga­dos en la ca­lle y los vehícu­los atra­ve­sa­dos en la vía con las mar­cas de los gol­pes en sus la­tas. Y ya cer­ca del se­má­fo­ro, la vol­que­ta volteada y que­ma­da, con una mo­to in­crus­ta­da de­ba­jo de su cha­sis y en la par­te de­lan­te­ra una ca­mio­ne­ta To­yo­ta que ar­dió a la par con ella.

“Yo ve­nía ba­jan­do y de pron­to sen­tí un gua­ra­pa­zo, como si una mano gi­gan­te me hu­bie­ra da­do un es­tru­jo­na­zo”, na­rró Fe­li­pe Uri­be, un se­ñor con acen­to ex­tran­je­ro que con­du­cía una ca­mio­ne­ta Nis­san de co­lor gris, la cual fue im­pac­ta­da por la vol­que­ta.

Ex­pre­só que fue tal el sus­to, que pen­só que era su fin y has­ta al­can­zó a des­pe­dir­se.

“Gra­cias a Dios acá es­toy, pe­ro hay que ha­cer fuer­za por el se­ñor de la mo­to que sa­lió muy gra­ve y oja­lá se sal­ve”, co­men­tó ha­cia las 11:00 de la ma­ña­na, una ho­ra y vein­te mi­nu­tos des­pués del ac­ci­den­te.

A esa ho­ra, John Jairo Pino Mon­sal­ve, con­duc­tor de una de las mo­tos arro­lla­das, se de­ba­tía en­tre la vida y la muer­te en la Clí­ni­ca El Ro­sa­rio, de El Po­bla­do. Pe­ro ha­cia las 12: 30 de la tar­de, el Dagrd con­fir­mó que Pino, de 29 años, ha­bía fa­lle­ci­do y ni si­quie­ra por los gol­pes re­ci­bi­dos sino elec­tro­cu­ta­do.

“Él fue to­ca­do por uno de los ca­bles de ener­gía que se des­pren­die­ron de los pos­tes que tum­bó la vol­que­ta y era la úni­ca per­so­na gra­ve que fue tras­la­da­da un cen­tro mé­di­co”, con­fir­mó el di­rec­tor del or­ga­nis­mo de aten­ción y pre­ven­ción de emer­gen­cias, Carlos Al­ber­to Gil Valencia.

De los otros cin­co le­sio­na­dos, los or­ga­nis­mos de so­co­rro con­fir­ma­ron que tres fue­ron aten­di­dos en el lu­gar de los he­chos y otros dos fue­ron re­mi­ti­dos, con he­ri­das le­ves, a otros cen­tros asis­ten­cia­les.

Sin ener­gía va­rias ho­ras

Se­gún na­rra­ron tes­ti­gos, la ma­ña­na trans­cu­rría tran­qui­la en el sec­tor, don­de se cons­tru­ye un in­ter­cam­bio vial de las obras de va­lo­ri­za­ción y tam­bién se eje­cu­tan pro­yec­tos de vi­vien­da. De una de es­tas ur­ba­ni­za­cio­nes en cons­truc­ción fue de don­de ha­bría sa­li­do el au­to­mo­tor que cau­só la tragedia, con­fir­mó el Dagrd.

“No­so­tros es­tá­ba­mos en el apar­ta­men­to, sen­ti­mos una ex­plo­sión, nos aso­ma­mos y ya vi­mos fue el in­cen­dio”, re­la­tó An­drés Ro­drí­guez, ha­bi­tan­te de uno de los pi­sos más al­tos de un edi­fi­cio de la zo­na, des­de don­de fil­mó las es­ce­nas.

Des­ta­có la pron­ti­tud con la que ac­tua­ron los obre­ros del in­ter­cam­bio vial, que de in­me­dia­to, mien­tras lle­ga­ban los Bom­be­ros, so­co­rrie­ron a las per­so­nas que ha­bían si­do gol­pea­das por la vol­que­ta, que se vol­teó unos me­tros an­tes de lle­gar al cru­ce del se­má­fo­ro y lue­go se in­cen­dió. De no ha­ber ocu­rri­do así y si la vol­que­ta hu­bie­ra se­gui­do su ba­ja­da por la lo­ma, na­die sa­bría cal­cu­lar la di­men­sión del ac­ci­den­te: “Esos mu­cha­chos ac­tua­ron como hé­roes, sal­va­ron las vi­das de va­rias per­so­nas”, aña­dió An­drés.

En el ba­lan­ce, el Dagrd con­fir­mó que fue­ron diez vehícu­los los afec­ta­dos (cua­tro au­tos, una re­tro­ex­ca­va­do­ra, cua­tro mo­tos y la pro­pia vol­que­ta). La re­tro­ex­ca­va­do­ra, in­clu­so, fue el primer vehícu­lo co­li­sio­na­do y fue el que le mer­mó ve­lo­ci­dad. El con­duc­tor tam­bién se fue con­tra los pos­tes de ener­gía in­ten­tan­do fre­nar el ca­rro, por lo que de­jó va­rios en el pi­so y el ca­blea­do de la luz da­ña­do, obli­gan­do al cor­te del ser­vi­cio por va­rias ho­ras.

EPM con­fir­mó que pa­ra las ho­ras de la tar­de ya ten­dría res­ta­ble­ci­do el ser­vi­cio de ener­gía en la zo­na, que su­frió un co­lap­so vial por va­rias ho­ras.

“Yo subía en la mo­to con mi no­via y vi­mos que la vol­que­ta ve­nía sin fre­nos dán­do­le a to­do, nun­ca ha­bía sen­ti­do tan­to sus­to”, re­la­tó Sebastián Car­do­na, que no se ex­pli­ca có­mo pu­do reac­cio­nar a tiem­po y sal­var­se de ser arro­lla­do. Un so­lo mi­nu­to y El Po­bla­do vol­vió a vi­vir el ho­rror

FO­TO

Tes­ti­gos del he­cho, así como los ve­ci­nos del sec­tor, con­duc­to­res de vehícu­los im­pac­ta­dos y vo­ce­ros de los or­ga­nis­mos de so­co­rro ex­pre­sa­ban que fue ca­si un mi­la­gro que no se pre­sen­ta­ran más víc­ti­mas, da­da la di­men­sión del ac­ci­den­te.

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