Y que­dar­se

El Colombiano - - TENDENCIAS - JUAN AN­TO­NIO SÁN­CHEZ

Como to­da pro­fe­sión, con­si­de­ro que no es to­tal­men­te im­po­si­ble vi­vir de es­to, pe­ro exi­ge ser muy ri­gu­ro­so, muy dis­ci­pli­na­do, muy bueno”.

Jo­sé Fé­lix Lon­do­ño, di­rec­tor y ac­tor del tea­tro El True­que

“Más que un ofi­cio es una pa­sión. El tea­tro es un vi­cio, un amor, es como al­go que uno ha­ce con el al­ma y le me­te to­do su cuer­po y su ser a eso.

Yo lle­vo vein­te años de­di­ca­do com­ple­ta­men­te. Des­de que sa­lí del co­le­gio de­ci­dí que iba a de­di­car­me al tea­tro. Eso vie­ne en la san­gre. Mi pa­dre era ac­tor, tam­bién tea­tre­ro jo­ven y me ca­yó a mí esa ben­di­ta he­ren­cia. Mis pa­pás me apo­ya­ron to­tal­men­te. Sí ha­bía sus­to y mie­do, de qué va a vi­vir, pe­ro les he de­mos­tra­do que vi­vo del tea­tro y pa­ra el tea­tro.

Hi­ce la ca­rre­ra en la de An­tio­quia, pe­ro la ca­rre­ra prin­ci­pal me la ha da­do el queha­cer, el ofi­cio. Es­tar en gru­pos de tea­tro, tra­ba­jé con tea­tro El Fis­gón, con Ma­ta­can­de­las, La Ho­ra 25. Ha­cer un re­co­rri­do es la me­jor es­cue­la, el ofi­cio del ac­tor es es­tar siem­pre en las ta­blas. La es­cue­la te da unas teo­rías y unas pau­tas como pa­ra se­guir, pe­ro la ma­yor es­cue­la es el queha­cer.

Ha si­do un ca­mino de pe­leár­se­la uno, de no desis­tir, de dar cla­se. En es­te me­dio mu­chos ac­to­res no quie­ren ser pro­fe­so­res. Igual yo creo que es un sa­cri­fi­cio por­que mien-

tras uno es­tá dan­do cla­ses, en­se­ñan­do, es­tá tam­bién con ga­nas de en­sa­yar y mon­tar una obra. Yo creo que ese es el ob­je­ti­vo por el que uno es­tu­dia tea­tro, es­tar siem­pre en la es­ce­na. En es­te me­dio no da, te­nés que sub­sis­tir y dar cla­ses, que te obli­ga tam­bién a otro ti­po de es­tu­dio. El ma­yor ob­je­ti­vo que te­ne­mos o el ma­yor sa­cri­fi­cio es ese, sa­cri­fi­car la es­ce­na por ha­cer otros tra­ba­jos que igual tie­nen que ver con el ofi­cio, pe­ro que no son com­ple­ta­men­te vo­lun­ta­rios.

Ahí yo creo que es la con­tra­dic­ción, aun­que a mí no me cho­ca en­se­ñar tea­tro, de he­cho mu­chos alum­nos que han pa­sa­do por mis ma­nos ter­mi­nan en el gru­po. Yo creo que es apro­ve­char ese sa­cri­fi­cio en pro del tea­tro.

So­cial­men­te la fa­mi­lia te ha­ce re­cla­mos, el tiem­po pa­ra com­par­tir no es mu­cho y uno se pier­de las reu­nio­nes, el cum­plea­ños de la ma­má, por­que cuan­do uno es­tá en tan­tos ofi­cios se aís­la un po­co y yo par­ti­cu­lar­men­te es­toy en los de di­ri­gir, ac­tuar, es­cri­bir las obras. Yo creo que pa­ra mí el tea­tro es una to­ta­li­dad, y lo apli­co des­de to­dos los pun­tos de vis­ta. Por su­pues­to hay que tra­ba­jar el do­ble, es­tu­diar el do­ble. Yo me hi­ce di­rec­tor por ne­ce­si­dad, que­ría ha­cer mi tea­tro, y eso im­pli­ca que yo ten­go la vi­sión de lo que quie­ro. Pa­ra los ac­to­res es tam­bién un sa­cri­fi­cio por­que les to­ca ha­cer la es­ce­na con­mi­go, sin mí, yo des­de afue­ra, yo des­de aden­tro, en­ton­ces es un do­ble tra­ba­jo. Yo lo lla­ma­ría el tea­tro to­tal”

FO­TO

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