AS­PI­RO

El Colombiano - - OPINIÓN - Por RA­FAEL NIETO LOAIZA ra­fael­nie­to­loai­za@yahoo.com

Yo, que no he pre­ten­di­do si­quie­ra ser miem­bro de la jun­ta del edi­fi­cio en que vi­vo, he de­ci­di­do as­pi­rar a la can­di­da­tu­ra pre­si­den­cial por el Cen­tro De­mo­crá­ti­co. Soy can­di­da­to a ser can­di­da­to.

Han di­cho que no ten­go ex­pe­rien­cia elec­to­ral. Es ver­dad. Pe­ro tal co­sa no me in­ha­bi­li­ta pa­ra as­pi­rar y, en par­ti­cu­lar, no me ha im­pe­di­do pen­sar el país, sus ne­ce­si­da­des y sus so­lu­cio­nes, des­de ha­ce trein­ta y tan­tos años. Y co­no­cer­lo, no des­de la fría me­se­ta ca­pi­ta­li­na sino en sus con­fi­nes más le­ja­nos, que he re­co­rri­do des­de las épo­ca en que a pie, con mo­rral y car­pa, te­nía on­ce años, me iba de ex­cur­sión en el co­le­gio.

Mi ofi­cio, ade­más, ha exi­gi­do aten­der los pro­ble­mas de co­mu­ni­da­des, em­pre­sa­rios y agri­cul­to­res a lo lar­go y an­cho de nues­tra geo­gra­fía, de La Gua­ji­ra al Pu­tu­ma­yo, del Vi­cha­da al Cho­có. Es­te es un país de re­gio­nes y de gran­des ciu­da­des, con pro­ble­mas te­rri­to­ria­les dis­tin­tos, y sus so­lu­cio­nes tie­nen que cons­truir­se tam­bién re­gio­nal y lo­cal­men­te y ser apo­ya­dos des­de el Go­bierno cen­tral. Hay que go­ber­nar con dis­tan­cia del es­ta­ble­ci­mien­to bo­go­tano que en­car­na San­tos, in­ca­paz de ver más allá de los ce­rros en que se en­cie­rra la ca­pi­tal.

Si bien nunca he he­cho po­lí­ti­ca, sí co­noz­co de cer­ca el fun­cio­na­mien­to de nues­tro Es­ta­do y del Go­bierno. Fui ase­sor por va­rios años del Mi­nis­te­rio de De­fen­sa y vi­ce­mi­nis­tro en el Mi­nis­te­rio de In­te­rior y Justicia. Y con­sul­tor en Amé­ri­ca La­ti­na del PNUD en asun­tos de se­gu­ri­dad y justicia, dos de los te­mas más sus­tan­ti­vos en nues­tras so­cie­da­des. Sé lo que no fun­cio­na de la ma­qui­na­ria es­ta­tal y creo co­no­cer las so­lu­cio­nes.

Voy a de­fen­der po­lí­ti­cas y pro­gra­mas de los que es­toy con­ven­ci­do y so­bre los que he tra­ta­do en mis co­lum­nas des­de se­gun­do año de ca­rre­ra en la uni­ver­si­dad. Y si bien ten­go muy cla­ras mis ideas y por años he de­ba­ti­do so­bre ellas, no ha­ré un ejer­ci­cio sec­ta­rio ni de po­la­ri­za­ción. In­tu­yo al país har­to de pug­nas y en­fren­ta­mien­tos ideo­ló­gi­cos y per­so­na­les. Pro­pon­dré y de­fen­de­ré so­lu­cio­nes con­cre­tas pa­ra las ne­ce­si­da­des reales. Es la bús­que­da de so­lu- cio­nes pa­ra el bie­nes­tar del pue­blo la ta­rea del go­ber­nan­te. La gen­te no co­me de­re­cha ni cen­tro ni iz­quier­da, sino car­ne y le­che.

No me in­tere­sa la can­di­da­tu­ra por va­ni­dad. La po­lí­ti­ca tie­ne que vol­ver a ser el ser­vi­cio a los de­más y no la sa­tis­fac­ción de los in­tere­ses per­so­na­les o, peor, el co­to de ca­za de los ban­di­dos que le qui­tan el pan de la bo­ca a los ciudadanos. Me postulo por­que creo que el país vi­ve una co­yun­tu­ra com­ple­jí­si­ma y son mu­chos los pe­li­gros que se ave­ci­nan. Y que nos van la vi­da y el fu­tu­ro de nuestros hi­jos, en co­rre­gir el rum­bo.

El go­bierno de San­tos y las Farc, alia­dos des­de la ne­go­cia­ción y cóm­pli­ces pa­ra vio­lar la de­mo­cra­cia y des­co­no­cer la vo­lun­tad po­pu­lar ex­pre­sa­da en el ple­bis­ci­to, son dos ca­ras de la mis­ma mo­ne­da. En­tre am­bos nos han lle­va­do has­ta el bor­de del pre­ci­pi­cio. Si no ac­tua­mos ya, nos des­pe­ña­re­mos co­mo nuestros ve­ci­nos. Hay que ga­nar en el 2018.

Pa­ra esa vic­to­ria es in­dis­pen­sa­ble tra­ba­jar en equi­po y en una gran alian­za re­pu­bli­ca­na. Es­te no es y no pue­de ser un pro­yec­to per­so­nal sino un es­fuer­zo con­jun­to que de­be am­pliar­se a to­dos los que con­si­de­ra­mos que la vi­da de­mo­crá­ti­ca es­tá en pe­li­gro y que es inacep­ta­ble que los que han ma­ta­do, se­cues­tra­do y se han de­di­ca­do al cri­men y al nar­co­trá­fi­co por cin­cuen­ta años ten­gan más be­ne­fi­cios del Es­ta­do que los ciudadanos ho­nes­tos y tra­ba­ja­do­res que nunca han de­lin­qui­do.

¡Ape­nas es­ta se­ma­na, des­de Ca­sa de Na­ri­ño se anun­cia­ba, por un la­do, un mi­llón de pe­sos men­sua­les pa­ra los nar­co­cul­ti­va­do­res y, por el otro, se de­cía que no ha­bía pla­ta pa­ra los maes­tros! El go­bierno de San­tos y las Farc han pro­ba­do que ser pi­llo pa­ga.

Colombia ne­ce­si­ta que le de­mos una mano, una mano res­pon­sa­ble y so­li­da­ria, pa­ra que en­tre to­dos cons­tru­ya­mos el país jus­to y de pro­pie­ta­rios que me­re­ce­mos. Una mano ama­ble y ge­ne­ro­sa que, sin em­bar­go, de­be con­ver­tir­se en un pu­ño pa­ra com­ba­tir a los vio­len­tos, a los co­rrup­tos y a los cri­mi­na­les. ¡Pa­so de ven­ce­do­res!

No me in­tere­sa la can­di­da­tu­ra por va­ni­dad. Me postulo por­que creo que el país vi­ve una co­yun­tu­ra com­ple­jí­si­ma y son mu­chos los pe­li­gros que se ave­ci­nan. En­tre el go­bierno San­tos y las Farc nos han lle­va­do al bor­de del pre­ci­pi­cio.

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