LAS CO­SAS POR SU NOM­BRE

El Colombiano - - OPINIÓN - Por JUAN CA­MI­LO PA­RRA RESTREPO Uni­ver­si­dad de An­tio­quia Fac. de Cien­cia Política, 6° se­mes­tre. juan.pa­rra3@udea.edu.co

Mis prin­ci­pios y va­lo­res de­mo­crá­ti­cos me obli­gan a lla­mar las co­sas co­mo son. To­do por su nom­bre, de ma­ne­ra cla­ra. No se pue­de ne­gar lo in­ne­ga­ble. Pues­to que, la política no siem­pre pue­de te­ner po­si­cio­nes tí­mi­das. Las co­sas por su nom­bre: el ré­gi­men po­lí­ti­co que go­bier­na a Ve­ne­zue­la es una dic­ta­du­ra.

¿Qué es lo con­tra­rio a la dic­ta­du­ra? La de­mo­cra­cia, ca­rac­te­ri­za­da por la rea­li­za­ción de elec­cio­nes li­bres, equi­li­brio y se­pa­ra­ción de po­de­res; pe­ro, so­bre to­do, por el res­pe­to a la li­ber­tad de los ciu­da­da­nos. Las de­mo­cra­cias creen y fo­men­tan la li­ber­tad de ex­pre­sión y de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Las de­mo­cra­cias no per­mi­ten el ejer­ci­cio de la política con ar­mas.

To­das las ca­rac­te­rís­ti­cas an­te­rio­res han si­do vio­la­das por el go­bierno de Ni­co­lás Ma­du­ro de su an­te­ce­sor Hu­go Chá­vez. No hay res­pe­to y ga­ran­tía de los va­lo­res de­mo­crá­ti­cos. En cam­bio, se ha ro­to el equi­li­brio de po­de­res, la al­ter­nan­cia en el po­der y se ha he­cho uso de la política con ar­mas, las ame­na­zas a la opo­si­ción, los ase­si­na­tos y una sis­te­má­ti­ca vio­la­ción de los de­re­chos hu­ma­nos.

En Ve­ne­zue­la, la dic­ta­du­ra ha ini­cia­do una política de re­pre­sión y des­truc­ción de la es­pe­ran­za. Por­que las dic­ta­du­ras sa­ben que su de­bi­li­dad es la es­pe­ran­za de cam­bio que al­ber­gan los ciu­da­da­nos. Es la po­si­bi­li­dad in­mi­nen­te del cam­bio, el pro­gre­so y la aper­tu­ra de­mo­crá­ti­ca lo que man­tie­ne vi­va la es­pe­ran­za y la ca­pa­ci­dad de pro­tes­ta de los ciu­da­da­nos.

En es­te sen­ti­do, la dic­ta­du­ra ve­ne­zo­la­na bus­ca eli­mi­nar esa es­pe­ran­za y con­so­li­dar su do­mi­nio so­bre el pue­blo ve­ne­zo­lano.

En de­fi­ni­ti­va, el ré­gi­men po­lí­ti­co de Ve­ne­zue­la de­be ser nom­bra­do co­mo lo que es: una dic­ta­du­ra. A las dic­ta­du­ras no se les ca­mu­fla, ni se les es­con­de en el si­len­cio o los eu­fe­mis­mos. A las dic­ta­du­ras se les nom­bra y se les en­ca­ra co­mo lo que son. Asu­mir al go­bierno ve­ne­zo­lano co­mo dic­ta­du­ra es el ma­yor ac­to de res­pon­sa­bi­li­dad que la co­mu­ni­dad in­ter­na­cio­nal pue­de co­me­ter con el pue­blo Ve­ne­zo­lano.

¡Ve­ne­zo­la­nos! ¡No se de­jen ro­bar su es­pe­ran­za! Por­que una vez la dic­ta­du­ra les qui­te es­te úl­ti­mo recurso ha­brán per­di­do su li­ber­tad. ¡Fuer­za Ve­ne­zue­la!

En de­fi­ni­ti­va, el ré­gi­men de Ve­ne­zue­la de­be ser nom­bra­do co­mo lo que es: una dic­ta­du­ra. A las dic­ta­du­ras no se les ca­mu­fla ni se les es­con­de en el si­len­cio.

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