JO­SÉ ALE­JAN­DRO PA­RRA RE­CO­RRE EL PAÍS EN TRES RUE­DAS

El Colombiano - - TEMA DEL DÍA - (Luz Éli­da Mo­li­na Ma­rín)

Tan so­lo fal­ta­ban dos días pa­ra que Jo­sé Ale­jan­dro Pa­rra Sán­chez ter­mi­na­rá su ser­vi­cio re­gu­lar en el Ejér­ci­to, cuan­do su­ce­dió la tra­ge­dia que cam­bia­ría to­do. Mien­tras cum­plía con la fun­ción de es­col­ta de un co­ro­nel en la lo­ca­li­dad de Sa­ra­ve­na, Arau­ca, una mi­na se ac­ti­vó al pa­so de la ca­ra­va­na mo­to­ri­za­da, en la que iba, y per­dió la mo­vi­li­dad de sus dos pier­nas. De eso ha­ce ya 20 años, y aun­que aún le due­le re­cor­dar lo que pa­só, aho­ra lo ha­ce sin esa tris­te­za que lo in­va­dió du­ran­te 14 años y que pu­do su­pe­rar gra­cias al de­por­te. Es­te bo­go­tano re­co­no­ce que al prin­ci­pio to­do fue ne­ga­ti­vo al no po­der­se va­ler por sí mis­mo. Se de­ses­pe­ró y en­tró en una de­pre­sión que lo man­tu­vo pos­tra­do sin ga­nas de vi­vir. Con ayu­da em­pe­zó a tra­ba­jar y lo único que no aban­do­nó fue el amor por las bi­ci­cle­tas. Des­de ha­ce 6 años, se ani­mó y pa­só por la ci­clo­vía. Allí vio va­rios com­pa­ñe­ros de Achi­lles (or­ga­ni­za­ción que tra­ba­ja con las per­so­nas víc­ti­mas de mi­nas an­ti­per­so­nal). Ellos se le acer­ca­ron, le co­men­ta­ron to­dos los be­ne­fi­cios y ayu­das que re­ci­bían y sem­ba­ron en él esa se­mi­lla que em­pe­zó a cre­cer to­dos los días. Lo pri­me­ro que hi­zo fue ir a un ta­ller de bi­ci­cle­tas pa­ra que le ayu­da­ran a fa­bri­car una

“El de­por­te nos ha ayu­da­do a re­cu­pe­rar in­te­gral­men­te a es­tos hé­roes de la pa­tria, pa­ra que vuel­van a vi­vir, a te­ner pro­yec­tos y me­tas nuevas pa­ra al­can­zar”. PIERRY DU­VÁN RA­MÍ­REZ Re­pre­sen­tan­te de Uni­ted for Co­lom­bia

pa­ra su nue­va con­di­ción. La pri­me­ra, re­cuer­da, te­nía una si­lla de ca­rro, lue­go la fue me­jo­ran­do has­ta lo­grar la ade­cua­da pa­ra en­tre­nar. Así, de a po­co, es­te hin­cha de Mi­llo­na­rios fue re­cu­pe­ran­do las ga­nas de vi­vir, se pu­so nuevas me­tas y em­pe­zó a re­co­rrer el país par­ti­ci­pan­do en ca­rre­ras. El grupo de ami­gos se fue ex­pan­dien­do y se con­vir­tió en una familia. Aho­ra Jo­sé Ale­jan­dro ya no pi­de más mi­la­gros. Es más, di­ce que no se ve otra vez con sus pier­nas fuer­tes y es­ta­bles, pues eso ya no es im­pe­di­men­to pa­ra es­tar con­ten­to. “Ya soy fe­liz, no ca­mino pe­ro co­rro y lo ha­go de­mos­trán­do­me que soy el me­jor, y lo soy no por ga­nar, sino por­que to­dos los días me le­van­to pen­san­do en ha­cer las co­sas bien, en te­ner un nue­vo re­to”, di­ce Jo­sé Ale­jan­dro. En la pla­ni­fi­ca­ción dia­ria de su vi­da siem­pre de­ja es­pa­cio pa­ra en­tre­nar. Es una ac­ti­vi­dad que dis­fru­ta, en la que com­par­te con ami­gos, y men­tal­men­te se ha­ce más fuer­te. El de­por­te lo oxi­ge­na y lo mo­ti­va a se­guir.

FOTO CAR­LOS VE­LÁS­QUEZ

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