La ava­lan­cha ve­ne­zo­la­na

Aun­que las ci­fras de Mi­gra­ción Co­lom­bia dan cuenta de 550.000 ve­ne­zo­la­nos en el país, el nú­me­ro pue­de ser dos ve­ces ma­yor de­bi­do a la fal­ta de re­gis­tros de los miles que in­gre­san a diario por tro­chas co­mo ‘La Cor­ti­ca’, en La Gua­ji­ra.

El Heraldo (Colombia) - - OPINIÓN -

La Cor­ti­ca’ es el nom­bre con el que lla­man a una de las 180 tro­chas de La Gua­ji­ra que co­mu­ni­can con Ve­ne­zue­la, por las que a diario en­tran y sa­len miles de ex­tran­je­ros sin con­trol ni re­gis­tro de las au­to­ri­da­des. Sin em­bar­go, es fre­cuen­te en­con­trar más de un re­tén a lo lar­go de es­tos ca­mi­nos, co­mo lo ex­pli­can los mis­mos ve­ne­zo­la­nos: el de la de­lin­cuen­cia co­mún, el de los in­dí­ge­nas y el de al­gu­nos miem­bros de las fuer­zas ar­ma­das del ve­cino país, que co­bran ca­da uno su ‘pea­je’.

El dra­ma no es ex­clu­si­vo de La Gua­ji­ra, se re­pi­te en los 2.200 ki­ló­me­tros de frontera, y hoy es uno de los ma­yo­res desafíos que afron­ta Co­lom­bia: la diás­po­ra ve­ne­zo­la­na. Las imá­ge­nes de miles de ve­ne­zo­la­nos re­pre­sa­dos en la frontera con Cú­cu­ta le die­ron la vuel­ta al mun­do la se­ma­na pa­sa­da, lue­go de que el Go­bierno na­cio­nal pu­sie­ra en prác­ti­ca con­tro­les mi­gra­to­rios más exi­gen­tes. La si­tua­ción no es nue­va, pe­ro des­de me­dia­dos de 2017 se ha con­ver­ti­do en un gran do­lor de ca­be­za pa­ra los man­da­ta­rios lo­ca­les de to­do el país: hos­pi­ta­les que no dan abas­to, au­men­to de las ven­tas ca­lle­je­ras y la men­di­ci­dad, ni­ños que no pue­den es­tu­diar por fal­ta de do­cu­men­ta­ción, in­cre­men­to de la par­ti­ci­pa­ción de ex­tran­je­ros en ac­tos de­lic­ti­vos, en fin, un pul­po de cien ten­tácu­los pa­ra el que na­die es­ta­ba pre­pa­ra­do.

Si bien las ci­fras de Mi­gra­ción Co­lom­bia dan cuenta de 550.000 ve­ne­zo­la­nos en el país a cor­te de 2017, el nú­me­ro pue­de ser dos ve­ces ma­yor de­bi­do a la fal­ta de re­gis­tros de los miles que in­gre­san a diario por tro­chas co­mo ‘La Cor­ti­ca’.

An­tes, el flu­jo por las tro­chas era si­mi­lar en­tre los que iban y ve­nían. Los ve­ne­zo­la­nos in­gre­sa­ban en bus­ca de ali­men­tos, ro­pa, me­di­ci­nas y pro­duc­tos bá­si­cos, con los que re­gre­sa­ban a su país en ho­ras de la tar­de o al si­guien­te día. Aho­ra la ma­yo­ría vie­ne con el ob­je­ti­vo de que­dar­se y con­se­guir tra­ba­jo pa­ra man­dar di­ne­ro a sus se­res que­ri­dos. Pa­ra con­tro­lar la cri­sis mi­gra­to­ria, el pre­si­den­te San­tos or­de­nó sus­pen­der la ex­pe­di­ción de la Tar­je­ta de Mo­vi­li­dad Fron­te­ri­za (TMF), que ope­ra des­de ma­yo de 2017, por lo que aho­ra los ve­ne­zo­la­nos que desean in­gre­sar al te­rri­to­rio na­cio­nal de­ben pre­sen­tar el pa­sa­por­te vi­gen­te. Ade­más, la se­gu­ri­dad en la frontera fue re­for­za­da con 3.000 mi­li­ta­res y po­li­cías, y fue crea­do el Gru­po Es­pe­cial Mi­gra­to­rio (GEM), que cuenta con fun­cio­na­rios de Mi­gra­ción Co­lom­bia, Po­li­cía, Icbf y Dian.

Pe­ro no es su­fi­cien­te. Los de­par­ta­men­tos cer­ca­nos a la frontera son los más afec­ta­dos por un pro­ble­ma que ha des­bor­da­do a los go­bier­nos lo­ca­les y que re­quie­re de ver­da­de­ras políticas de Es­ta­do. So­lo con es­tas se­rá po­si­ble que el fe­nó­meno mi­gra­to­rio no se sal­ga de con­trol y pro­vo­que con­se­cuen­cias in­de­sea­bles.

La pro­ble­má­ti­ca no es nue­va, pe­ro des­de me­dia­dos de 2017 ha des­bor­da­do los pla­nes de contingencia de los man­da­ta­rios lo­ca­les, en áreas co­mo sa­lud, es­pa­cio pú­bli­co y se­gu­ri­dad.

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