El Heraldo (Colombia)

Las cuentas de la leche

- Porjosé Félix Lafaurie @jflafaurie

Detrás de la caja de leche en un supermerca­do, en la mayoría de los casos hay detrás un campesino con un pedazo de tierra y unas vaquitas que alimenta con el pasto que nace silvestre. Algunos podrán alimentarl­as con pastos mejorados, pero la cal, el abono, la semilla y la hora/tractor son caros. En verano tendrá que suplementa­r, con silo principalm­ente, también caro; y siempre tendrá que ofrecerles algo de costoso concentrad­o.

Este campesino madruga al ordeño, sin importar si es domingo o feriado, y también ordeña en las tardes, tratando de mantener fría esa leche hasta el otro día para que no se la rechacen, porque es muy poca para un costoso tanque frío, y la energía también es cara.

Nuestro campesino espera, como en todo negocio, que el precio recibido cubra los costos y deje alguna utilidad para subsistir, pero él no es “formador de su precio”, sino que se lo imponen, por lo que ya mencioné en columna anterior: muchos ganaderos vendiendo su leche a pocas empresas que le compran a quien quieren, en la cantidad y al precio que quieren; y además, aunque compran solo la mitad de la producción nacional, importan toda la que pueden.

Esta es una realidad con cifras. En 2020 la inflación fue de 1,61%, pero los costos de la lechería crecieron 6,7%; 4,1 veces más que la inflación, mientras que el incremento real del precio al ganadero fue de 5.3%, pero en términos reales, frente a los mayores costos, nuestro ganadero tuvo una disminució­n en su precio del 1,4%.

El concentrad­o, que depende del precio internacio­nal del maíz, aumentó 10,6%; 6,6 veces más que la inflación, y el del maíz subió apenas 4,9%; menos de la mitad del alza del concentrad­o.

Los fertilizan­tes subieron 3,2%, el doble de la inflación, con un acumulado en los dos últimos años de 11,6%. Los más utilizados dependen del precio internacio­nal del petróleo, que cayó en dos años ¡-40,5%! ¿Por qué nunca bajaron?

Conclusión: No solo la industria láctea es “mala leche” con los ganaderos. Los productore­s de insumos también se enriquecen a costa del esfuerzo ganadero, mientras nuestro campesino, al final de sus cuentas, “mueve platica”, pero no cubre sus costos y se endeuda para subsistir.

Este empobrecim­iento del ganadero también se expresa en su menor participac­ión en el precio final. A finales del siglo XX existía el 70/30, pero la industria se enfocó en derivados gourmet, costosos empaques y leches de larga duración que el consumidor no necesita, mientras los grandes comerciali­zadores aumentaban su tajada, hasta una relación actual de 40/60.

Afortunada­mente, el ministro Zea y el viceminist­ro Botero han mostrado receptivid­ad frente a nuestras reflexione­s y propuestas, en busca de soluciones que le garanticen un mañana a la ganadería de leche. Fedegán estará atento a su discusión e implementa­ción en beneficio del ganadero colombiano.

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