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La Nacion (Costa Rica) - Revista Dominical - - EN ESTA EDICIÓN -

#l 27 de ju­lio de 1890, Vin­cent Van Gogh se dis­pa­ró con una pis­to­la en el pe­cho. El pin­tor ca­yó mor­tal­men­te he­ri­do y per­dió el co­no­ci­mien­to, mas no mu­rió. Cuan­do ho­ras des­pués des­per­tó des­orien­ta­do, el ar­tis­ta bus­có el ar­ma pa­ra com­ple­tar su sui­ci­dio, pe­ro no la en­con­tró.

Es­ta es la his­to­ria ofi­cial, acep­ta­da por la ma­yo­ría de es­tu­dio­sos de la vi­da del ge­nio ho­lan­dés. Del dis­pa­ro no hu­bo tes­ti­gos, ni se pu­do pre­ci­sar su es­ce­na­rio. Un Van Gogh ago­ni­zan­te y de­pri­mi­do fue la úni­ca fuen­te de­trás de la no­ti­cia de po­li­cia­les.

Vin­cet mu­rió el 29 de ju­lio, más de 24 ho­ras des­pués de ha­ber­se dis­pa­ra­do. Del ar­ma que uti­li­zó no se su­po nun­ca na­da, aun­que la le­yen­da di­ce que per­ma­ne­ció en­te­rra­da en un cam­po de tri­go de la lo­ca­li­dad fran­ce­sa de Au­vers­sur-Oi­se. Se es­pe­cu­la que ese tri­gal es­co­gi­do por Van Gogh pa­ra ter­mi­nar con su vi­da es el mis­mo que re­fle­jó en al­gu­nas obras pro­du­ci­das du­ran­te sus úl­ti­mos me­ses.

La pis­to­la que aca­bó con la exis­ten­cia de uno de los gran­des ge­nios de la plás­ti­ca es hoy par­te de la nue­va ex­hi­bi­ción del Mu­seo Van Gogh, de Áms­ter­dam. No hay cer­te­za de que sea jus­to el ar­ma que Vin­cent ha­bría em­pu­ña­do pe­ro las se­ña­les así lo in­di­can. Y, ade­más, ¿pa­ra qué con­tra­de­cir el mi­to?

El re­vól­ver, un Le­fau­cheux, fue ha­lla­do en un cam­po de Au­vers-sur-Oi­se a me­dia­dos del si­glo pa­sa­do y per­ma­ne­ció ocul­to al pú­bli­co, co­mo par­te de una co­lec­ción pri­va­da, has­ta el 2012.

El ar­ma ori­gi­nal evi­den­cia el des­gas­te pro­pio de ha­ber pa­sa­do más de 50 años ba­jo la tie­rra. De ahí que los res­pon­sa­bles de la ex­hi­bi­ción la mues­tren al la­do de un mo­de­lo si­mi­lar en buen es­ta­do, a fin de que los vi­si­tan­tes ten­gan cla­ri­dad so­bre el ins­tru­men­to uti­li­za­do por Van Gogh pa­ra aca­bar con una vi­da cas­ti­ga­da por la en­fer­me­dad men­tal, a sus 37 años.

La mues­tra Al bor­de de la lo­cu­ra re­co­ge obras que Van Gogh pin­tó en el úl­ti­mo año y me­dio de su vi­da, así co­mo do­cu­men­tos alu­si­vos a su frá­gil sa­lud men­tal.

Ade­más de la pis­to­la, en la ex­hi­bi­ción tam­bién lla­ma la aten­ción un bo­ce­to, no del pin­tor, sino de un mé­di­co fran­cés. El di­bu­jo del doc­tor Fe­lix Rey –quien tra­tó al ar­tis­ta– mues­tra con su­fi­cien­te de­ta­lle cuán­to fue lo que Van Gogh se cor­tó de la ore­ja iz­quier­da: ca­si to­da.

El do­cu­men­to fue ha­lla­do ha­ce poco en una uni­ver­si­dad es­ta­dou­ni­den­se.

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