Ra­quet­bo­lis­ta ti­co va por el nú­me­ro uno del mun­do en ran­king mun­dial

ES­PE­RA AU­MEN­TAR PO­SI­CIO­NES EN LOS JUE­GOS PA­NA­ME­RI­CA­NOS DE CHI­LE EN MAR­ZO

La Republica - - ACCIÓN - Ja­vier Car­va­jal jcar­va­jal@la­re­pu­bli­ca.net

Al ver televisión, es­pe­cial­men­te los ni­ños, los per­so­na­jes que apa­re­cen en la pan­ta­lla chi­ca son sus mo­de­los a se­guir.

Lo mis­mo su­ce­dió con el cos­ta­rri­cen­se Fe­li­pe Camacho; quien al ver a los me­jo­res ju­ga­do­res de ra­quet­bol du­ran­te su in­fan­cia di­jo: “yo quie­ro ser co­mo ellos” y so­ñó con ser pro­fe­sio­nal.

Hoy, a sus 29 años, Camacho vi­ve su sue­ño y com­pi­te con esos que veía en la televisión cuan­do es­ta­ba en sus pri­me­ros años de vi­da. Es­ta vez es uno de ellos.

“Hoy en día es­toy aquí me­ti­do com­pi­tien­do con­tra ellos”, di­jo or­gu­llo­so de sus lo­gros el de­por­tis­ta na­cio­nal que tie­ne co­mo me­ta ser el nú­me­ro uno del ran­king mun­dial de ra­quet­bol.

El atle­ta se ubi­ca ac­tual­men­te en el pues­to 11 del es­ca­la­fón y es­pe­ra apro­ve­char las com­pe­ten­cias que ten­drá en mar­zo, abril y ma­yo pa­ra ga­nar más pun­tos que lo acer­quen a su me­ta.

El ti­co no so­lo ten­drá tor­neos pro­fe­sio­na­les en su país de re­si­den­cia, Estados Unidos; sino que tam­bién re­pre­sen­ta­rá al país en los jue­gos Pa­na­me­ri­ca­nos y los Cen­troa­me­ri­ca­nos y del Ca­ri­be en don­de es­pe­ra acer­car­se más a su ob­je­ti­vo.

“No pue­do de­cir que voy a ser el nu­me­ro uno del mun­do pe­ro es­toy tra­ba­jan­do pa­ra eso, es lo que quie­ro. Si yo no me sin­tie­ra ca­paz de lle­gar o ga­nar oro, no es­ta­ría aquí”, ase­gu­ró.

Sin em­bar­go, no to­do ha si­do “co­lor de rosa” y de­bió so­bre­lle­var mo­men­tos di­fí­ci­les pa­ra cum­plir las me­tas; es­pe­cial­men­te en un de­por­te que no cuen­ta con el apo­yo ne­ce­sa­rio.

En su ca­so, es­tu­vo en el pues­to ocho de la lis­ta; sin em­bar­go tu­vo li­mi­ta­cio­nes fi­nan­cie­ras que le im­pi­die­ron man­te­ner­se en di­cha po­si­ción.

Pe­se a las di­fi­cul­ta­des, con­fía ple­na­men­te en su en­tre­na­dor; a quien ca­ta­lo­ga co­mo de los me­jo­res del mun­do, y sa­be que no pue­de des­cui­dar el as­pec­to men­tal pa­ra cum­plir los ob­je­ti­vos que pro­pu­so.

Es por eso que en su vi­da co­ti­dia­na Camacho in­ten­ta man­te­ner los pies en la tie­rra y no des­cui­da la psi­co­lo­gía de­por­ti­va, al ser un ele­men­to cla­ve.

“Es­tu­ve de ocho en el mun­do, uno se sien­te bien de es­tar ahí. Sen­tí que co­mo ya es­ta­ba ahí, ya que im­por­ta y ja­más. Per­dí dos par­ti­dos que no po­día per­der, tu­ve que en­trar en aná­li­sis y eso fue lo que me abrió los ojos, us­ted si­gue sien­do la mis­ma per­so­na”, ar­gu­men­tó.

De igual ma­ne­ra hay mu­chos obs­tácu­los más que se de­ben su­pe­rar pa­ra lle­gar a es­tar en­tre los me­jo­res; co­mo lo es la pre­sión y el sa­cri­fi­cio.

“Men­tal­men­te hay una pre­sión cuan­do uno em­pie­za a su­bir pues­tos en el ran­king y ya hay ex­pec­ta­ti­vas y eso es lo di­fí­cil. Sin con­tar que lle­vo ca­si diez años vi­vien­do fue­ra del país. Son un mon­tón de co­si­tas que hay que sa­cri­fi­car”, di­jo.

Tam­bién en­vió un men­sa­je a to­dos los ni­ños que tie­nen un sue­ño y me­tas por cum­plir.

“Si uno se pro­po­ne al­go se le van a abrir puer­tas y así fue en mi ca­so. A uno lo que le to­ca es es­for­zar­se y ha­cer­lo bien”, fi­na­li­zó.

Camacho es­tu­dió en Co­lo­ra­do, Estados Unidos,

tras con­se­guir una be­ca de­por­ti­va

Cor­te­sía Her­ba­li­fe/La Re­pú­bli­ca

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