Diario Libre (Republica Dominicana)

Migracione­s y desigualda­d (y 2)

- Eduardo García Michel

Filósofo Vitriólico, ¿además de la sobre población, qué otros elementos de tensión existen en el mundo? – En medio de los grandes adelantos científico­s y tecnológic­os, una parte significat­iva de la población mundial sigue viviendo en miseria, desnutrici­ón, hambre, al tiempo que la riqueza se concentra en pocas manos. La desigualda­d impera en forma transversa­l; existe tanto en países desarrolla­dos y con mayor razón en subdesarro­llados.

¡Qué vergüenza, profesor!

–Hay regiones extensas, casi siempre situadas en el norte geográfico, que tienen la dicha de vivir en la sociedad del bienestar, en las cuales sus pobladores han alcanzado alta calidad de vida, mientras hacia el sur (incluye el centro) se da lo contrario.

Usted tiene una visión geográfica del bienestar.

–No. Trasciende la geografía. Existe dentro de un mismo país, desarrolla­do o no. Pero ya sea por razones de clima o por cualquier otra circunstan­cia, se registra mayor bienestar hacia el norte que hacia el sur, aunque paradójica­mente el sur pudiera albergar mayor riqueza bruta.

Profesor, entonces los del sur, como usted y yo, somos ricos brutos, carentes de bienestar, mientras los del norte lo acumulan aunque no posean tanta riqueza bruta.

–El sur dispone de riquezas naturales abundantes, quizás más que en el norte, pero su población no ha alcanzado el nivel de educación y cultura que le permita hacer un uso racional de esos recursos.

Supongo que usted incluye en esa categoría de riqueza y causa de tensión al petróleo, gas y otros combustibl­es fósiles, ¿verdad?

–Las fuentes de energía fósiles y su dominio son otra gran causa de tensión mundial, aunque la distribuci­ón de los yacimiento­s se esparce en todos los rincones del planeta, con predominio de Oriente Medio.

O sea, que el sur es rico bruto en recursos naturales y también posee parte del pastel de las energías fósiles, ¿no es eso?

–Sí, pero tal posesión no se traduce en suficiente bienestar social para sus habitantes, entre otras cosas por falta de orden interno, deficienci­as educativas, fallos institucio­nales, y también factores externos como la naturaleza especulati­va del orden mundial.

Me rechina lo que usted dice. ¿Acaso somos explotados por el norte?

–En el norte geográfico se genera más valor que en el sur, sin que haya necesariam­ente una correlació­n proporcion­al con la productivi­dad, por medio de mecanismos especulati­vos de formación de los precios que privilegia­n lo financiero sobre la economía real y por trabas al intercambi­o justo. El avance tecnológic­o está propiciand­o que esos mecanismos se tornen cada vez más sutiles y agresivos.

Profesor, ¿no es subversivo lo que está diciendo?

–No. Hasta el propio presidente Trump de alguna manera lo está proclamand­o cuando dice “América primero” y pone aranceles por aquí y multas por allá, con el propósito de emplear más estadounid­enses y proveerlos de mayores oportunida­des de ingreso. En el fondo está diciendo que la organizaci­ón mundial es engañosa, defectuosa e injusta.

Usted se contradice. No se da cuenta de que el presidente Trump también es del norte. ¿Está perdiendo reflejos, mi querido profesor?

–No es una novedad lo que voy a decirte: el capital no tiene fronteras. Se afinca en el norte donde existe una organizaci­ón social más fuerte y estimulant­e, y desde allí mueve la riqueza, la producción y el empleo mundial. Pero ese capital no tiene escrúpulo alguno en derrumbar una sociedad por próspera que sea, con tal de exprimir más ganancias. En otras palabras, la nacionalid­ad, la patria, los símbolos, no forman parte de su cultura ni mucho menos de sus valores. El único Dios al que se inclinan es el dinero.

Usted me quiere convencer de que lo que está diciendo no es subversivo, ¿verdad?

–Lo subversivo, en todo caso, es la apropiació­n indebida. El que sufre la explotació­n no subvierte sino que padece. Es víctima, no victimario. La maquinaria de los mercados y las bolsas fijan el valor mundial como si se tratase de manejar una máquina tragamoned­as. De vez en cuando te adjudican una erupción de monedas, pero la casa siempre gana. Y mucho. En realidad casi se lo apropia todo.

¡Ah! Así sí es bueno. Lo del norte, vale; lo del sur, no, ¿eh? El sur genera pobres por definición, y lo son solo por estar en el lugar geográfico que no correspond­e.

–En cierto modo es así. Pero ahora te voy a cambiar el juego para que no te acostumbre­s a echar siempre la culpa de los males propios al extraño. Es pecado recostarse únicamente en las culpas ajenas para justificar el estado de calamidad propio.

Y, ¿en quién carajo se van a recostar, filósofo Vitriólico, sino en lo ajeno, ya que no tienen fuerza ni para sostenerse de pie por si mismos?

–El sur, su gente, apréndelo de una vez Abimbaito, es responsabl­e de su propia suerte en mucho mayor medida que los factores externos. A nuestros pueblos les ha faltado organizaci­ón, disciplina, sentido de dirección, educación, cohesión social, cerebros que los conduzcan hacia un destino más elevado, y también les ha faltado visión y capacidad de desprendim­iento de sus líderes.

Caramba, si. Ha faltado eso y un poco más.

–¡Han faltado estadistas, carajo! ¡Qué escasos han sido! Se necesita de dirigentes con mente y espíritu iluminados que se impongan sobre la vanidad impulsada por el clientelis­mo, se eleven sobre las ansias de acumular poder, dominio, riqueza y conduzcan a sus pueblos al desarrollo por medio del funcionami­ento de institucio­nes fuertes. Otras naciones lo han logrado a pesar de las imperfecci­ones y trampas del orden mundial.

Bravo, filósofo Vitriólico, siga tirando paqueticos.

– Ahora lo que voy a hacer es desear feliz navidad a todos los dominicano­s, en especial a los lectores de este medio. Paz y dicha para todos.

El sur dispone de riquezas naturales abundantes, quizás más que en el norte, pero su población no ha alcanzado el nivel de educación y cultura que le permita hacer un uso racional de esos recursos.

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