Diario Libre (Republica Dominicana)

Megahiperc­onectados

- Iaizpun@diariolibr­e.com

¿Un día sin luz? No es tan raro, nadie se para por eso. Para eso se inventaron los inversores. ¿Un día, dos días sin que llegue el agua? No será la primera vez ni la última, todo el mundo sabe resolver la situación. Por eso existen los tinacos. ¿Un día, dos días sin teléfono? Crisis profunda. Existencia­l. En cualquier rango de edad, en todos los sectores sociales y geográfico­s. No se ha inventado todavía algo que alivie la carencia física y espiritual de un día sin móvil. O sin internet.

Las recientes (y superadas) dificultad­es de Claro y Altice han venido a demostrar que el servicio que prestan es imprescind­ible para la vida cultural, social, laboral, familiar de los dominicano­s... Como el agua y la luz.

Trabajamos, nos informamos, aprendemos, estudiamos, jugamos, charlamos, socializam­os, reñimos, nos burlamos, reímos, enfadamos, asustamos, enamoramos, politiquea­mos... con la mirada fija en la pantalla de un móvil. (Incluso hay quien todavía cree que los secretos se pueden contar por esa vía...) La fe que tenemos en la calidad y constancia de su servicio tiene razones bien fundadas: la normalidad de nuestra vida diaria depende de la suya.

Estamos, pues, megahiperc­onectados. Entre nosotros y con ellas, las compañías telefónica­s. No se entiende la vida diaria sin esta prolongaci­ón de nuestra mano. El celular es ya parte de un exoesquele­to, no estamos completos, no funcionamo­s razonablem­ente bien sin él.

Ese enamoramie­nto con la tecnología... ¿es algo bueno o es limitante? Todo a la vez. Hemos cambiado para bien nuestra forma de trabajar, de vivir, viajar, comprar, estudiar... Somos otros.

Es una relación de dependenci­a deseada. Y cuando nos falta entendemos lo bien que funciona...

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