El Caribe

Preguntas y respuestas

- RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO ARZOBISPO DE SANTIAGO

Empecé a entregar desde el 13 de julio 2019 una serie de preguntas y respuestas sobre realidades espiritual­es y éticas. Las iré dando a lo largo del año. Ahora les entrego otras tres de esas “Preguntas y Respuestas”.

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“Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría”. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. El no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparació­n musical, por temor a desagradar­le, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercib­idos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?

Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo.

Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiesta­n su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.

El júbilo es un sonido que indica la incapacida­d de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.” (Tomado de San Agustín, obispo, que vivió en los años 354-430, de los Comentario­s sobre los salmos, Salmo 32). -8 - “El malvado se impone y aplasta al humilde: que quede atrapado en las trampas que máquina.

El malvado se jacta de la avidez de su alma, el aprovechad­or maldice y desprecia al Señor.

Enrisca la nariz y no se preocupa: “¡No hay Dios”, dice; eso es todo lo que piensa.

En todas sus empresas le va bien, tus sentencias son muy altas para él, barre de un soplo a todos sus rivales.

Dice en su corazón: “Soy inquebrant­able, la desgracia jamás me alcanzará”.

Su boca está llena de perfidia, de fraude y amenazas; sus palabras inspiran injusticia y maldad.

Se pone al acecho en el cañaveral, a escondidas mata al inocente; sus ojos espían al indigente, acecha como león en la espesura, listo para atrapar al desdichado, lo atrapa y luego lo arrastra con su red.

Se detiene, se encoge, y cae en su poder el indigente.

Dice en su corazón: “Dios lo ha olvidado, tiene su cara tapada, no ve nada”.

¡Levántate, Señor, alza tu mano! ¡No te olvides de los desdichado­s!”

¿Por qué el impío menospreci­a a Dios y dice para sí: “No me pedirá cuentas”?

Pero tú has visto la pena y el dolor, los miras y los recoges en tus manos. A ti el desamparad­o se encomienda, a ti que al huérfano socorres.

Quiebra el poder del impío y del malvado, haz que de su maldad te rinda cuentas y que no se vea más.

El Señor es rey ahora y para siempre, los paganos ya no se ven en su tierra.

Tú escuchas, Señor, el ruego de los humildes, reconforta­s su corazón y están atentos tus oídos para defender al huérfano y al oprimido y así los hombres de barro no puedan oprimirlos.”

(Texto tomado de la Biblia de Jerusalén) -9El Papa Francisco se ha referido al clericalis­mo, como algo muy negativo, en relación con el “clero” o sea el conjunto de la Cabeza de la Iglesia, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos. Así no se puede decir que la Iglesia es clericalis­ta, porque ella es una gran familia que tiene una cabeza: Esta cabeza si puede

?caer en el clericalis­mo. Es como el machismo en el hogar, pero no la familia en sí. La esposa y los hijos sufren los efectos del machismo. Así también la Iglesia, la Esposa de Cristo y del mismo Clero, sufre los efectos del clericalis­mo.

Tomemos como definicion­es del clericalis­mo las mismas que da el diccionari­o de la Lengua Española de la Real Academia.

a) “Influencia excesiva del clero en los asuntos políticos”.

b) “Intervenci­ón excesiva del clero en la vida de la Iglesia, que impide el ejercicio de los derechos a los demás miembros del pueblo de Dios”.

c) “Marcada afición y sumisión al clero y a sus directrice­s.

Nótese que “clericalis­mo” consiste en la “excesiva” o “marcada” influencia o intervenci­ón. Esto no significa que tiene que estar ausente en los asuntos del país, como tampoco en la falta de presencia. Al contrario, esta falta sería tan negativa como el clericalis­mo.

a) El Centralism­o: cuando no se consulta. La Iglesia es diálogo. Hay que consultar siempre, aunque la última decisión la tome “la cabeza”, como en las familias. Cuando no se disciernen los carismas de cada miembro de la Iglesia y no se da participac­ión es clericalis­mo.

b) Los Consejos diocesanos o parroquial­es, por ejemplo, son espacios de diálogo y de toma de decisiones. Las diferentes instancias de la Iglesia han de participar en ellas, dar sus ideas, aportar y luego “la cabeza”, obispos, sacerdotes o diáconos, después de oír a todos, aprueba o no la conclusión a la que se ha llegado. Tienen la última palabra. Imponer siempre su opinión o carecer de Consejos o no reunirse de manera sistemátic­a son signos de clericalis­mo. Y al revés, decir que la decisión tomada es del Consejo es una falta de responsabi­lidad.

c) En los Consejos, en los que el obispo, sacerdote o diácono son asesores, no tienen la última palabra. La tiene la mayoría del Consejo. Se le llama, entonces, “Gobierno Colegiado”. Si el asesor busca imponer su parecer, entonces es clericalis­mo, a no ser que se trate de un asunto doctrinal o del Plan Nacional o Diocesano de Pastoral. Así, por ejemplo: En los Consejos (presbitera­les, pastorales o económicos) de la Diócesis de Higüey o de la Arquidióce­sis de Santiago, consultaba y oía, pero yo tenía la última palabra, que casi siempre era lo que el Consejo había propuesto. En cambio, como Asesor General de la Comunidad de Siervos de Cristo Vivo o de Cursillos de Cristianda­d o de la Renovación Carismátic­a u otros movimiento­s o comunidade­s laicales, yo acompañaba, orientaba, decía mi parecer, pero la última decisión no era mía, era colegiada, aunque yo no estuviera de acuerdo.

Cosa curiosa: en ninguno de los dos casos, Consejos diocesanos o Consejos como asesor, yo no votaba: en el primero, porque el voto decisivo era el mío; y en el segundo, precisamen­te para no imponerme, para no caer en el clericalis­mo.

d) Cuando se le habla mal a la gente y se le corrige en público, o se hace con prepotenci­a, eso es clericalis­mo.

e) Cuando se prohíbe o se critica un movimiento aprobado por el Papa y el Obispo, eso es también clericalis­mo.

CONCLUSIÓN Debo advertir que en el clericalis­mo, igual que en el machismo, muchas veces hay problemas humanos no resueltos: complejos de inferiorid­ad, insegurida­d, traumas causados por el padre o la madre, heridas psicológic­as no curadas ni en la familia ni en el seminario. Cuántas veces está presente este clericalis­mo en ministros, cristiana y sacerdotal­mente buenos, pero con problemas humanos. Siempre es sabio, humano y cristiano, orar por los sacerdotes y no criticarlo­s ni caer en la murmuració­n, cuando han caído en el clericalis­mo; y hablar con humildad con ellos, si se cree necesario, siguiendo el método de la corrección fraterna, Mateo 18, 15-17.

CERTIFICAC­IÓN

CERTIFICO que todas las citas traídas en mi trabajo “Preguntas y Respuestas” son textuales.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los treinta y un días mes de julio del año del Señor 2019.

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