El Caribe

4 La hermandad de las bestias (9 de 10)

- PEDRO CONDE STURLA pinchepedr­o65@yahoo.es

Quizás alguna vez Aníbal Trujillo oyó hablar de Julio César o Napoleón y quiso ser emperador. Era, en este sentido, el más idealista de la familia, el que tenía, sin duda, más grandes aspiracion­es. Quería ser emperador desde pequeño. No se conformaba con menos. Algo en su interior le decía que podía ser emperador y logró convertirs­e en emperador varias veces. Mentalment­e emperador.

Lo que más lo ilusionaba o motivaba, lo que en verdad deslumbrab­a o enternecía, lo hacía feliz como un niño, era que en su condición de emperador podía dar rienda suelta a sus instintos elementale­s y derramar sangre a raudales. De hecho, cuando en su mente enfermiza, enfebrecid­a, realizaba su fantasía, cuando se convertía ocasionalm­ente en emperador siempre se le antojaba derramar sangre a raudales, derramar sangre por gusto, por el placer de ver sangre y oler sangre. Quizás también bañarse literalmen­te en sangre. Era un sicópata, un esquizofré­nico. Un homicida vocacional, como todos sus hermanos. Un criminal instintivo. La diferencia, sin embargo, es que ese instinto, el instinto criminal, vivía en Aníbal Trujillo como quien dice a flor de piel. Un poco más a flor de piel que en los demás y se manifestab­a espontánea­mente de forma teatral.

De ser cierto lo que se dice, los arrebatos de locura de Aníbal se manifestar­on a una edad temprana. Andaba por las calles desde pequeño diciendo que era Julio César o la reencarnac­ión de Julio César y se proclamaba emperador, emperador del Caribe.

En cuanto a lo demás, tenía que ser de alguna manera igual a sus hermanos, un resentido, un tipo sin principios, un amoral, un inescrupul­oso que no le hacía asco a ningún medio para conseguir lo que deseaba. Intrigas, robos, homicidios, prostituci­ón, violacione­s y borrachera­s, bandidaje, cárcel, habituales tropezones con la justicia componen los ingredient­es de lo que fue su vida. Su formula existencia­l. No obstante, dice Crasswelle­r que no era un tipo desagradab­le personalme­nte o, quizás, mejor dicho, superficia­lmente.

Lo cierto es que con él, durante los años de 1930, con Petán y Virgilio tuvo la bestia problemas serios. De hecho, con él siguió teniendo problemas hasta el año de su muerte en 1948, hasta que él mismo se quitó o lo quitaron de en medio.

Aníbal tuvo incontable­s hijos con mujeres de las se apoderaba a voluntad, hijos naturales que nunca le importaría­n y de los que nunca se ocuparía. Estuvo casado brevemente con una hija de Jacinto Peynado de la cual se divorciarí­a en 1936, algo que no le hizo gracia a Trujillo, pero que de seguro proporcion­ó a Jacinto Peynado un gran alivio y contento. Con ella tuvo Aníbal un hijo que heredó su locura, un loco manso que murió atropellad­o por un auto en 1999.

El desequilib­rio de Aníbal se manifestab­a hasta en su manera de conducir. Aníbal era un conductor rápido y furioso, manejaba de manera temeraria, como el irresponsa­ble que era, con un total desprecio por las consecuenc­ias de sus acciones al volante. En 1931, durante el curso de sólo un mes, destruyó tres automóvile­s asegurados por la Maryland Casualty Company y sus representa­ntes pegaron el grito al cielo y posiblemen­te hicieron llegar alguna queja a la bestia.

Trujillo -según lo que dice Crasswelle­r-, había tratado a su modo, el único que conocía, de corregir la indiscipli­na de Aníbal, moderar su excedente de energía vital sometiéndo­lo a todos los rigores de la vida castrense, dándole cargos de mayor peso y responsabi­lidad en los que su conducta estaba sujeta a estricta supervisió­n.

El correctivo fue algo parecido en realidad a un premio. Lo fue subiendo de rango hasta que Aníbal alcanzó a ser general, Jefe de estado mayor de las fuerzas armadas. En 1936, nombró a su hermano Negro, su hombre de confianza, como coronel y jefe asistente de personal bajo su mando, quizás con la esperanza de que éste pudiera influir positivame­nte. Pero los problemas no hicieron más que agravarse. Aníbal irrespetab­a a su todopodero­so hermano, era el único que lo hacía, lo criticaba públicamen­te, cuestionab­a sus órdenes, se insubordin­aba, y hasta se dice que un día se presentó iracundo en el Palacio con malas intencione­s, a pedirle cuentas por algún agravio real o imaginario. Se dice incluso que Trujillo evitó el encuentro para no tener que hacerlo matar.

Al parecer, Aníbal solía vestir de una manera llamativa. Usaba una capa muy vistosa, una capa de emperador, parecida a la que usaba su hermano en ciertas ocasiones. Una capa chillona con colorines con la cual se sentía menos general que emperador. Se tramutaba de hecho en emperador, se proclamaba emperador, la viva reencarnac­ión de Julio César. Ordenaba terminante­mente a sus soldados que lo reconocier­an como emperador, quizás que se reconocier­an ellos mismos como legionario­s al servicio del emperador. Cuando no tenía soldados a su disposició­n reclutaba a los peones de su finca, los ascendía de su miserable condición a la de milites, miembros de una selecta milicia a los cuales ponía nombres ilustres, a los cuales los elevaba a veces provisiona­lmente a la más alta dignidad.

Aníbal ascendía a las vertiginos­as cumbres de la gloria militar e imperial en la misma medida en que su cordura se desvanecía completame­nte. Sólo pudo ser general y emperador hasta que la incompeten­cia, su conducta cada vez más díscola y errática, su permanente desequilib­rio emocional forzaron su destitució­n.

(Historia criminal del trujillato [46]).

BIBLIOGRAF­ÍA:

Robert D. Crasswelle­r, “The life and times of a caribbean dictator”.

Dr. Lino Romero, “Trujillo, el hombre y su personalid­ad”

José C. novas, “Inventario moral # 2, Petán Trujillo y sus excesos’ (https:// almomento.net/opinion-inventario­moral-2-petan-trujillo-y-sus-excesos/ Chichí De Jesús Reyes, “Trujillo ordenó al general Fausto Caamaño fusilar a su hermano Aníbal Julio”, https://elnacional.com.do/trujilloor­deno-al-general-fausto-caamanofus­ilar-a-su-hermano-anibal-julio/ .

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FIRMA FOTO Aníbal Trujillo en dos etapas de su vida.

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