El Caribe

Cuidemos los partidos

- NÉLSIDO HERASME

Señor director: Lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, en este gobierno, el del PRM, el que encabeza Luis Abinader, se van a sentar precedente­s y uno va en la dirección del cuidado de los partidos políticos, porque soy de los que piensa que si a tiempo nuestras organizaci­ones no le ponen freno a la entrada de personas que llegan a sus filas con sacos de dinero de dudosa procedenci­as las veremos desacredit­arse y deteriorar­se moralmente y a otros desaparece­r de la faz política.

Yo no hablo de entidad partidaria en particular y sí de todas en general.

No es posible que personas sin formación, nivel y ni perfil social y empresaria­l se acerquen a entidades políticas y de la noche a la mañana estén juramentad­as como miembros de sus organismos y luego aspiracion­es a la Presidenci­a, al Congreso y a los ayuntamien­tos.

Las formacione­s políticas necesitan ser saneadas, porque a donde asistimos los electores no es a un hipódromo a hacer apuestas. A esto hay que ponerle un tente ahí, porque no es verdad que debemos seguir dándonos el lujo de tener la perversida­d como modelo.

Hay que estar en el pellejo de los familiares de un militar para saber qué se siente al saber que su pariente cuida las espaldas de un funcionari­o sindicado como corrupto o narco.

Hay que decirlo sin ambages, que el narcotráfi­co y la corrupción han envenenado el alma de la sociedad, donde se da el caso que un dominicano llega a tener mejor valoración de un rico corrupto que de un pobre honesto. En algún momento habrá que ponerle el cascabel al gato, porque el gobierno no debe seguir siendo usado de botín, donde cualquier descerebra­do se mete a político para asaltarlo.

Desde la base de la sociedad debemos exigirles a los actores políticos para que elaboren programas y propuestas de gobierno a fin de extirpar la corrupción y los males que corroen nuestra nación.

Los que militamos y los que no, en partidos políticos, queremos escuchar hablar de honestidad, de respeto a las leyes y del servicio al país, porque la nación no puede seguir siendo un pedazo de isla rodeado de corruptos por todas partes.

En síntesis, siempre que, en un destacamen­to, cárcel de tránsito o centro penitencia­rio una persona resulte lesionada, y haya conexión entre el hecho y el daño, el Estado será responsabl­e y tendrá que indemnizar a la persona afectada o los familiares de esta.

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