El pa­pa Fran­cis­co con los jó­ve­nes

Listin Diario - - LA VIDA - PU­BLI­CA LOS DO­MIN­GOS MA­RU­CHI R. DE ELMÚDESI Pa­ra co­mu­ni­car­se con la au­to­ra mel­mu­de­si@hot­mail.com

El pri­mer fin de se­ma­na de es­te mes de oc­tu­bre, S.S. el pa­pa Fran­cis­co es­tu­vo en la Sa­la Pau­lo VI del Va­ti­cano, en la Asam­blea Si­no­dal con los jó­ve­nes, y vi a tra­vés de Te­le­vi­da, el ca­nal ca­tó­li­co de la fa­mi­lia, to­do el ac­to, que fue una ex­pe­rien­cia bien lin­da. Los jó­ve­nes ita­lia­nos y no ita­lia­nos, fue­ron ex­pre­san­do su tes­ti­mo­nio de vi­da de có­mo el Se­ñor Jesús los ha­bía res­ca­ta­do de su vi­da pa­sa­da, no siem­pre lle­na de bue­nas ex­pec­ta­ti­vas. Hu­bo lá­gri­mas en los ojos de los pre­sen­tes y me ima­gino que tam­bién de los que es­ta­ban en su ca­sa vien­do la te­le­vi­sión. Al fi­nal de los tes­ti­mo­nios, és­tos eran in­ter­cam­bia­dos por can­cio­nes del co­ro de Mon­te­ca­sino tam­bién de jó­ve­nes de am­bos se­xos con vo­ces pre­cio­sas. Al fi­nal, el pa­pa Fran­cis­co les agra­de­ció a to­dos su par­ti­ci­pa­ción y to­mó dos pa­la­bras del úl­ti­mo pá­rra­fo que tu­vie­ron los jó­ve­nes: po­der y cohe­ren­cia. Les di­jo que el po­der es el ser­vi­cio. Y que de­bie­ran ser siem­pre cohe­ren­tes con su vi­da. “Us­te­des jó­ve­nes, no son mer­can­cía que se ven­de al me­jor pos­tor. Us­te­des no es­tán en ven­ta, no se de­jen com­prar ni se­du­cir por los que quie­ren arrui­nar sus vi­das co­mo si fue­ran mer­can­cía ba­ra­ta. Us­te­des tie­nen va­lor en sí mis­mos. Y no tie­nen pre­cio. Di­gan: “No es­toy en ven­ta. Soy li­bre”. El cris­tiano de­be vi­vir las bie­na­ven­tu­ran­zas. Ca­da día, con­si­go mis­mo y con los de­más. Ten­gan cui­da­do con las webs. Pue­den ser un gran po­der pa­ra evan­ge­li­zar a los de­más, pe­ro ¡ojo! Con las in­ter­co­ne­xio­nes con lo di­gi­tal, a ve­ces son se­gu­ras, pe­ro otras, pue­den ter­mi­nar con una fa­mi­lia en la me­sa, ca­da uno con su ce­lu­lar, sin una re­la­ción con­cre­ta, real. To­do ca­mino pa­ra ser se­gu­ro, de­be de ser con­cre­to, y eso los lle­va­rá de­lan­te, cor­ten lo di­gi­tal que los pue­de lle­var por otro ca­mino. Re­cor­dar que el AMOR es el que abre to­das las puer­tas. No al po­pu­lis­mo. Un ca­mino que dé fru­tos”. Hu­bo en­ton­ces, un jo­ven que lle­vó una fo­to de él con su abue­lo, y di­jo que él con­ti­nua­men­te ha­bla­ba con su abue­lo. Y les pi­dió a los jó­ve­nes que ha­bla­ran con los abue­los, que ellos son las raí­ces de lo con­cre­to de sus vi­das. Si el ár­bol es­tá so­lo, no da fru­tos. To­do lo que ha flo­re­ci­do es por­que es­tá en­te­rra­do y aun­que no se ven sus raí­ces, és­tas, es­tán ahí, y us­te­des pue­den ser raí­ces pa­ra otros. Es im­por­tan­te igual­men­te te­ner el dis­cer­ni­mien­to vo­ca­cio­nal. Sa­ber pa­ra qué, han si­do lla­ma­dos por el Se­ñor, que es el que les lla­ma pa­ra vi­vir con­for­me a la fe y a Su Vo­lun­tad. Oja­lá ha­ber po­di­do es­cri­bir, to­das las pa­la­bras que S.S. el Pa­pa Fran­cis­co di­jo, por­que fue­ron pa­la­bras que me lle­ga­ron al al­ma. Amén!

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