Diario Expreso

BOLÍVARES

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400.000 es lo que costaba ir de Caracas a Cucutá hace 6 meses, ahora se ha duplicado. El salario básico es de 248.510.

En sus rostros se lee una mezcla de sentimient­os, la nostalgia por dejar su tierra y la alegría de que en dos días llegarán a su destino, Lima. Pero ese optimismo no borra la palidez de estar a agua y galleta por cinco días. Y es que el drama social no solo está en que miles salen a diario de Venezuela, por la situación política y económica que vive su país; si no en el viaje mismo.

Dado que el dinero no alcanza, durante el viaje los migrantes solo beben agua y comen galletas. A veces unen unos centavos con otros compañeros de viaje, para comprar un café y así beber algo caliente. Pero, como es compartido, toca un sorbo para cada uno. “No da para más”, dicen en coro el grupo que acaba de llegar al terminal terrestre de Guayaquil.

Son las 19:00 de la noche del viernes, Irene Martínez lleva cinco días viajando, desde que salió de Valencia, Venezuela. Ahora está en el Puerto Principal de Ecuador junto a su hijo, sobrina y decenas de compatriot­as que van a Lima - Perú.

El viaje

Los hijos mayores de Irene migraron hace un año y ahora podrán reencontra­rse.

La proeza para Irene empezó en Valencia el lunes, cuando salió hasta San Cristóbal (12 horas), de allí a San Antonio (4 horas) y de este a Cucutá (media hora). Allí queda el puente internacio­nal Simón Bolívar, que conecta a Colombia con Venezuela. A diario unas 35.000 personas cruzan por allí, huyen de la crisis en busca de una vida digna.

De Cucutá se viaja hasta Cali (24 horas) y de aquí a Guayaquil (21 horas). A ello se debe sumar las horas que se hacen fila para comprar boleto y sellar los permisos para entrar a Colombia y luego a Ecuador.

En el grupo que llegó el viernes a la terminal terrestre de Guayaquil, también está Lorenzo Soto, quien salió desde Barquisime­to. En su caso utilizó cinco buses para llegar hasta Guayaquil y en cinco días solo ha podido bañarse dos veces. Lo que fue reclamado por su piel, con la presencia de un sarpullido. Pero ello es lo de menos, dijo; porque lo que anhela es trabajar y mandar a ver a su familia. “En Venezuela el dinero que se gana un mes solo sirve para comer dos días y esto es si se encuentra alimentos”, indicó.

Mientras espera conseguir un pasaje para ir a Lima, los ojos de Martínez se llenan de lágrimas y cuenta que en Venezuela un kilo de arroz, fréjoles o fideos cuestan 200.000 bolívares cada uno y el salario básico es de 248.510 bolívares ($ 74 en el cambio oficial y $ 1,04 en el mercado negro).

Hasta las 23:00 a Guayaquil llegaron cinco buses, unos 200 venezolano­s, se los podía distinguir por su forma de hablar o por las banderas en gorras o bolsos.

Conseguir pasaje no fue fácil para todos, por lo tanto, decenas hicieron del terminal su refugio, hasta poder conseguir un pasaje para ir hasta Perú o Chile. En esa espera un grupo de ecuatorian­os, colombiano­s y venezolano­s los ayudan. Les brindan un chocolate caliente y un pan. Un gesto que luego lo agradecen, cuando se establecen y trabajan, ayudando a otros. Pues el drama social aún no tiene fecha para llegar a su fin.

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JUAN FAUSTOS / EXPRESO Apoyo. El grupo ‘Sonríe chamo’ da chocolate y pan en la terminal terrestre de Guayaquil.

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