Diario Expreso

La urbanizaci­ón Beata Mercedes Molina, bajo el agua

Una hora de lluvia colapsó una pared y dejó sin casa a una familia

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Zoila Montes, su hija y sus dos nietos están vivos de milagro. El aguacero que cayó la noche del pasado 18 de febrero sobre Guayaquil provocó que una pared de su casa, en la urbanizaci­ón Beata Mercedes Molina, colapsara y que el agua acumulada en el terreno vecino entrara a su vivienda y como consecuenc­ia sus enseres y hasta ellos flotaran.

La adulta mayor describe lo ocurrido como una pesadilla, pues todo sucedió una hora después de que comenzara a llover. Se disponían a dormir cuando escucharon un estruendo y luego su casa se transformó en un río. El agua les llegaba al cuello, ella, para no ser arrastrada por la corriente, se agarró del pasamanos de la escalera.

“Mi hija, quien es el único sustento

de la casa, quedó atrapada en el baño, no podía salir, se estaba ahogando. Mis dos nietos, de 18 y 14 años, estaban desesperad­os, pedían auxilio a los vecinos para que nos ayudaran a salir”, recuerda angustiada la septuagena­ria.

Con la colaboraci­ón de moradores, esta familia guayaquile­ña que desde hace 17 años reside en esta urbanizaci­ón ubicada en el kilómetro 16,5 de la vía a Daule, logró salir de la vivienda, donde el nivel del agua superaba el metro de altura.

Mercedes Garófalo reseña que sus dos hijos la estaban ayudando a sacar el agua, que también había entrado a su domicilio, cuando escucharon los gritos de sus vecinos de al frente. Pese al fuerte aguacero salieron a ver qué ocurría.

“Nunca nos imaginamos que algo de esa magnitud podía ocurrir, por poco todos se ahogan, con la ayuda de otros moradores tumbamos la puerta y los sacamos. Los muebles y otros enseres tapaban la entrada, estaban atrapados”, cuenta Mercedes, quien reside en la manzana 62.

En el sector de Villa Bonita (noroeste), desgracias como la ocurrida en la Beata Mercedes Molina no son ajenas para sus habitantes en cada invierno.

Estenia Litardo, quien desde hace más de dos años reside en esta zona, menciona que cada vez que llueve para ella y sus familiares es imposible conciliar el sueño. “Estamos pendiente de que no se moje nada, el agua que viene de los sectores que están a nuestro alrededor nos llega a la rodilla”, sostiene.

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CARLOS KLÍNGER / EXPRESO Afectados. Los electrodom­ésticos, en su mayoría, se dañaron. La ropa, en cambio, quedó flotando en el barrio.

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