So­fía Caiche “Mi tra­ba­jo es ser sexy”

Dominguero - - El Personaje - Por Ivon­ne La­go M. la­goi@ gra­na­sa. com. ec

So­fía Caiche lle­gó a Ecua­vi­sa por sor­pre­sa. Pa­co Cues­ta, co­no­ce­dor de su tra­ba­jo la in­clu­yó en la se­gun­da tem­po­ra­da de La Trinity don­de ha­ce el pa­pel de ‘ la otra’. En es­te rol, la ac­triz ex­plo­ta su la­do más sen­sual y pro­vo­ca­ti­vo lo que le ha ge­ne­ra­do mu­chas crí­ti­cas por par­te de se­gui­do­res cris­tia­nos evan­gé­li­cos, re­li­gión que pro­fe­sa ha­ce tres años. Cons­cien­te de que lle­ga­rá el mo­men­to de de­jar la ac­tua­ción, So­fía ha de­ci­di­do con­ti­nuar con sus es­tu­dios, pues su me­ta es con­ver­tir­se en ser­vi­do­ra pú­bli­ca. Es li­cen­cia­da en Ar­tes Es­cé­ni­cas por la uni­ver­si­dad Ca­sa Gran­de y pla­nea ha­cer una maes­tría en Ad­mi­nis­tra­ción Pú­bli­ca. De su apre­ta­da agen­da que im­pli­ca gra­bar du­ran­te ho­ras la se­rie, Caiche sa­có unos mi­nu­tos pa­ra con­ver­sar con DOMINGUERO acer­ca de sus triun­fos y fra­ca­sos que los to­ma co­mo ex­pe­rien­cias. ES­TÁS POR PRI­ME­RA VEZ EN ECUA­VI­SA... Sí, es mi pri­me­ra vez aquí, es­tu­ve 15 años en TC y 4 en Sí TV ( Ca­nal Uno). Pa­ra mí es­ta es una opor­tu­ni­dad de tra­ba­jo, es­tar en es­te gran ca­nal al que ja­más pen­sé lle­gar. Y TE REENCONTRASTE CON TU EX­JE­FE, PA­CO CUES­TA... Ima­gí­na­te, Pa­co Cues­ta fue mi pri­mer je­fe, jun­to a Jo­sé Ro­me­ro, ha­ce 20 años cuan­do em­pe­cé en tv y aho­ra se es­tá dan­do la opor­tu­ni­dad de re­en­con­trar­me con es­tos gran­des pro­fe­sio­na­les y se­res hu­ma­nos, quie­nes me han re­ci­bi­do con los bra­zos abier­tos. ¿ CUÁL ES TU PA­PEL DEN­TRO DE LA SE­RIE LA TRINITY? Es el de ‘ la otra’, y es su­per­gra­cio­so por que es­te per­so­na­je tie­ne 50 años, se cui­da bas­tan­te, le gus­ta ver­se sexy y tie­ne un hi­jo gran­de. Va a ha­ber mu­cho con­flic­to por­que el hom­bre a quien real­men­te ama es­tá ca­sa­do. En­ton­ces ese per­so­na­je tie­ne do­ble vi­da, do­ble ca­ra. ERES CRIS­TIA­NA EVAN­GÉ­LI­CA, ES­TA DUALIDAD EN­TRE LA RE­LI­GIÓN Y LOS PA­PE­LES SEXIS QUE HA­CES NO SE CON­VIER­TEN EN UN CHO­QUE, EN UN CON­FLIC­TO, ¿ HAS RE­CI­BI­DO CRÍ­TI­CAS DE LOS CRIS­TIA­NOS QUE TE SI­GUEN? Sí y mu­chas. Lo que pa­sa es que no creo en las re­li­gio­nes, pa­ra mí Dios no es re­li­gión. Dios ve nues­tros co­ra­zo­nes y si uno le en­tre­ga la vi­da a Él, eso es lo que im­por­ta. Mi tra­ba­jo es ser sexy, po­der ex­pe­ri­men­tar va­rias fa­ce­tas. Lo voy a ha­cer por­que es mi tra­ba­jo y soy un sus­ten­to im­por­tan­te en mi ho­gar, no me es­toy pros­ti­tu­yen­do, ni ex­hi­bién­do­me en la ca­lle, me vas a ver a dia­rio, así, des­pei­na­da, con jeans ro­tos y za­pa­ti­llas, pe­ro al mo­men­to de con­tar 5, 4, 3, 2... en­cien­de las lu­ces y la cá­ma­ra, soy otra mu­jer, la sexy lla­ma­ti­va, que sa­ca sus­pi­ros en al­gu­nos ca­ba­lle­ros, pe­ro se apa­gan las cá­ma­ras y re­gre­sa la So­fía que es­tá pen­dien­te de que tie­ne que cu­brir las deu­das de su ca­sa, de que a su hi­ja no le fal­te na­da, aho­ra es­tar pen­dien­te de mis nue­ve ga­tos, de ta­ba­jar, de se­guir es­tu­dian­do y pre­pa­rán­do­me por­que yo pa­go mis co­sas.

LLE­GA­RÁ EL MO­MEN­TO EN QUE DECIDAS DE­JAR LA ETA­PA DE MOSTRARTE SEXY...

Lle­ga­rá ese mo­men­to sí, en que de­ci­da de­jar es­ta eta­pa sexy y bus­car otro rum­bo por eso es­toy pre­pa­rán­do­me in­te­lec­tual­men­te por­que en al­gún mo­men­to quie­ro ocu­par un car­go pú­bli­co. Quie­ro es­tu­diar una maes­tría en Ad­mi­nis­tra­ción Pú­bli­ca. Cuan­do ha­ya tra­ba­jo hay que apro­ve­char­lo, por­que la si­tua­ción ac­tual no es­tá pa­ra de­cir no quie­ro. Me es­tán pa­gan­do bien y es­toy en un buen ca­nal.

PE­RO ESO NO SU­CE­DE EN LAS RE­DES, LA MA­YO­RÍA BUS­CA DES­TRUIR CON CO­MEN­TA­RIOS DES­UBI­CA­DOS...

Cuan­do las re­des sa­lie­ron a la luz eran al­go in­creí­ble, era al­go bueno, pa­ra dar pun­tos de vis­ta, se­guir a tus ar­tis­tas fa­vo­ri­tos, pe­ro con el trans­cur­so del tiem­po se han vuel­to na­ga­ti­vas, di­ría que son un mal ne­ce­sa­rio. Pe­ro no de­be de ser así, a ve­ces pe­lea­ba por­que me sa­ca­ban de qui­cio, lo que aho­ra ha­go es blo­quear, la mi­no­ría que juz­ga, se­ña­la, mo­les­ta y es­tre­sa, ni si­quie-

La nue­va con­tra­ta­ción de Ecua­vi­sa ha­bló de su con­tro­ver­sial per­so­na­je en La Trinity, del per­dón a sus ex­pa­re­jas y de las con­ver­sa­cio­nes que ha man­te­ni­do con Ar­man­do Pa­re­des, el pa­dre de su hi­ja.

ra tie­ne una foto de per­fil.

¿ TIE­NES ENEMI­GOS?

Que yo se­pa no los ten­go. A las per­so­nas de mi pa­sa­do, de mis re­la­cio­nes, apren­dí a per­do­nar­las de co­ra­zón, a de­jar­las ir y crée­me que en es­te mo­men­to sien­to que es­toy po­nien­do en prác­ti­ca mis pro­yec­tos, lo que de­seo ha­cer, es­toy su­per bien, es por eso que ya no ten­go car­gas o re­sen­ti­mien­tos que ve­nía arras­tran­do y no me ha­bía da­do cuen­ta. ¿ Y SI VIE­NE TU EX, ROBERTH ‘ GUFI’ Y TE DI­CE VOL­VA­MOS? No, eso ya no pue­de pa­sar. Eso no pue­de pa­sar. Es im­po­si­ble vol­ver.

NA­DA ES IM­PO­SI­BLE...

Hay im­po­si­bles ló­gi­cos e im­po­si­bles iló­gi­cos. Por­que yo me enamo­ré del hom­bre que es­ta­ba en­tre­ga­do a las co­sas de Dios, un hom­bre que sa­lía a pre­di­car, que irra­dia­ba paz, irra­dia­ba se­gu­ri­dad de que co­ja a jó­ve­nes de la ca­lle y les ha­ble de Dios y con el trans­cur­so del tiem­po esa per­so­na mu­rió, des­apa­re­ció por com­ple­to; aho­ra es otro ser hu­mano, en­ton­ces me di cuen­ta a tiem­po y to­mé la de­ci­sión ha­ce tres me­ses de de­cir, no va más es­ta re­la­ción. Pri­me­ro por mí, por­que yo sé lo que ne­ce­si­to. ¿ QUÉ ES LO QUE NE­CE­SI­TAS DE UNA PER­SO­NA? Que me ha­ga cre­cer es­pi­ri­tual­men­te y que no me ha­ga re­tro­ce­der, que me ayu­de en to­do. Él es una ex­ce­len­te per­so­na, buen hi­jo, buen her­mano, pe­ro di­ga­mos que es­te es un pro­ce­so que tie­ne que vi­vir­lo. Los se­res hu­ma­nos co­ge­mos ex­pe­rien­cias por las pro­pias y no por­que te lo di­cen, o te lo con­ta­ron o vis­te. Es ne­ce­sa­rio de que pue­da to­car fon­do, con lo que es­tá vi­vien­do y pa­san­do. Me da mu­cha pe­na, ha­blé con sus pa­pis ha­ce más de dos me­ses, y les ha­blé de la gen­te que lo es­ta­ba ro­dean­do gen­te ma­la y ne­ga­ti­va, alcohólica, mu­je­res de du­do­sa pro­ce­den­cia, fa­rras y la­men­ta­ble­men­te eso no lo va a lle­var a na­da bueno.

TE OÍ DE­CIR EN UNA EN­TRE­VIS­TA QUE LE GUS­TÓ TU MUN­DO. ¿ CREES QUE ESO LO APAR­TÓ DEL CA­MINO?

Tal vez, él se ha crea­do una gran men­ti­ra. Na­die pue­de ha­cer­lo cam­biar so­lo él, tie­ne que to­car fon­do tal vez me­ter­se en pro­ble­mas, pa­ra que pue­da apren­der. Lo per­do­né, su­frí una gran de­cep­ción, por­que es­ta re­la­ción to­có las fi­bras más de­li­ca­das de mi co­ra­zón, por­que lo en­tre­gué a bra­zos abier­tos, cuan­do lle­gué a co­no­cer­lo co­mo un hom­bre de Dios du­ra­mos 14 me­ses, y eso de que me en­tre­gó un ani­llo de com­pro­mi­so, era un pac­to de amor.

¿ VENDISTE EL ANI­LLO?

No. Es­tá guar­da­do ( ri­sas). Pa­ra mí fue una her­mo­sa re­la­ción. Apren­dí mu­cho de él, cuan­do era un hom­bre de Dios. Vi­vi­mos mo­men­tos lin­dos, pe­ro es me­jor ca­da uno por su la­do, yo se­guir con mis pro­yec­tos y él que ten­ga sus lec­cio­nes de vi­da. CUAN­DO UNO QUIE­RE OL­VI­DAR UN AMOR NO LE PO­NE EL APO­DO DE SU EX AL GA­TO... Mi ga­ti­ta se lla­ma ‘ Gu­fi­na’, y mi ga­ti­to adop­ta­do ‘ Gufi’ que­ría te­ner uno. No lo odio, la de­cep­ción de que me fa­lló co­mo hom­bre de Dios ya pa­só, si me lo en­cuen­tro en al­gún la­do, lo sa­lu­do, le doy un abra­zo y le doy mil ben­di­cio­nes. Con per­so­nas de mi pa­sa­do a las que apren­dí a per­do­nar con ellas pue­do to­mar­me un ca­fé y no pa­sa na­da. Con ‘ Ra­yo’’ pue­do to­mar­me un ca­fé y desear­le lo me­jor del mun­do.

¿ TE HAS VIS­TO CON ‘ RA­YO’?

Una vez lo en­con­tré en la ga­so­li­ne­ra de la av. Ore­lla­na, lo vi, le di un abra­zo le deseé lo me­jor y to­do que­dó en san­ta paz. Que cum­pla los sue­ños de su co­ra­zón que pue­da te­ner una per­so­na que va­ya a la par con él. Con Dios apren­dí a sa­nar las co­sas de mi co­ra­zón, tan­to así que pu­de man­te­ner con­tac­to con es­te chi­co Pa­re­des al­go que no po­día ha­cer­lo. ¿ TU­VIS­TE CON­TAC­TO CON AR­MAN­DO PA­RE­DES, EL PA­PÁ DE TU HI­JA? Él me es­cri­bió ha­ce unas tres se­ma­nas. Le prohi­bí que ha­bla­ra, que mos­tra­ra los chats y fotos de mi hi­ja. Tie­ne que que­dar a puer­ta ce­rra­da, le di­je que era al­go en­tre él, mi hi­ja y yo, na­die más. He­mos es­ta­do en con­ver­sa­cio­nes. Lo te­nía blo­quea­do de to­dos los nú­me­ros de los cua­les me lla­ma­ba. Le te- nía una bo­le­ta de au­xi­lio sin fe­cha de ca­du­ci­dad y le di­je que lle­ga­rá el mo­men­to en que él y yo nos sen­te­mos a con­ver­sar pa­ra tra­tar el te­ma de mi hi­ja. He­mos cha­tea­do y con­ver­sa­do de las co­sas que se van a dar y có­mo se es­tán dan­do. Le di­je te per­dono por el da­ño que me hi­cis­te, te per­dono por los ma­los mo­men­tos que me hi­cis­te pa­sar. AÑOS ATRÁS SE HI­ZO VI­RAL UN VÍ­DEO SE­XUAL DE PA­RE­DES CON UNA JO­VEN. ¿ AL­GU­NA VEZ HI­CIS­TE AL­GO SI­MI­LAR? Ja­más me he gra­ba­do, por eso mis­mo, por­que he si­do muy cui­da­do­sa. Eso es pe­li­gro­so. Tú crees que los bo­rras y se que­da en la me­mo­ria del ce­lu­lar. HA­CE PO­CO CIR­CU­LÓ UN SU­PUES­TO VÍ­DEO PA­RA ADUL­TOS DON­DE ERAS LA PRO­TA­GO­NIS­TA... Cuan­do pa­só lo del ví­deo no pu­de dor­mir. Des­pués de 21 años de ca­rre­ra que me ven­ga a pa­sar es­to. No soy una san­ta ni quie­ro ser­lo pe­ro he si­do cui­da­do­sa pa­ra esas vai­nas, den­tro de cua­tro pa­re­des y con la puer­ta ce­rra­da pue­des ha­cer el sal­to del ti­gre, del pio­jo, lo que te dé la ga­na, pe­ro gra­bar­te ja­más. Con eso las­ti­ma­ron a mi fa­mi­lia, mi ma­má de­vas­ta­da, mi pa­pá his­té­ri­co, ha­blé con San­tia­go por­que me preo­cu­pa la reac­ción de mi hi­jo. Que­dó cla­ro que no era yo.

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