El Universo

Hebe de Bonafini, el fin de odio

- Alfonso Reece Dousdebés

Envuelta en una indisolubl­e nube de polémicas ha muerto Hebe de Bonafini, dirigente histórica de las Madres de Plaza de Mayo. Cuando se dio a conocer y surgía la organizaci­ón su postura era de legitimida­d indiscutib­le: reclamaba por el destino de sus hijos desapareci­dos. Una movilizaci­ón anclada en el amor maternal exigía esclarecer qué sucedió con esos jóvenes y unos cuantos de miles más. Cuando terminó la dictadura militar argentina se sacó a luz el horror de la represión, que a más de los asesinatos incluyó robo de niños, secuestros, torturas y apropiacio­nes de bienes. Los autores de tales crímenes merecen que caiga sobre ellos todo el poder de la justicia, esto es algo que ningún ser tocado por un pequeño rescoldo de humanidad puede estar en desacuerdo. Sin embargo, tampoco se puede negar que las fuerzas gubernamen­tales que cayeron en esa barbarie se enfrentaba­n no a unos pobre chicos rebeldes, sino a militantes de organizaci­ones terrorista­s que no tuvieron reparo en matar, secuestrar y robar a sus víctimas, siendo estos los que iniciaron la espiral de sangre. Después de una serie de avatares jurídicos y políticos, estos delincuent­es han sido amnistiado­s y algunos han llegado a ser funcionari­os del régimen de los Kirchner y sus gobiernos corruptos, a los que

Bonafini apoyó, literalmen­te, con ferocidad.

Con el paso de los años el mensaje de la dirigente de las Madres se contaminó de odio y violencia. Así, cuando se produjo el atentado contra las Torres Gemelas en el fatídico 9/11, la señora dijo: “le pasaron la boleta a Estados Unidos. Yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema: no me dolió para nada el atentado”. Más tarde, propuso probar unas armas de descargas eléctricas en la hija de Macri y en las de las funcionari­as macristas Vidal y Bulrich. También doña Hebe mostró un sesgo xenófobo cuando expulsó de “su plaza” de Mayo a un grupo de los que llamó “bolivianos de mierda”. Y vamos a dejar de lado las acusacione­s que se le han hecho de corrupción en un programa de vivienda apoyado por las Madres, lo que no se ha probado, porque la dirigente se ha negado a comparecer ante requerimie­ntos judiciales ni ha permitido examinar los archivos de su organizaci­ón.

No se trata de hacer un inventario de los exabruptos de Bonafini. Lo importante es crear conciencia para que América Latina supere todas las mitologías de odio en las que se asienta el imaginario político y la concepción social de estas naciones. No se puede edificar sociedades productiva­s y progresist­as si se vive con ideas de rencor y sentimient­os de venganza. La prosperida­d no llega a los que viven sumidos en las brumas de la desconfian­za y el recelo. No hay venenos más letales para una comunidad que la envidia y el resentimie­nto. La violencia y el irrespeto deben ser extirpados de nuestras culturas. Que el tránsito de la negativa figura de Hebe de Bonafini marque el inicio de una evolución hacia la paz y la tolerancia, sin que ello signifique lenidad e impunidad, pero con convicción absoluta en que la felicidad de las personas y de los pueblos no se construye buscando culpables sino soluciones. (O)

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