“A mí me en­can­tó Moon­light, me en­can­tó de ver­dad y me pu­se con­ten­ta”

Diario El Heraldo - - Vida - HOLLY­WOOD El Heraldo dia­rio@el­he­ral­do.hn

El tér­mino La La Land de­fi­ne un lu­gar ideal don­de na­die sa­be real­men­te lo que pa­sa en el mun­do ex­te­rior. Y Los Án­ge­les, con el Os­car, es la ciu­dad más aso­cia­da a esa ex­pre­sión, por el mun­do in­te­rior de Holly­wood, don­de to­do pa­re­ce es­tar per­fec­to y na­die se preo­cu­pa por lo que pa­se afue­ra, aun­que a ve­ces des­tru­ya las es­pe­ran­zas y los co­ra­zo­nes de sus so­ña­do­res. Tal cual co­mo pa­só en la úl­ti­ma ce­re­mo­nia, cuan­do Wa­rren Beatty anun­ció co­mo Me­jor pe­lí­cu­la a La La Land, aun­que real­men­te ha­bía ga­na­do Moon­light. Pe­ro el Os­car de Em­ma Sto­ne no se lo pue­de qui­tar na­die. Y con ella es­tu­vi­mos pa­ra com­par­tir la po­lé­mi­ca y la glo­ria de ha­ber si­do pre­mia­da co­mo Me­jor ac­triz.

¿Tu­vo un sa­bor amar­go sa­ber que La La Land no ha­bía si­do real­men­te la ga­na­do­ra co­mo Me­jor pe­lí­cu­la, ape­nas des­pués de ha­ber re­ci­bi­do tu Os­car co­mo Me­jor ac­triz? A mí me en­can­tó Moon­light, me en­can­tó de ver­dad y me pu­se con­ten­ta por Moon­light. Y por su­pues­to, me pa­re­ció in­creí­ble es­cu­char el nom­bre de La La Land co­mo Me­jor pe­lí­cu­la. A to­dos nos hu­bie­ra en­can­ta­do ga­nar co­mo Me­jor pe­lí­cu­la, pe­ro de ver­dad me pu­se con­ten­ta por Moon­light. Me pa­re­ce que es una de las me­jo­res de to­dos los tiem­pos.

¿Fes­te­ja­ron igual los otros seis Os­car de La La Land? To­dos es­ta­ban muy con­fun­di­dos, con­ten­tos pe­ro con­fun­di­dos. La at­mós­fe­ra era muy ex­tra­ña...

¿Po­drías des­cri­bir có­mo vi­vis­te el mo­men­to en que La La Land de­jó de ser la Me­jor pe­lí­cu­la? No sé... Me pa­re­ció el mo­men­to más lo­co de la historia del Os­car. Me sen­tí en otro pla­ne­ta, pe­ro re­pi­to: me en­can­ta Moon­light, pe­ro lo que pa­só es muy ex­tra­ño pa­ra la historia del Os­car. ¿Qué crees que pa­só? Wa­rren Beatty di­jo que te­nía tu so­bre, el de Me­jor ac­triz, con tu nom­bre, en vez del de Me­jor pe­lí­cu­la? La ver­dad: Yo tu­ve con­mi­go, to­do el tiempo, la tar­je­ta con mi nom­bre co­mo Me­jor ac­triz, to­do el tiempo, con el so­bre. Así que no sé lo que ha­brá pa­sa­do real­men­te, tam­po­co quie­ro em­pe­zar con ru­mo­res, pe­ro yo te­nía la tar­je­ta con mi nom­bre. No sé qué pu­do ha­ber pa­sa­do real­men­te.

¿Cuán­to va­le un Os­car a la ho­ra de me­dir el sa­cri­fi­cio y la dis­ci­pli­na? ¿Se pue­de me­dir al­go así? Yo tu­ve de­ma­sia­da suer­te con la gen­te que siem­pre me ro­deó, los ami­gos y la fa­mi­lia que ten­go, la gen­te que siem­pre me le­van­ta en mi vi­da. Y en tér­mi­nos de sa­cri­fi­cio, esa mis­ma gen­te es la que tam­bién me acom­pa­ñó pa­ra ce­le­brar­lo. Ser una per­so­na crea­ti­va, al me­nos pa­ra mí, no sig­ni­fi­ca nin­gún sa­cri­fi­cio. Es lo me­jor que me pue­de pa­sar en la vi­da.

¿Y el Os­car te cam­bia en al­go? Es un ho­nor in­creí­ble y cam­bia to­do el jue­go de mi ca­rre­ra, pe­ro per­so­nal­men­te si­go sien­do la mis­ma, igual con la gen­te que amo. Na­da cam­bia cuan­do vuel­vo a mi ca­sa. No va a cam­biar na­da en ese sen­ti­do.

¿Cuál crees que fue el ma­yor desafío del rodaje de La La Land co­mo pa­ra me­re­cer­te un Os­car co­mo Me­jor ac­triz? Te di­ría que el bai­le de sa­lón fue lo más di­fí­cil por­que al­go me cla­va­ba un ner­vio en mi la­do iz­quier­do del cuer­po y la for­ma en que hay que pa­rar­se en el sa­lón de bai­le, me da­ba un do­lor que me lle­ga­ba has­ta los ojos ca­da vez que bai­lá­ba­mos así.

¿Con el Os­car en la mano... te con­si­de­ras una de las tan­tas so­ña­do­ras que cum­plie­ron el sue­ño de lle­gar le­jos en Holly­wood? Sí. Yo era una ver­da­de­ra so­ña­do­ra, cuan­do era más jo­ven. Pa­sé días en­te­ros en mi ha­bi­ta­ción fan­ta­sean­do so­bre las his­to­rias que que­ría con­tar. Leí mu­chos li­bros ima­gi­nan­do que yo era el per­so­na­je de la historia.

¿Y tus sue­ños hoy cam­bia­ron? Es una bue­na pre­gun­ta. Su­pon­go que mis sue­ños cam­bia­ron pa­ra vol­ver con los pies más so­bre la tie­rra. Aho­ra, pa­sa por te­ner una ca­sa có­mo­da don­de pue­da pa­sar bue­nos mo­men­tos con ami­gos o te­ner una fa­mi­lia. Se­ría al­go in­creí­ble te­ner hi­jos y una fa­mi­lia. To­dos los gran­des sue­ños por la cla­se de tra­ba­jo que pue­da te­ner o la gen­te con la que pue­da tra­ba­jar, hoy son tam­bién mu­cho más rea­lis­tas

Me pa­re­ció el mo­men­to más lo­co de la historia del Os­car. Me sen­tí en otro pla­ne­ta, pe­ro re­pi­to: me en­can­ta Moon­light”.

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