Apuntes

Diario El Heraldo - - País Política -

pío. A los re­fun­di­dos y a los pac has­ta les ar­den los de­dos de tan­to es­tar re­en­vian­do la nue­va de­cla­ra­ción del ca­chi­ro, que es­ta vez ha em­ba­rra­do al dipu­tado Tony Her­nán­dez, el her­mano me­nor de JOH. Lo ra­ro es que, cuan­do sa­ca­ron a bai­lar a “Car­lón” –el brot­her de Mel- con lo de la pis­ta de El Agua­ca­te, ni uno ni otro di­jo ni pío.

pAC. Al es­ti­lo Do­nald Trump, el se­ñor de la te­le­vi­sión ase­gu­ra que Juan Or­lan­do le tie­ne pin­cha­dos sus te­lé­fo­nos y que se quie­re apo­de­rar del Pac a pu­ro es­pio­na­je. Se­rá po­si­ble.

NU­Do. La Mar­le­ne y Wal­ter Ba­ne­gas es­tán he­chos un nu­do pa­ra no de­jar que el se­ñor de la te­le­vi­sión se las pon­ga y los de­je sil­ban­do en la lo­ma con el ade­lan­to de la asam­blea del Pac. Por lo me­nos ya con­si­guie­ron que los tres re­yes ma­gos del TSE les pa­ren bo­la y los re­ci­ban en sus apo­sen­tos. A ver, di­jo el cie­gui­to.

SE­RIA. De­cep­cio­na­da do­ña Au­ro­ra, la ma­má del es­tu­dian­te uni­ver­si­ta­rio que fue ase­si­na­do jun­to al hi­jo de la rec­to­ra, por lo que lla­mó el “frau­de des­co­mu­nal” en Li­bre. La se­ño­ra iba de can­di­da­ta a dipu­tada y de­nun­ció, con nom­bre y ape­lli­do, que Jor­ge Cá­lix le pi­dió que in­fla­ran las ur­nas y, cla­ro es­tá, ella, que es una mu­jer se­ria y ho­nes­ta, no se iba a pres­tar a eso.

CÁ­LIX. Pe­ro el dipu­tado Jor­ge Cá­lix ase­gu­ra que es pu­ra en­vi­dia que le tie­nen, so­lo por­que es el dipu­tado más vo­ta­do, y di­jo que cues­tio­nar los re­sul­ta­dos es des­co­no­cer y des­ca­li­fi­car to­do el tra­ba­jo que ha rea­li­za­do es­tos cua­tro años. Y es­to, di­ce, que es dipu­tado su­plen­te. Qué tal cuan­do sea pro­pie­ta­rio.

FAL­TA. Có­mo es po­si­ble, se pre­gun­tan al­gu­nos, que en Li­bre se ha­yan re­ven­ta­do a Pe­dro Joa­quín, no Cha­mo­rro, sino Ama­dor, cuan­do a ese mu­cha­cho so­lo le ha he­cho fal­ta dar la vi­da por su par­ti­do. So­lo por­que lo ven hu­mil­de y no es de la ar­go­lla. A la so­bri­na de Pa­tri­cia Ro­das bien que la me­tie­ron a la bra­va.

oTRoS. Es co­mo Mi­guel Briceño. Allí an­du­vo el mu­cha­cho con sus an­tor­chas en­cen­di­das y sus dis­cur­sos de ba­rri­ca­da, enar­bo­lan­do la ban­de­ra con­tra la corrupción y la in­de­cen­cia po­lí­ti­ca. Lue­go, se fue a me­ter a Li­bre, ¿y qué es lo que con­si­gue aho­ra? A otros bien que los han me­ti­do a la bra­va en esas pla­ni­llas.

REY. A Wil­fre­do Mén­dez, que es otro que se ha en­tre­ga­do en cuer­po y alma a Li­bre, tam­bién se lo tro­na­ron. Allí an­da de­nun­cian­do que le in­fla­ron las ur­nas y le agre­ga­ron ce­ros a las ac­tas que es un con­ten­to. Aun­que “Jor­gi­to” Al­da­na ju­ra que no es cier­to y que él es el rey.

1,500. Pa­ra que vean que no era ca­sa­ca ni po­pu­lis­mo elec­to­re­ro, Do­nald Trump ya pi­dió na­da me­nos que 1,500 mi­llo­nes de ver­de­ci­tos pa­ra em­pe­zar a cons­truir el mu­ro aquel, así es que, no hay más tren que el que pi­ta. De chas­ca­da, el hom­bre tam­bién do­bla­rá el nú­me­ro de agen­tes fron­te­ri­zos. Qué tal...

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