Diario El Heraldo

PUEBLOS DE PAZ

Por cuarto auo los municipios de Humuya, en Comayagua, y Alubarén, en Francisco Áorazán, son los únicos con cero homicidios. fialladoli­d, en Lempira, y Áercedes de Oriente, en La Paz, tienen uno en casi un lustro. En Caridad, fialle, y Potrerillo­s, El Par

- HUMUYA, COMAYAGUA 1 2 3

Son las 7:45 de la mañana. Un pequeño pero ornamental bulevar le da la bienvenida a Humuya, en el central departamen­to de Comayagua.

Un endeble y rudimentar­io cerco de alambre de púas, clavado entre árboles y pequeños palos que sirven como postes, es lo único que separa los patios frontales de las casas con la vía principal de acceso a este pintoresco pueblo.

Casas con techos de teja y paredes de adobe, muy aseadas y pintadas en colores atractivos tienen un aspecto distintivo, pero diferente, al de la mayoría de regiones del país: sus puertas permanecen abiertas.

Este detalle es un verdadero significad­o de la armonía con la que se vive en este municipio de Honduras, alejado, por mucho, de la violencia, las maras, el narcotráfi­co, las malas costumbres y la delincuenc­ia en general.

EL HERALDO se adentró en este y en otros cinco municipios, cuyo común denominado­r es que se han convertido en pueblos de paz.

Cero violencia

Con un promedio diario de entre 19 y 14 muertes vio- lentas diarias en los últimos cuatro años en el país, es difícil creer que hay municipios en Honduras en los que en ese mismo período de tiempo no han padecido ni un tan solo homicidio.

Hay otros casos, también muy relevantes, en los que en los últimos cuatro años solo se registraro­n uno o dos decesos en circunstan­cias de violencia.

La honorable distinción la ostentan solamente seis de los 298 municipios, que conforman los 112,492 kilómetros cuadrados que comprende nuestro territorio. Ellos se distinguen por tener los índices de violencia más bajos.

Según la estadístic­as del Observator­io de la Violencia de la Universida­d Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH), desde 2013 hasta la fecha, Humuya, en Comayagua, y Alubarén, en Francisco Morazán, reportan cero homicidios.

Valladolid, en Lempira, y Mercedes de Oriente, en La Paz, solo han tenido un homicidio cada uno. Caridad, en Valle, y Potrerillo­s, en El Paraíso, reportan solo dos muertes violentas.

“Nada nos quita el sueño”

Con una sonrisa impregnada de humildad y sencillez, don Fernando Vallecillo cuenta que “en Humuya la gente duerme de lo más tranquila, aquí no pierde el sueño uno, por nada, todos somos

como una gran familia, son familias grandes y todos nos conocemos”.

Otros como don José Adrián Molina, nativo del pacífico pueblo de Humuya, son del criterio que “la inculcació­n de valores morales en cada hogar son la base de la calma con la que hoy vivimos en este pueblo, dormimos afuera de las casas y no hay ningún problema”, comenta.

Con una lucidez pasmosa, casi a punto de cumplir un siglo de vida, a sus 94 años, doña Paulina Suazo es una de las personas más longevas de este poblado y relata que “aquí se vive tranquilo”.

Con sus ojos como el color del cielo, doña Paulina Suazo afirma sentirse dichosa de haber llegado a los años que tiene y de vivir en Humuya; también es una experta sobadora, de las reconocida­s en los pueblos.

Solo el ladrido de los perros

La quietud de Humuya, un

Ni un solo homicidio se registra desde el 2013 hasta la fecha en los municipios de Humuya y Alubarén.

pequeño pueblo al sur de Comayagua, es tal que “los soldados (en realidad policías preventivo­s) pasan descansand­o”, cuenta doña María Cristina Suazo, oriunda de este lugar.

“En la noche usted puede andar en todo el pueblo y no se mueve una hoja, solo los perros que ladran”, expresa doña María Cristina, mientras muele en el patio de su casa, en un molino de mano, varias libras de café previament­e tostado.

Y es que debido a la densidad poblaciona­l del municipio, pero más por la baja incidencia delictiva, solo hay dos agentes policiales asignados, mismos que aprovechan estas condicione­s para realizar trabajos comunitari­os.

Erick Valladares es uno de los agentes de la Policía Preventiva asignados y argumenta que “es uno de los municipios más tranquilos a nivel nacional porque no se dan asaltos, mucho menos homicidios”.

La estación policial pasa a ser una oficina estatal más, sin mucho tránsito de denuncias, pero abierta al servicio de la ciudadanía.

Parte vital del buen vivir

Este municipio cuenta con dos aldeas y 11 caseríos, todas tienen una escuela primaria y algunas de ellas hasta jardín de niños. Este aspecto, según sus pobladores, ha sido fundamenta­l para llevar la vida que hoy llevan, su gente se ha educado.

Maribel Santos, maestra y directora del Centro Básico José Cecilio del Valle, en el casco urbano de Humuya, señala que en sus 36 años de laborar en ese centro educativo ha conocido muy bien a sus alumnos y a los padres.

“Este es un pueblo muy tranquilo y laborioso, dedicado a trabajar en el campo y su gente es acogedora, al momento de una visita siempre se le da hospitalid­ad cuando necesita de alojamient­o”, destaca la maestra Santos. Aunque este pueblo goza de la tranquilid­ad añorada por otros, sus municipale­s no desconocen de las condicione­s de insegurida­d del país. Es por esto que a manera de prevención, recienteme­nte instalaron 13 cámaras de seguridad en todo el perímetro del casco urbano, con el fin de evitar acontecimi­entos que interrumpa­n su paz.

Alubarén

Un par de días después la brújula de EL HERALDO

cambió de norte. Enclavado en la ruta de lo que hoy se conoce como el corredor seco, por las precarieda­des que pasan sus habitantes en los meses de verano, está el pequeño municipio de Alubarén, en el sur de Francisco Morazán.

El calor alcanza los 32 grados centígrado­s de temperatur­a a plena mañana, aun así se puede ver a muchas personas, la mayoría de ellas con rasgos lencas, caminando por las calles empedradas del casco urbano.

Según el Observator­io de la Violencia, este término municipal, al igual que Humuya, no ha registrado decesos violentos de personas en los últimos cuatro años.

Del año 2013 hasta la fecha, Alubarén es parte de esa estadístic­a que difiere mucho de la mayor parte del territorio nacional, tomando en cuenta que en la actualidad se reportan al menos diez homicidios diarios.

Óscar Fiallos, alcalde de Alubarén, manifiesta que “la convivenci­a aquí es sana, es un pueblo muy dedicado al trabajo”.

“Hay una cultura que ha cambiado mucho a la población, muchas personas se congregan en las iglesias católicas y evangélica­s, la gente concurre a escuchar la palabra de Dios y va naciendo ese temor a no dedicarse a asesinar o a otro tipo de delitos”, asegura.

En señal de la exigua incidencia delictiva, aún se pueden ver las casas, desde las más humildes hasta las que denotan mayor poder adquisitiv­o de las familias, con sus puertas abiertas de par en par. La posibilida­d de que un vecino pueda introducir­se a una casa ajena a tomar lo que no es suyo, es mínima, su gente a aprendido desde antaño a respetar lo ajeno aseguran sus colonos.

Sin ser nativa de este lugar, Teddy Pineda, subdirecto­ra del Instituto Técnico Francisco García Cruz, ha aprendido a conocer a su gente y apunta que “aquí la gente es acogedora y muy amable”.

Dentro del instituto los indicios de violencia son nulos, cosas normales como cualquier joven pero nunca una riña que eleve el estrés entre el estudianta­do de este centro educativo, afirma.

Con cierto recelo ante la presencia extraña de reporteros en su recóndito pueblo, don José Sevilla, de oficio agricultor, como la mayor parte de sus habitantes, comenta que “aquí estamos algo tranquilos, es raro que se den muertes”.

Recostada en una hamaca en la sala de su casa y con las puertas abiertas, doña Segunda Villalta reconoce que “al menos no estamos como en otros lados que se oye decir que no se puede vivir con la puerta abierta”.

A la sombra de un árbol de mango, y todas pasando las seis décadas de vida, tres señoras, tratan de evadir los 33 grados de temperatur­a que para ese momento se sienten en Alubarén.

Es casi la 1:00 de la tarde. Doña María Facunda, de 77 años, su hermana Margarita Reyes, de 85 años, y la amiga de ambas, doña Tella Mendoza, de 65 años, relatan cómo pasan los días, sin preocupaci­ón alguna, al menos no de delincuenc­ia.

Estos dos pueblos hacen la diferencia en un país con más de 5,000 muertes violentas cada año

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FOTOS: MARVIN SALGADO (1) Humuya es uno de los municipios más pacíficos del país, no ha tenido un tan solo homicidio en los últimos cuatro años. (2) Un grupo de ancianas comparten en el patio de una casa en el tranquilo y apacible Alubarén, también con cero muertes...
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