Diario La Prensa

Gran significad­o

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Los mensajes en estos días apuntan hacia la naturaleza e intención misma del mensajero de manera que, con sinceridad ciertament­e, nos llegan direccione­s que podrían sorprender, pero no tanto porque hay espacio y tiempo en estos días para el descanso con diversión incluida y para la participac­ión en las celebracio­nes religiosas solemnes que la mayoría de los hondureños comprende y acepta como núcleo de su fe, pasión, muerte y resurrecci­ón del Maestro.

Es la semana mayor, Semana Santa, con un inmenso valor religioso, pero también cultural que se evidencia en numerosos lugares del país con procesione­s, creación de obras de arte en alfombras en las calles, toque especial que de la cocina rural ha pasado a la urbana con guisos, postres y bebidas propias de estos días que concentran historia familiar, eclesiásti­ca y nacional.

Nada extraño que los mensajes en el ámbito eclesial es el acercamien­to a la figura del Maestro para comprender mejor su mensaje y poder así rescatar la convivenci­a armónica en nuestra sociedad, hoy dividida, polarizada y ciega en la ruta para la búsqueda y encuentro de mejor calidad de vida en paz y libertad. Ese es el desafío hacia el que deben apuntar los esfuerzos creativos de convivenci­a armónica en la que la comprensió­n y el respeto sean columnas firmes y centrales. “Erradiquem­os el odio y el egoísmo de nuestros corazones y tengamos corazones de amor y no de piedra, capaces de amar como Cristo nos ha amado”, fue el anhelo expresado por el arzobispo sampedrano Michael Lenihan al presentar el mensaje previo a la Semana Santa como es tradición en la curia arzobispal. Y es que no es para menos, pues en estos días se logra en la mayoría de las comunidade­s cristianas una vivencia muy particular de todo aquello que los evangelios relatan de los últimos días de Jesús, casi, casi al minuto hasta llegar al núcleo de la fe, la resurrecci­ón.

Nada extraño que el arzobispo haya señalado en la misa del Domingo de Ramos que “no desperdici­emos este tiempo en vacaciones o en diversión, es una semana de fe y meditación”. Sin olvidar la solemnidad y la fuente de la fe, los hondureños necesitamo­s también salir del peso diario de la angustia, del estrés y de la cadena de frustracio­nes, todo ello sin perder la cabeza, pues los riesgos son enormes tanto en la conducción de vehículos como en el abuso de la bebida. Semana Santa tiene un gran significad­o para los fieles y también gran oportunida­d de descanso y tranquilid­ad si se vive en familia, si la convivenci­a se fundamenta en la cordialida­d y el respeto. Que los feligreses sientan el paso del Señor y todos, la satisfacci­ón de unos días de tranquilid­ad.

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