A NUES­TROS AMI­GOS

La ci­ma de la mon­ta­ña

Conectate - - CONÉCTATE - ¡Que Dios te con­ce­da un es­tu­pen­do año nue­vo ba­ña­do en Su amor y Su bon­dad!

En la que re­sul­tó ser su úl­ti­ma alo­cu­ción — pro­nun­cia­da en Memp­his, EE. UU., el 3 de abril de 1968, el día an­tes de su ase­si­na­to—, Mar­tin Lut­her King se plan­teó qué le res­pon­de­ría él a Dios si es­te le pre­gun­ta­ra en qué épo­ca le gus­ta­ría vi­vir. El ac­ti­vis­ta de los derechos ci­vi­les hi­zo un re­pa­so de la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad, co­men­zan­do por los is­rae­li­tas cuan­do fue­ron li­be­ra­dos de la es­cla­vi­tud por Moi­sés, pa­san­do por Grecia y Ro­ma, el Re­na­ci­mien­to, la Reforma y la Pro­cla­ma­ción de Eman­ci­pa­ción, has­ta lle­gar a los tiem­pos tan tur­bu­len­tos en que él vi­vió, con su país in­fla­ma­do por el odio, la in­jus­ti­cia y el mie­do. Su res­pues­ta fue:

«Cu­rio­sa­men­te, me vol­ve­ría ha­cia el To­do­po­de­ro­so y le di­ría: “Si me per­mi­tes vi­vir unos po­cos años en la se­gun­da mi­tad del si­glo xx, se­ré fe­liz”.

»Aho­ra bien, esa de­cla­ra­ción es un tan­to ex­tra­ña, por­que el mun­do es­tá he­cho un em­bro­llo. La na­ción es­tá en­fer­ma; la tie­rra, tras­tor­na­da; rei­na la con­fu­sión. […] Pe­ro sé, de al­gu­na ma­ne­ra, que so­lo cuan­do hay mu­cha os­cu­ri­dad se al­can­zan a ver las es­tre­llas. Y veo a Dios obran­do en es­te pe­río­do. […] Se nos vie­nen días di­fí­ci­les. A mí, sin em­bar­go, eso aho­ra no me im­por­ta, por­que he es­ta­do en la ci­ma de la mon­ta­ña. Y no me preo­cu­pa. […] He vis­to la tie­rra pro­me­ti­da. Pue­de que no lle­gue allá con ustedes. Pe­ro quie­ro que se­pan es­ta no­che que no­so­tros, co­mo pue­blo, lle­ga­re­mos a la tie­rra pro­me­ti­da » 1.

Mar­tin Lut­her King es­ta­ba se­gu­ro de que, fue­ran cua­les fue­ran las cir­cuns­tan­cias, las di­fi­cul­ta­des, los re­ve­ses, su do­lor y su an­gus­tia, Dios era due­ño de la si­tua­ción. Su optimismo no se de­bía úni­ca­men­te a su con­vic­ción de que su cau­sa era jus­ta y se im­pon­dría, sino, so­bre to­do, a la cer­te­za de que Dios era jus­to y se im­pon­dría.

Así tam­bién su­ce­de con nues­tra vi­da: pa­se lo que pa­se es­te año, po­de­mos afe­rrar­nos a ese mis­mo con­ven­ci­mien­to. «Ten­gan va­lor y fir­me­za. […] El Se­ñor su Dios es­tá con ustedes y no los de­ja­rá ni los aban­do­na­rá » 2. Ga­briel Gar­cía V. Di­rec­tor 1. Fra­ses to­ma­das de https://ora­to­ria­pa­ra­cris­tia­nos.word­press. com/ 2013/08/ 24

/mar­tin- lut­her- king- ul­ti­mo- dis­cur­so- he- es­ta­do- en- la- ci­ma- de- la- mon­ta­na/ 2. Deu­te­ro­no­mio 31: 6 ( DHH)

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