Capital Coahuila

MIEDO AL RIDÍCULO Preparando el terreno

- Por Carlos Montesinos @calesmont

De igual manera, destaca que para lograr este posicionam­iento y que se vuelva viral el video, necesitan invertirle, meterle dinero.

“No es una cuestión mágica, sobre todo porque estamos hablando de las elecciones con mayor número de candidatos en la historia. Evidenteme­nte los equipos de campaña necesitan meterle dinero en pauta pagada para que se empiece a replicar”.

Como ejemplo del impacto que el ridículo puede tener en las campañas, Ortega menciona a Samuel García, abanderado de Movimiento Ciudadano a la gubernatur­a de Nuevo León.

Previo a recibir la candidatur­a, circularon en redes sociales videos en los que hablaba de modestos “suelditos de 50 mil pesos” o cómo su papá lo llevaba al golf antes de darle su domingo. Sin mencionar el factor de su esposa, la in luencer Mariana Rodríguez”.

“Samuel García no tiene en su haber ningún escándalo. No se le ha escuchado que, cuando fue senador, haya desfalcado o haya tenido temas de corrupción, nada. También es una persona que en el Senado pasó un poco desapercib­ido, entonces ha requerido de estas estrategia­s digitales para posicionar­se”, explica Ortega sobre el candidato naranja.

Luego del desplome en encuestas de Clara Luz Flores, candidata de Morena, por sus vínculos con la organizaci­ón NXIVM y su líder Keith Raniere, Samuel García pasó del tercer lugar de la contienda a disputar el primero con el priista Adrián de la Garza. Incluso inició su campaña mencionand­o sus polémicos videos y adelantó que sus adversario­s le dirían al electorado que “es un meme”.

Punto y aparte es el caso de Ricardo Anaya, quien no es candidato a un cargo público en este proceso electoral, pero aspira a ser abanderado de Acción Nacional en 2024, razón por la que documenta en video su recorrido por el país.

Este archivo ha producido una oleada de memes y burlas como su “me da muchísimo coraje ver tanta pobreza” o sus comentario­s en contra del consumo de caguamas, a los que él mismo se ha sumado en sus redes sociales.

En su fallida candidatur­a de 2018, Anaya salió señalado de triangular recursos y recibir moches. En 2020, Emilio Lozoya lo incluyó en la denuncia por los sobornos para aprobar la reforma energética. Sin embargo, el panista ha recurrido a las redes sociales para burlarse de sí mismo compartien­do memes de él en la ila de las tortillas el 31 de marzo, Día del Taco, o mostrando la publicidad con la que un depósito de cervezas usa su imagen para una promoción especial.

“Él sabe que está generando esas burlas. Yo no sé, con toda honestidad, si eso le dé su iciente empuje a Ricardo Anaya como para poder convertirs­e en el próximo Presidente de la República, honestamen­te no lo creo. No es lo mismo un candidato para una presidenci­a municipal o diputación local que a la Presidenci­a de la República. Estamos hablando ya no de un sector cerrado de la población, con un número relativame­nte pequeño de habitantes”, agrega Ortega.

Las burlas que ha generado Anaya en su recorrido por México, considera Ortega, parten de que está tratando de documentar la pobreza que se vive en una gran parte del territorio nacional como si se tratara de un documental de National Geographic. Esto dado que el propio Anaya se ha reconocido públicamen­te no como miembro de los estratos más bajos de la sociedad, sino como integrante de una clase empresaria­l.

La emergencia sanitaria por COVID 19 y las limitantes para realizar actos masivos provocaron que las redes sociales sean un territorio de suma importanci­a en las campañas para posicionar perles en el ojo de la ciudadanía

A través de bailes, serenatas y memes, los candidatos que buscan ganar un puesto de elección popular el próximo 6 de junio, recurren al ridículo para tratar de posicionar sus nombres entre la población y obtener sus votos, una estrategia que, a pesar de su popularida­d, denota la falta de calidad en los contenidos políticos que se promueven en el país

Con las campañas electorale­s llegaron también los memes, bailes, videos, tiktoks y demás contenidos en los cuales muchas veces los candidatos hacen el ridículo para llamar la atención del electorado.

En las redes sociales, estas acciones son la comidilla diaria y una garantía de reacciones, lo que funciona para el “posicionam­iento de marca” de los aspirantes a un cargo público.

Desde el 4 de abril pasado es cotidiano enterarse de actos de campaña extravagan­tes, sórdidos o simplement­e divertidos realizados por algún candidato.

Tal es el caso de Carlos Mayorga, aspirante a diputado federal por Encuentro Solidario, quien arrancó su campaña en Ciudad Juárez emergiendo desde un ataúd. O Manuel Herrera, de Movimiento Ciudadano, quien pide el voto en Zapopan llevando serenata con su versión de la canción “Piensa en mí”.

Estas peculiares estrategia­s de campaña solo se acrecienta­n con el uso de plataforma­s como Tiktok o Instagram, en donde se puede ver a Cristóbal Arias haciendo equipo con un peluche de la Pantera Rosa en sus aspiracion­es por gobernar Michoacán.

Mario Zamora, bromea que el alcantaril­lado de Sinaloa llevará Tecate light hasta las casas de los ciudadanos y Fernando Larrazábal se contonea al ritmo de “Rasputín” mientras enlista los cargos que ha ocupado.

La cosecha de ridículos parece no tener fin y para mantener al tanto a los twitteros surgió la cuenta “Candidatos Out of Context”, abierta un par de días después del banderazo inicial a las campañas y que en cuestión de una semana ya supera los 19 mil seguidores en Twitter con apenas 295 mensajes publicados. Todos y cada uno mostrando las maneras en las que los candidatos buscan hacerse los simpáticos ante la ciudadanía rumbo al 6 de junio.

A considerac­ión de Enrique Ortega, estratega de imagen pública y CEO de la agencia Lata de Ideas, este no es un fenómeno nuevo.

En entrevista con Reporte Índigo, explica cómo el auge de las redes sociales y las condicione­s en las que llega el país al proceso electoral más grande de la historia han contribuid­o a que candidatos y partidos se decanten por “caer bien” al electorado.

“No es una táctica nueva, es algo que se hace desde hace muchísimo tiempo. Prácticame­nte desde que existe internet, los candidatos lo toman como una herramient­a, entre otras cosas, para el ridículo. Aquí hay que recurrir a la frase clásica: ‘no importa que hablen bien o mal, sino que hablen’”, señala Ortega.

La actual emergencia sanitaria por COVID-19 y las limitantes para realizar actos masivos presencial­es se suman al hecho de que hay más de 20 mil cargos públicos en disputa por no menos de seis candidatos por contienda. Lo que ha causado que las redes sociales sean un territorio de suma importanci­a en las campañas para posicionar perfiles en el ojo de la ciudadanía.

“Las redes sociales se convierten en una cancha donde se necesita tener una exposición importante, sobre todo cuando se trata de un candidato que no está bien posicionad­o en las audiencias. No hablo de bien posicionad­o como extremo contrario de mal posicionad­o, no, me refiero a un candidato que no tiene fama, que nadie conoce su nombre, que es la primera vez que se lanza a un puesto de elección popular”, dice Ortega.

Samuel García se viralizó a raíz de comentario­s como los “suelditos de 50 mil pesos” y pasó del tercer lugar en la contienda por Nuevo León a pelear la gubernatur­a con el candidato del PRI

Prácticame­nte desde que existe internet, los candidatos lo toman como una herramient­a, entre otras cosas, para el ridículo. Aquí hay que recurrir a la frase clásica: ‘no importa que hablen bien o mal, sino que hablen’”

Enrique Ortega

CEO de Lata de Ideas

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