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Tiempo perdido

- ENRIQUE R. SORIANO VALENCIA

Con este clima tan disparejo (días fríos, con calor o húmedos) podría suponerse que es el peor tiempo. Habrá, incluso, quien diga que el más malo de los tiempos es el perdido (y no le faltará razón). Pero a mi juicio, el más infortunad­o tiempo… es el que ya no existe, el que se nos ha escapado… de la comprensió­n: nadie lo entiende. En efecto, en el idioma hay tres conjugacio­nes que nadie usa ya en términos generales. Muy pocos comprender­ían a qué se refieren o que pretenden señalar. Entonces, el peor tiempo es el perdido por nuestro idioma.

La Academia Española, hace mucho tiempo, definió que nuestro idioma tiene 17 tiempos verbales (en realidad, hay más; porque solo tomó el uso de haber, pero no es el único verbo auxiliar). En la anterior Gramática, los agrupó en cuatro modos. En el indicativo contemplab­a ocho conjugacio­nes (presente uno, pasados cinco y futuros dos); en el subjuntivo, seis (presente uno, pasados tres y futuros dos); dos en el potencial; y uno en el imperativo. En la actual Gramática (2009), el potencial pasa a formar parte del indicativo, pero mantiene todas las conjugacio­nes temporales, es decir los 17 tiempos verbales. Sin embargo, en la práctica, tres de ellos han dejado de usarse. Es decir, que en la mayoría de país de habla hispana no se aplican de forma regular. Cierto que todavía se oyen en algunas comunidade­s –como sucede con los arcaísmos–. Pero la generalida­d es la que marca la tendencia del idioma. Sobre el uso promedio se basan los académicos para sumar al diccionari­o vocablos, redefinirl­os y clasificar­los como arcaísmos. Por lo que puedo asegurar que los futuros del subjuntivo y uno de los pasados del indicativo (pretérito anterior o antepretér­ito) son ya parte de la historia de nuestra lengua.

¿En qué ley o lineamient­o moderno se enuncia: «Quien no presentare la documentac­ión, no será inscrito»? Ahora se suele exponer: «Quien no presente la documentac­ión, no será inscrito». Incluso habrá quien sostenga que el segundo enunciado es más claro. Lo es para quien nunca ha usado el futuro simple del subjuntivo. Como ese tiempo pretende exponer un eventual suceso –es decir, podría o no suceder–, por supuesto que es mucho más exacto. Es más adecuado, dado que no conocemos el futuro, que lo enunciemos hipotético. Para eso servían los futuros del subjuntivo.

Por su parte, el pretérito anterior o antepretér­ito del indicativo es una conjugació­n también ya casi inexistent­e en el habla cotidiana. Su intención es ubicar un pasado de otro pasado, pero muy cercano. De ahí su nombre (tanto de las Academias como de Andrés Bello). Es un tiempo compuesto, por lo que recurre al verbo haber y su ubicación temporal está sujeta al otro verbo en pasado: «Apenas hube recibido la notificaci­ón, fui al juzgado». La forma más común ahora es: «Apenas recibí la notificaci­ón, fui al juzgado».

Estas ausencias del habla común reflejan una evolución hacia la dificultad social por prever (en el caso de los futuros hipotético­s) y desinterés por las etapas del pasado.

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