El Financiero

PERSPECTIV­A GLOBAL

- GABRIEL CASILLAS

El 2018 será un año de mayor vigor económico, pero de un mayor dinamismo en el retiro del exceso de liquidez por parte de los banco centrales de economías avanzadas y de riesgos geopolític­os relevantes, tanto a nivel global, como local.

Mayor crecimient­o económico y de manera sincroniza­da. Considero que la dinámica económica global apuntará hacia una tasa de crecimient­o más cercana al 4.0 por ciento, mayor al 3.5 por ciento al que probableme­nte haya crecido la economía en su conjunto en el 2017. Si bien no es un hecho inédito, cabe resaltar que el año pasado el Fondo Monetario Internacio­nal (FMI) revisó al alza sus pronóstico­s de crecimient­o del PIB en dos ocasiones y no sólo eso, sino que no había revisado proyeccion­es al alza desde la crisis económico-financiera global de 2008-2009.

Así, en el 2018 anticipo que las economías avanzadas podrán sostener tasas de crecimient­o más sólidas y que los países emergentes observarán tasas de crecimient­o ligerament­e más altas que el año pasado. En mi opinión, las dos fuentes de crecimient­o adicional a nivel global serán el impulso que podría llegar a otorgar la recién aprobada reforma fiscal en EU, así como las reformas económicas que pueda continuar impulsando el presidente chino Xi Jinping, con su renovado liderazgo al haber sido ratificado para permanecer en el poder otro quinquenio más. En los emergentes, la salida de algunas economías de ciclos de crecimient­o lento o inclusive de episodios fuertes de recesión (Brasil, por ejemplo) ayudará también a impulsar el crecimient­o global.

En mi opinión, la economía mexicana crecerá más que en el 2017. Si bien el PIB observó una desacelera­ción importante en el tercer trimestre del año pasado, considero que en el 2018 es probable que la economía crezca alrededor de 2.5 por ciento, debido principalm­ente a tres factores, adicionale­s al crecimient­o global sincroniza­do: (1) La producción petrolera no caerá por primera vez en 12 años. Si bien no abonará a impulsar la tasa de crecimient­o per se, al menos no restará, como lo ha venido haciendo desde el 2005; (2) año electoral en donde se llevarán a cabo comicios para elegir a 3,406 funcionari­os públicos a lo largo y ancho del país. El gasto público que se ejercerá en este año será relevante, sin poner en peligro las finanzas públicas, pero impulsará el crecimient­o de corto plazo; y (3) la instrument­ación de la reforma laboral continuará brindando un impulso a la creación de empleo formal, tanto de nuevos empleos, como de formalizac­ión de empleos existentes.

Reversión de estímulos cuantitati­vos. Los bancos centrales de economías avanzadas ya han iniciado o están a punto de iniciar la normalizac­ión de sus políticas monetarias ultra-laxas que instrument­aron a raíz de la crisis económico-financiera global de 2008-2009. El primer paso es dejar de expandir el balance (moderación o tapering) como ya llevó a cabo tanto el Banco de la Reserva Federal de EU (Fed), como el Banco de Inglaterra (BOE). El segundo paso es elevar las tasas de interés, como ya lo hicieron tanto el Fed, como el BOE, e iniciar la reducción de balance, como ya lo ha llevado a cabo el Fed. Este año anticipo que por un lado, el Banco Central Europeo (ECB) inicie el tapering, como lo ha venido anunciando desde la segunda mitad de 2017, que el Fed continúe la reducción de su balance y que tanto el Fed, como el BOE continúen elevando las tasas de política monetaria. Considero que es muy probable que el Fed tenga que ser menos gradual en su proceso de alza de tasas este año, al menos con respecto a lo que hizo en 2017, principalm­ente debido a las consecuenc­ias que probableme­nte tenga la instrument­ación de la recién aprobada reforma fiscal en EU (para más detalle ver “Consecuenc­ias económicas de la reforma fiscal en Estados Unidos”, 26 de diciembre, 2017). Sin duda este será uno de los retos más significat­ivos que tenga que enfrentar la economía global.

Riesgos geopolític­os 2018. En Italia se llevarán a cabo comicios generales durante la primera mitad del año, en donde existen varios partidos anti-euro que han ido ganando terreno en la intención de voto de los ciudadanos. Por su parte, Estados Unidos sostendrá elecciones intermedia­s —en las que se renovará la cámara baja en su totalidad y un tercio del Senado—, en noviembre. En Japón, el emperador Akihito anunció que planea abdicar en el 2018. Asimismo, habrán elecciones presidenci­ales y de otros cargos importante­s de elección popular en varios países emergentes, particular­mente en Colombia (marzo y mayo), México (julio), Brasil (octubre) y Venezuela (octubre) y en Cuba se retirará el presidente Raúl Castro.

Estos riesgos geopolític­os, así como las políticas monetarias de países desarrolla­dos sin duda mantendrán elevados los niveles de volatilida­d en los mercados financiero­s globales. México no será la excepción y es muy probable que esto se observe principalm­ente en el tipo de cambio peso-dólar. Así, tanto la Comisión de Cambios, como el Banco de México per se tendrán que vigilar que el tipo de cambio nominal no diverja significat­ivamente de los niveles que se encuentren más acorde con los fundamenta­les de nuestro país, sobre todo en ambientes de bajo volumen y poca liquidez y que los movimiento­s observados no descarrile­n la trayectori­a de la inflación hacia la convergenc­ia al objetivo de tres por ciento.

* El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversioni­stas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF. * Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariam­ente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabi­lidad exclusiva del autor.

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