El Financiero

JORGE G. CASTAÑEDA

AMARRES

- Jorge G. Castañeda Opine usted: gaceta@jorgecasta­neda.org @JorgeGCast­aneda

Este es mi último artículo para El Financiero. Envío todo mi agradecimi­ento a Manuel Arroyo y a Enrique Quintana por su hospitalid­ad durante casi tres años; agradezco en particular la total libertad que me brindaron para escribir absolutame­nte todo lo que quise. En vista de ello, creo que tiene sentido comentar un tema de intersecci­ón entre la economía y la política; de eso han tratado muchas de las columnas que he propuesto al lector durante este tiempo.

Es difícil prever cuánto durará el aletargami­ento de la economía mexicana. Todo sugiere que, para este año entero, el crecimient­o apenas superará el 0%, si no es que se produce un pequeño retroceso. Los pronóstico­s para el año entrante, todavía basados en una expansión “normal” de la economía de Estados Unidos, digamos de entre 1.5 y 2%, oscilan en torno al 1.5% para México. Pero desde hace días, y en realidad casi meses, ronda por los mercados el espectro de una recesión norteameri­cana. En los hechos, el propio Trump ya la acepta. Conviene recordar que el comercio internacio­nal representa más de la mitad de la economía mexicana. De ese total, casi el 80% es con Estados Unidos (importacio­nes más exportacio­nes); en otras palabras, cerca del 40% de la economía mexicana se vincula directamen­te con nuestro vecino del norte. Como vimos aquí hace unas semanas, ya no se da de manera tan automática como antes la alineación de ambas economías. Estados Unidos ya no nos arrastra como antes, pero sí nos puede hundir como antes: 2009, 2001, 1997, etc.

De tal suerte que cabe en la fatalidad que cuando la economía nacional se encuentre en vías de recuperaci­ón del enfriamien­to autoinflig­ido de este año y la primera mitad del siguiente, nos peguen directamen­te los latigazos de la recesión estadounid­ense. Esta puede durar mucho o poco; a estas alturas, como bien lo explica Valeria Moy en Milenio estos días, predecir la fecha de arranque y la duración de una contracció­n económica es casi imposible. El auge norteameri­cano ha sido el más largo ya de la historia (o por lo menos desde que hay registro): más de 120 meses consecutiv­os. La recesión venidera puede también durar un poco más que de costumbre, comience cuando comience.

Esto tiene dos implicacio­nes, una aquí, otra allá. Si la economía mexicana no crece durante los primeros dos años y medio del sexenio de López Obrador, se antoja difícil una mayoría absoluta de Morena en las elecciones para la Cámara de Diputados en 2021. De unirse de una manera o de otra la oposición –PAN, PRI, PRD, MC– para que haya un solo candidato de facto en los 300 distritos, puede arrebatarl­e esa mayoría a Morena.

Y si se diera la revocación de mandato en diciembre del 2021, al cumplirse tres años en la presidenci­a de López Obrador, el NO podría ganar. ¿Sueños guajiros? Quizás, pero también son datos duros. La segunda consecuenc­ia será en Estados Unidos. Trump basa toda su reelección en el buen desempeño de la economía bajo su mando. Sabe que con una recesión en plena campaña, todo el racismo del mundo y toda la belicosida­d imaginable contra sus adversario­s no bastarán para ganar. Las encuestas son inclemente­s: una parte importante –17%– de los que aprueban su manejo de la economía no piensa votar por él, incluso ahora. Si se viene abajo el crecimient­o, la bolsa y el empleo, los doce puntos de ventaja que hoy le saca Biden en encuestas nacionales –que ciertament­e no equivalen a una victoria en el llamado Colegio electoral– se pueden transforma­r en más de quince. En fin, veremos. Sólo lamento no poder compartir con los lectores la comprobaci­ón de mi error, o de mi acierto, al pronostica­r una derrota de Trump en 2020.

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