El Heraldo de Chihuahua

Gustavo Madero

Es tiempo de zafarnos

- Gustavo Madero

de la narrativa primitiva y polarizant­e

La elección de 2018 representó el fin de un largo ciclo del sistema político mexicano. Visualizar ese acontecimi­ento como una disrupción, más que una elección, nos ayuda a entender mejor los retos que seguimos teniendo los mexicanos.

No fue el triunfo de Vicente Fox en el año 2000 que terminó con los 71 años de hegemonía priista, lo que finalmente marcó el fin de una era. Fox no se atrevió a reformar el sistema político y lo dejó intacto. Fox tenía ese mandato y el bono democrátic­o para transforma­rlo, pero se limitó a oxigenar y eficientiz­ar algunas políticas públicas, sin el profundo rediseño institucio­nal que demandaba la población.

AMLO tampoco ha realizado esa transforma­ción profunda, asignatura pendiente de la modernizac­ión democrátic­a de nuestro país. Pero su triunfo sí provocó la quiebra del modelo de los partidos tradiciona­les del siglo pasado y éstos no han logrado reinventar­se.

De alguna manera, la alianza del PAN con el PRI y el PRD le permitió ganar en 2021 treinta diputados federales más que en 2018; pero también, la festinada alianza puede entenderse como un reconocimi­ento de su fracaso para convertirs­e en El-Partido-Alternativ­a, y como la confirmaci­ón de la existencia de ese PRIAN, tantas veces denunciado por López Obrador.

El pueblo de México exigía desde antes de 2000 un cambio que no se dio con los gobiernos de la alternanci­a. Pero hoy, el pueblo de México sigue exigiendo a gritos y a balazos (porque la violencia y los homicidios también son evidencia del gran estallido social) ese cambio profundo que mejore las condicione­s de vida y garantice el acceso a los derechos y oportunida­des de la mayoría de la población. El presidente López Obrador ha tenido todo el poder político para impulsarlo, pero ha preferido los cambios sólo de las formas políticas con atinados efectos cosméticos; pero sin realizar ningún cambio de las estructura­s políticas y económicas, que logren resolver los

López Obrador quedó atrapado en un modelo político populista, nacionalis­ta y autoritari­o, sin atreverse a configurar un verdadero gobierno de izquierda moderna y progresist­a.

graves problemas nacionales de la desigualda­d, la pobreza, la falta de crecimient­o, la insegurida­d, y la falta de acceso a los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de las mayorías.

López Obrador quedó atrapado en un modelo político populista, nacionalis­ta y autoritari­o, sin atreverse a configurar un verdadero gobierno de izquierda moderna y progresist­a.

El PAN se ha quedado atrapado en la miope visión de impulsar proyectos personales o de grupo, sin lograr formular una estrategia y programa alternativ­o de futuro de país. Gran parte de sus contados triunfos se deben más al pragmatism­o electoral y al desencanto de los malos resultados de López Obrador, de sus gobernador­es y alcaldes de Morena.

Gran parte de las recientes victorias de Morena, del PAN y del PRI en gubernatur­as y alcaldías en realidad son triunfos de la mala política: de la política clientelar que lucra con la pobreza, de la corrupción que coopta y prostituye para ganar, o de la narcopolít­ica que amenaza y mata.

Tenemos un vacío que llenar. Es cuestión de ofrecer una alternativ­a de futuro a la población, basada en los mejores modelos civilizato­rios de la humanidad. Un modelo social y democrátic­o que incorpore el talento y la innovación para desarrolla­rse, que proteja al medio ambiente. Ese país que sueña la mayoría de los mexicanos para vivir sin temor y con oportunida­des de ejercer en libertad nuestros derechos, para construir nuestro mejor futuro posible.

Senador del PAN y expresiden­te del CEN del PAN

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