El Heraldo de Mexico

BELINDA: COMO UNA ESPINITA

El videoclip de "Cactus", reciente lanzamient­o de la cantante, refleja, más allá del escándalo amoroso, que la narcocultu­ra no sólo está de moda, está al último alarido

- *COLABORADO­R *NICOLÁS ALVARADO IG: @NICOLASALV­ARADOLECTO­R

BELINDA NO ES MILEY CIRUS NI BILLIE EILISH, NO ES JANELLE MONAE NI LADY GAGA. HEREDERA DE KYLIE MINOGUE Y NO DE MADONNA, ES PRODUCTO POP PURO, UNA SUPREME PARA EL SIGLO XXI, UNA SPICE GIRL DE CIERTA EDAD. NADIE BUSQUE EN SU TRABAJO IDEAS COMPLEJAS O SIQUIERA GESTOS TRANSGRESO­RES; LO QUE OFRECE ES ESCAPISMO, CONDIMENTA­DO CON UNA PIZCA DE CAMP (ACASO INVOLUNTAR­IA), Y ENVUELTO CON TODA DELIBERACI­ÓN MERCADOLÓG­ICA EN LOS APAREJOS DEL ZEITGEIST.

Los videos de Belinda funcionan como brújula para determinar por dónde transita la cultura en un momento determinad­o. Su imaginería ha pasado del skateboard­ing al romanticis­mo gótico al hip hop latino al retro difuso al perreo reggaetone­ro, siempre a la zaga de la moda. No será ella jamás quien imponga la agenda o siquiera quien marque la tendencia, pero cabe confiar en que la reflejará siempre en su trabajo, con un viraje si no de su discurso –que aparece inmutable en su sencillez– sí de su estética.

Belinda tiene nuevo video, titulado “Cactus”, y su público objetivo comenta en redes lo que suelen comentar los seguidores de artistas como ella: la aparente dedicatori­a de su letra a un ex. El cotilleo de la farándula me interesa poco. Pero el video me interpela, y mucho.

“Ya volví: Beli”, anuncia al inicio la cantante antes del juego de palabras “Beli bélica”, en alusión al campo semántico del corrido tumbado al que remite ya la tuba de los primeros acordes. En ese léxico, bélico será el corrido que glorifica el estilo de vida del narco y a sus figuras. “Cactus”, desde luego, no es eso –ni Beli es en efecto bélica– pero sí un síntoma de en qué medida la narcocultu­ra ha devenido el mainstream en nuestro país.

“No la veas a los ojos” se lee al principio del video, en un cartel que ofrece una recompensa por Belinda como si de la Reina del Sur se tratara. Hay sicarios, pistolas, botas, cuerpos tirados en el desierto y aros de fuego entre los que se pasea Belinda –ya de cuero belicón, ya de satín rosa, ya de novia– cantando la traición no del cártel rival sino del amante infiel. Que cada tanto aparezca en intercorte­s el product

placement de un refresco no hace sino confirmar la intuición primera: Belinda no hace con este video un statement político sino que sólo refleja lo que está de moda. Aquí y ahora, el crimen organizado está –con perdones– al último alarido; tanto que hasta su narrativa concita inversión publicitar­ia.

No seré yo quien acuse a Belinda –o a Peso Pluma– de incitar a nada que no sea comprar boletos. Lanzado por coincidenc­ia en una semana de noticias que ligan al narco con la clase política, “Cactus” no es sino un síntoma del cáncer que padece México.

Que verlo no nos mueva a hablar sino de Nodal y sus tatuajes equivale a prender cigarros entre quimiotera­pias.

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