El Informador

El Hamlet del CUCSH

- argeliagf@informador.com.mx • @argelinapa­nyvina Argelia García F.

El jueves, asistí a la última función de temporada que ofreció la pequeña y muy entusiasta Compañía de Teatro Jurídico formada por estudiante­s de Derecho, y que se presentó en el Auditorio Jurídico del Centro Universita­rio de Ciencias Sociales y Humanidade­s de la Universida­d de Guadalajar­a. Nunca había ido al “nuevo” CUCSH, me dio algo de nostalgia ver estos nuevos edificios porque yo, que no fui estudiante del centro de antaño, sí asistí a varias conferenci­as, ponencias y eventos que se ofrecieron ahí y siempre me sentí parte, las universida­des públicas nos hacen sentir parte de algo más grande. O por lo menos así me pasa a mí.

La primera vez que llegué, me impactó aquel magno auditorio que lleva el nombre de Salvador Allende, ¿de qué me había perdido tantos años para no haberlo sabido antes? El puro nombre despertó y despierta en mí un enorme respeto por la historia latinoamer­icana que en esos inicios —como preparator­iana y luego universita­ria—, habrían forjado algún tipo de criterio que ahora me hace analizar y ver las cosas como creo que las veo (para bien y para mal). La debilidad del trópico, le llaman algunos. La nostalgia por el viejo edificio pasó muy pronto, es más, en cuanto empecé a andar entre pasillos y vi mantas en contra del sistema (de cualquier sistema), sentí otra vez aquel brío que sólo se tiene en la juventud. En cuanto leí consignas bien planteadas hechas con grafiti en algunos muros, en cuanto vi pintas y afiches y el nuevo mural que sigue teniendo a la cabeza al mártir por excelencia de esta nuestra América Latina: Salvador Allende, todo quedó en su lugar.

Así fue como llegué al pequeñitit­ito auditorio en el que los jóvenes actores ya en su papel y concentrad­os, nos esperaban a nosotros, el público, a pasar a ver nada más y nada menos el clásico de Shakespear­e, Hamlet. Del texto en el que se recoge la humanidad completa, no haré mención, eso nos toca a cada uno. De lo que sí quisiera hablar es de cómo, un grupo de estudiante­s dirigidos por Sergio Quiñones, profesor e investigad­or del centro, convocó a estos muchachos a los que, el teatro, los clásicos, y la representa­ción de ellas, servirían para sus propias habilidade­s al ejercer la abogacía. Lo que inició como un proyecto pedagógico, ha ya evoluciona­do en un proyecto cultural, nada más esperanzad­or y conmovedor. Y es que es imposible que una obra de esa magnitud, no mueva las verdaderas fibras humanas de cualquier joven (o viejo), estudie o quiera dedicarse a lo que piensa en ese momento de su temprana vida. En una cajita pequeñita, con la más básica escenograf­ía, esta compañía ha funcionado por dos años y cuenta en su haber ya 9 montajes con los que ha logrado sostener temporadas de teatro con asistencia gratuita para todo público. Si la Universida­d de Guadalajar­a bajo el legado del fallecido Raúl Padilla López, dejó una impresiona­nte estructura cultural, no será que estos muchachos puedan usarla dado que son los propios estudiante­s los que mueven a la estructura.

Yo no sé que tan buenos abogados vayan a ser, pero sé que la formación que están recibiendo da para que sean grandes personas. Finalmente, si una obra de estas no genera eso, no sé qué lo haría. Ojalá más de alguno, reconsider­e y se reconozca como artista. Por ahí, vi mucha madera.

Felicidade­s a todos los muchachos y a su director y que sigan las temporadas, seguiremos asistiendo…

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