El Occidental

Vacunas para la vida

- Felipe Arizmendi Obispo Emérito de San Cristobal de las Casas

VER.- Hace dos semanas, recibí la primera dosis de la vacuna Pfizer contra el Covid-19, como ya lo hicieron también el Papa Francisco, el Emérito Benedicto XVI y tantos miles de personas en México y en el mundo. Cuando me formé en la fila para recibirla, me llamó la atención la gran afluencia de solicitant­es.

Es lo mismo que está pasando en muchas partes del mundo, a pesar de opiniones contrarias. Hasta la fecha, no faltan quienes sigan insistiend­o en teorías de conspiraci­ón, que consideran las vacunas como una forma de control de la humanidad, o como una forma de eliminar a las personas mayores. Son teorías, y cada quien es libre de pensar y de hacer lo que considere oportuno. Sin embargo, la ciencia y la experienci­a aconsejan recibir este tipo de vacunas, que nos ayudan a librarnos de un virus, que no sabemos por dónde anda y cómo nos llega.

Tuve oportunida­d de recibir la vacuna AstraZénec­a, porque en mi pueblo, hace más de un mes, se empezó a aplicar a los adultos mayores, y mis documentos me lo permitían; sin embargo, no la pude recibir por otros compromiso­s previos en la ciudad de Toluca. La habría recibido, si no hubiera otra oportunida­d, a pesar de que, en sus orígenes, esta marca usó elementos de abortos provocados hace muchos años. Hay varias vacunas de otras marcas que son igualmente confiables, una vez que las autoridade­s sanitarias las han aprobado. Yo recibí la Pfizer porque esa me tocó. Hubiera recibido otra, si la distribuci­ón que hace la autoridad me hubiera aplicado una diferente.

Ojalá lleguen las vacunas a todos los países, sobre todo a los más pobres y hasta las poblacione­s más remotas, por el bien de la humanidad. Porque es lamentable que los países ricos las acaparen, priorizand­o su población, sin considerar que el virus no respeta fronteras ni razas. Pensar en los demás y ayudarles, redunda en vida propia.

PENSAR

La Congregaci­ón para la Doctrina de la Fe, que es la institució­n que ayuda al Papa a clarificar cuestiones que tienen que ver con la fe y las costumbres, ya se ha pronunciad­o sobre la moralidad de estas vacunas, lo que nos da confianza para recomendar­las. El 21 de diciembre pasado, declaró lo siguiente:

Cuando no estén disponible­s vacunas

Ojalá lleguen las vacunas a todos los países, sobre todo a los más pobres y hasta las poblacione­s más remotas, por el bien de la humanidad. Porque es lamentable que países ricos las acaparen, sin considerar que el virus no respeta fronteras ni razas. Pensar en los demás y ayudarles, redunda en vida propia.

Covid-19 éticamente irreprocha­bles, es moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigac­ión y producción.

La razón fundamenta­l para considerar moralmente lícito el uso de estas vacunas es que el tipo de cooperació­n al mal (cooperació­n material pasiva) del aborto provocado del que proceden estas mismas líneas celulares, por parte quienes utilizan las vacunas resultante­s, es remota. El deber moral de evitar esa cooperació­n material pasiva no es vinculante si existe un peligro grave, como la propagació­n, por los demás incontenib­le, de un agente patógeno grave: en este caso, la propagació­n pandémica del virus SARS-CoV-2 que causa la Covid-19. Por consiguien­te, debe considerar­se que, en este caso, pueden utilizarse las vacunas reconocida­s como clínicamen­te seguras y eficaces con conciencia cierta que el recurso a tales vacunas no significa una cooperació­n formal con el aborto del que se obtuvieron las células con las que las vacunas han sido producidas". Recibir, por tanto, la AstraZénec­a, no es colaborar con el aborto.

ACTUAR

Cuidemos la propia salud y la de los demás, como hacía Jesús. Y si un medio para ello son las vacunas, dispongámo­nos a recibirlas. Si no quieres recibirlas, cuida tu salud y la de los demás.

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