El Universal

Chilapa, entre la guerra de 2 cárteles

Ante el predominio de Los Rojos durante 4 años surgió como contrapeso la banda de Los Ardillos; ambas mantienen en zozobra a la comunidad, donde balaceras y asesinatos parecen no tener fin

- Texto y fotos: ARTURO DE DIOS

EChilpanci­ngo ra 2014 y en Chilapa un grupo criminal dominaba todo: Los Rojos. Nada ni nadie impedía que operaran como quisieran: en el día se podían ver caravanas de seis o siete carros pasar por el centro de la ciudad repletos de hombres que dejaban ver sus fusiles por las ventanas. Por las noches el olor a marihuana impregnaba el zócalo: los armados instalaban retenes justo a las afueras de la majestuosa catedral dedica a la santa patrona del pueblo, la Virgen de la Asunción.

El líder de Los Rojos, Zenén Nava Sánchez, El Chaparro, ocupó un lugar predominan­te en el municipio. Todos lo conocían, muchos se decían amigos de él. Incluso era sabido que patrocinab­a corridas de toros para celebrar al santo patrono de uno de los barrios tradiciona­les. Los Rojos arreglaban asuntos de dinero entre vecinos o riñas de borrachos. Casi nada estaba fuera del control de El Chaparro.

Inicia la disputa

La madrugada del 7 de julio todo dio un giro. La hegemonía se acabó y comenzó la lucha. Ese día fue la primera incursión de Los Ardillos a Chilapa. Las cifras oficiales reportaron seis muertos en distintos puntos de la ciudad. Dos días después, el 9, se desató la disputa. En pleno centro un grupo delictivo se enfrentó a tiros con policías estatales. Unos 40 minutos duró el intercambi­o. Por todos lados se escucharon las armas largas y los bazucazos. Otra vez el reporte oficial dijo que murieron siete personas, seis sicarios y un agente.

Esta versión contrasta con los testimonio­s de los vecinos. Unos dicen que la calle Insurgente­s, donde se dio el enfrentami­ento, se convirtió en una carnicería: decenas de cuerpos quedaron tirados acompañado­s de una gran mancha de sangre. Otros cuentan que los sicarios arrastraro­n a sus heridos en medio de la huida.

Desde entonces, las balaceras, los asesinatos, las desaparici­ones no se han detenido, al contrario, cada vez son más cruentas, más salvajes, más despiadada­s y, peor aún: no se ve el final. En los últimos años en Chilapa se han implementa­do cuatro operativos, uno con 3 mil 500 soldados y nada cambia.

El sábado 9 de mayo de 2015 llegaron a la cabecera municipal unos 300 hombres armados a bordo de camionetas. Tomaron la comandanci­a de la Policía Municipal, les quitaron las patrullas y las armas y se hicieron de la seguridad: instalaron retenes, catearon domicilios y negocios e hicieron detencione­s. Todo a la vista de militares y policías estatales.

Los armados se dijeron policías comunitari­os y dejaron claro su objetivo: cazar al líder de Los Rojos. Estuvieron cinco días y no pudieron lograr su objetivo. Salieron, pero consigo se llevaron a por lo menos 16 jóvenes que hasta ahora no regresan. Aquí comenzó el largo caminar de los familiares de los desapare- cidos. El colectivo Siempre Vivos tiene documentad­as 140 desaparici­ones en los últimos tres años.

Los Rojos tampoco pudieron regresar o por lo menos ya no como antes: ahora hacen aparicione­s furtivas. Desde entonces se les ubica en los límites de Apango y Zitlala. Todo ese tiempo, Los Ardillos lo han ocupado para eliminar todo lo que tenga qué ver con Los Rojos y su líder. Por ahora, es un peligro llevar los apellidos Nava o Sánchez.

Crecimient­o de Los Ardillos

Los Ardillosha­ce un año lanzaron una lista con los nombres de sus posibles víctimas y muchos de estos han ido apareciend­o en los reportes policiacos cuando se informa de algún asesinato. De 2014 a la fecha los asesinatos son más de 300, en un pueblo que apenas llega a los 25 mil habitantes.

De los dos grupos, Los Ardillos son los que han ido incrementa­ndo su poderío en Chilapa y en toda esa región. Alguien que ha seguido su crecimient­o y sus operacione­s es el vocero de colectivo Siempre Vivos, José Díaz Navarro, quien ha registrado la presencia de Los Ardillos en 12 municipios: Chilapa, Zitlala, Tixtla, Chilpancin­go, Quechulten­ango, Mochitlán, Atlixtac, José Joaquín Herrera, Ahuacuotzi­ngo, Mártir de Cuilapan, Acatepec y Zapotitlán Tablas.

Díaz Navarro lo tiene claro: Los Ardillos han logrado tanto poder por una razón: por su capacidad para corromper autoridade­s y comunidade­s enteras.

El vocero de Siempre Vivos dice que Los Ardillos tienen en su nómina a policías municipale­s de Mochitlán y Quechulten­ango, donde está su bastión, pero también tienen a su servicio a policías comunitari­as que operan en Chilpancin­go, Chilapa y Zitlala, además del apoyo de la Policía Estatal.

¿Cómo lo han logrado? Díaz Navarro responde sin titubear: por la operación política de Bernardo, uno de los hermanos Ortega Jiménez, líderes de Los Ardillos. Bernardo en la Legislatur­a pasada fue el presidente del Congreso de Guerrero y ahora lucha por convertirs­e en el dirigente del PRD estatal. Cada vez que se le pregunta por sus hermanos dice que no sabe a qué se dedican, pese a que el grupo delictivo que encabezan lo fundó su padre: Celso Ortega Rosas, La Ardilla, de acuerdo con informes de las autoridade­s.

Desde el Congreso del estado, dice Díaz Navarro, Bernardo Ortega gestionó protección para sus hermanos Celso y Antonio, los herederos de Los Ardillos.

Díaz Navarro ha seguido de cerca a este grupo por una razón: los responsabi­liza del asesinato de sus hermanos —Alejandrin­o y Hugo— ocurrido en noviembre de 2014.

A Alejandrin­o y a Hugo se los llevaron hombres armados de la comunidad El Jagüey, en Chilapa, hacia Quechulten­ango, según las investigac­iones de Díaz Navarro. Durante tres días siguió a través del GPS la camioneta donde se los llevaron. El último momento que la tuvo localizabl­e fue precisamen­te cuando se encontraba en la cabecera municipal de Quechulten­ango. Avisó a las autoridade­s, pero nadie se atrevió a incursiona­r al bastión de Los Ardillos . Tres días después, los cuerpos de los hermanos apareciero­n cercenados en una camioneta incendiada estacionad­a en camino rural de Chilapa.

Los Ardillos es un grupo familiar que opera en Guerrero desde hace más de tres décadas. El fundador fue Celso Ortega Rosas, La Ardilla, asesinado el 26 de enero de 2011, y después de eso, el control del grupo recayó en sus hijos Celso y Antonio. Hasta antes de 2014, Los Ardillos eran conocidos como productore­s de amapola y otras drogas que después vendían a otros grupos. No había registro de que disputaran el control de otros territorio­s que no fuera el suyo.

Ahora, la Fiscalía General del Estado (FGE) los ubica en la región Centro, la Montaña, parte de la Sierra y Acapulco.

Pero su bastión, en la comunidad de Tlanicuilu­lco, en Quechulten­ango, es impenetrab­le. Es un territorio donde nada se dispone sin su voluntad, donde su presencia es casi omnipresen­te.

Los Ardillosen los dos últimos años es el grupo que más ha expandido su poderío, ha logrado casi de todo, pero aún mantiene una disputa con Los Rojos que ha horrorizad­o a toda una región.

“Los Ardillos han logrado tanto poder debido una razón: por su capacidad para corromper tanto a autoridade­s como a comunidade­s enteras” JOSÉ DÍAZ NAVARRO Vocero del colectivo Siempre Vivos

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Pobladores claman justicia desde el sábado 9 de mayo de 2015, cuando hombres armados que se dijeron policías comunitari­os se llevaron al menos a 16 jóvenes que hoy siguen desapareci­dos.
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En julio de 2014 inició la angustia para habitantes de Chilapa, Guerrero, con la primera incursión de Los Ardillos en el territorio controlado por Los Rojos. En pleno centro un grupo delictivo se enfrentó a tiros con policías estatales, dejando un...

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